[Notas]
Decimos “por lo general” porque puede que algunos milagros de la Biblia impliquen fenómenos naturales, como terremotos o desprendimientos de tierras. Con todo, todavía se les considera milagros por haber sucedido precisamente cuando se necesitaban y, por lo tanto, evidentemente por disposición divina. (Josué 3:15, 16; 6:20.)
El día judío empezaba alrededor de las seis de la tarde y continuaba hasta las seis de la siguiente tarde.
[Comentario de la página 81]
Los enemigos del cristianismo dijeron que los discípulos habían robado el cuerpo de Jesús. Si así hubiera sido, ¿por qué habrían estado dispuestos a morir por una fe basada en la resurrección de Jesús los cristianos?
[Recuadro de la página 85]
¿Por qué no hay milagros hoy?
A veces se pregunta: ‘¿Por qué no hay milagros hoy como los de la Biblia?’. La respuesta es que había cierto propósito para los milagros de aquel tiempo, pero hoy Dios espera que vivamos por fe. (Habacuc 2:2-4; Hebreos 10:37-39.)
En los días de Moisés hubo milagros que acreditaron a Moisés. Demostraron que Jehová lo utilizaba, y también que el pacto de la Ley era en verdad de origen divino, y que desde entonces los israelitas eran el pueblo escogido de Dios. (Éxodo 4:1-9, 30, 31; Deuteronomio 4:33, 34.)
En el primer siglo los milagros ayudaron a acreditar a Jesús y, después de él, a la congregación cristiana en sus comienzos. Ayudaron a demostrar que Jesús era el Mesías prometido, que después de su muerte la congregación cristiana había reemplazado al Israel carnal como el pueblo especial de Dios, y que por lo tanto la Ley de Moisés ya no tenía vigencia. (Hechos 19:11-20; Hebreos 2:3, 4.)
Al pasar los días de los apóstoles pasó el tiempo de los milagros. El apóstol Pablo explicó: “Sea que haya dones de profetizar, serán eliminados; sea que haya lenguas, cesarán; sea que haya conocimiento, será eliminado. Porque tenemos conocimiento parcial y profetizamos parcialmente; pero cuando llegue lo que es completo, lo que es parcial será eliminado”. (1 Corintios 13:8-10.)
Hoy tenemos la Biblia completa, con todas las revelaciones y el consejo de Dios. Tenemos el cumplimiento de la profecía y un entendimiento adelantado de los propósitos divinos. Por eso, no hay necesidad de milagros. No obstante, el mismo espíritu de Dios que hizo posibles los milagros todavía existe, y produce resultados que dan prueba igualmente convincente del funcionamiento del poder divino. Consideraremos más sobre esto en un capítulo futuro.
[Fotografía de la página 75]
Muchos ven en lo confiable de las leyes naturales —como el que el Sol salga cada mañana— prueba de que no puede haber milagros
[Fotografía de la página 77]
La creación de la Tierra como hogar de diversas formas de vida fue un ‘prodigio’ que sucedió una sola vez
[Fotografías de la página 78]
¿Cómo explicaría usted las maravillas de la ciencia moderna a alguien de dos siglos atrás?
¿Palabra de Dios o Hombres?
jueves, 2 de junio de 2011
La conclusión de Lucas, el médico
22 Un hombre muy educado del primer siglo que dio consideración cuidadosa a las pruebas fue Lucas, un médico. (Colosenses 4:14.) Lucas escribió dos libros que ahora son parte de la Biblia: uno fue un Evangelio, o historia del ministerio de Jesús, y el otro, llamado los Hechos de Apóstoles, fue una historia de la propagación del cristianismo en los años posteriores a la muerte de Jesús.
23 En la introducción a su Evangelio Lucas alude a muchas pruebas que le estuvieron asequibles, pero que ya no lo están a nosotros. Habla de los documentos escritos que consultó acerca de la vida de Jesús. También indica que habló con testigos oculares de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Entonces dice: “He investigado todas las cosas desde el comienzo con exactitud”. (Lucas 1:1-3.) Es patente que la investigación de Lucas fue minuciosa. ¿Era buen historiador?
24 Muchos han atestiguado que lo era. Allá en 1913, en un discurso, sir William Ramsay comentó sobre la historicidad de las obras de Lucas. ¿A qué conclusión había llegado? “Lucas es un historiador de primera categoría; no solo porque se puede confiar en los hechos que expone, sino también porque tiene verdadero sentido histórico8.” Investigadores más recientes han llegado a la misma conclusión. The Living Word Commentary (Comentario sobre la Palabra viva), al introducir sus tomos sobre Lucas, dice: “Lucas fue tanto historiador (e historiador fiel) como teólogo”.
25 El Dr. David Gooding, ex profesor de griego del Antiguo Testamento en Irlanda del Norte, declara que Lucas fue “un historiador antiguo a la manera de los historiadores del Antiguo Testamento y a la manera de Tucídides [uno de los historiadores más estimados del mundo antiguo]. Como ellos, él habrá hecho grandes esfuerzos por investigar sus fuentes y escoger y ordenar su material. [...] Tucídides combinó este método con una pasión por la exactitud histórica: no hay razón para creer que Lucas hizo menos que eso”9.
26 ¿A qué conclusión llegó ese hombre tan capacitado, Lucas, tocante a por qué se encontró vacía la tumba de Jesús el 16 de Nisán? Tanto en su Evangelio como en el libro de Hechos, Lucas informa como realidad que Jesús fue levantado de entre los muertos. (Lucas 24:1-52; Hechos 1:3.) No tenía ninguna duda de ello. Puede que sus propias experiencias fortalecieran su fe en el milagro de la resurrección. Aunque parece que no fue testigo ocular de la resurrección, sí informa que fue testigo de milagros que hizo el apóstol Pablo. (Hechos 20:7-12; 28:8, 9.)
Vieron a Jesús resucitado
27 Tradicionalmente, dos de los Evangelios se atribuyen a hombres que conocieron a Jesús, lo vieron morir y afirmaron que hasta lo habían visto después de su resurrección. Estos son el apóstol Mateo, ex recaudador de impuestos, y Juan, el apóstol amado de Jesús. Otro escritor bíblico, el apóstol Pablo, también afirmó haber visto a Cristo resucitado. Además, Pablo enumera por nombre a otras personas que vieron a Jesús vivo después de su muerte, y dice que en cierta ocasión Jesús se apareció a “más de quinientos hermanos”. (1 Corintios 15:3-8.)
28 Pablo menciona entre los que fueron testigos oculares a Santiago, medio hermano carnal de Jesús, quien tiene que haber conocido a Jesús desde la infancia. También fue testigo ocular el apóstol Pedro; el historiador Lucas informa que Pedro dio un testimonio denodado sobre la resurrección de Jesús tan solo pocas semanas después de Su muerte. (Hechos 2:23, 24.) La tradición atribuye dos cartas de la Biblia a Pedro, y en la primera de estas él muestra que su fe en la resurrección de Jesús era todavía en él un impulso poderoso muchos años después de aquel acontecimiento. Escribió: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque, según su gran misericordia, nos dio un nuevo nacimiento a una esperanza viva mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”. (1 Pedro 1:3.)
29 Por consiguiente, tal como Lucas pudo hablar con personas que afirmaban haber visto a Jesús y hablado con él después de su muerte, nosotros podemos leer las palabras que algunas de ellas escribieron. Y podemos juzgar para nosotros mismos si a aquellas personas se las había engañado, si estaban tratando de engañarnos, o si en realidad habían visto al Cristo resucitado. Francamente, nadie pudiera haberlas engañado. Varias de ellas habían tenido amistad íntima con Jesús hasta Su muerte. Algunas habían sido testigos de su agonía mientras colgaba del madero de tormento. Vieron la sangre y el agua que fluyó de la herida de lanza que le infligió un soldado. El soldado supo, y ellos supieron, que indisputablemente Jesús había muerto. Después esas personas dicen que lo vieron vivo y hasta hablaron con él. No; nadie pudo haberlas engañado. Entonces, ¿estaban tratando de engañarnos al decir que Jesús había sido resucitado? (Juan 19:32-35; 21:4, 15-24.)
30 Para contestar eso, simplemente tenemos que preguntarnos: ¿Creían aquellas personas lo que decían? Sí; sin duda alguna. Para los cristianos, entre ellos los que afirmaban haber sido testigos oculares, la resurrección de Jesús era el fundamento mismo de lo que creían. El apóstol Pablo dijo: “Si Cristo no ha sido levantado, nuestra predicación ciertamente es en vano, y nuestra fe es en vano [...] Si Cristo no ha sido levantado, la fe de ustedes es inútil”. (1 Corintios 15:14, 17.) ¿Parecen esas las palabras de un hombre que miente cuando dice que ha visto a Cristo resucitado?
31 Considere lo que significaba ser cristiano en aquellos días. No se ganaba prestigio, poder ni riquezas. Todo lo contrario. Muchos cristianos primitivos “aceptaron gozosamente el saqueo de sus bienes” por retener su fe. (Hebreos 10:34.) El cristianismo exigía una vida de sacrificio y aguantar persecución, que en muchos casos terminaba en martirio mediante una muerte vergonzosa y dolorosa.
32 Algunos cristianos provenían de familias prósperas, como el apóstol Juan, cuyo padre evidentemente tenía un próspero negocio de pesca en Galilea. Muchos tenían buenas perspectivas, como Pablo, quien, cuando aceptó el cristianismo, había estudiado bajo el famoso rabino Gamaliel y empezaba a distinguirse a los ojos de los gobernantes judíos. (Hechos 9:1, 2; 22:3; Gálatas 1:14.) No obstante, todos volvieron la espalda a lo que este mundo les ofrecía a fin de esparcir un mensaje basado en que Jesús había sido resucitado de entre los muertos. (Colosenses 1:23, 28.) ¿Por qué hacer tales sacrificios para sufrir por una causa que supieran que estuviera basada en una mentira? La respuesta es que no habrían hecho eso. Estuvieron dispuestos a sufrir y morir por una causa que sabían que se fundaba en la verdad.
Sí hay milagros
33 Sí, la prueba procedente de los testimonios es absolutamente convincente. Jesús en realidad fue levantado de entre los muertos el 16 de Nisán de 33 E.C. Y puesto que esa resurrección sucedió, todos los demás milagros de la Biblia son posibles... milagros para los cuales también tenemos testimonio sólido, de testigos oculares. La misma Potencia que levantó a Jesús de entre los muertos también hizo posible que él resucitara al hijo de la viuda de Naín. También dio poder a Jesús para ejecutar milagros menores que ese, pero todavía maravillosos, de curación. Esa Potencia estuvo tras la alimentación milagrosa de la multitud, y también hizo posible que Jesús anduviera sobre el agua. (Lucas 7:11-15; Mateo 11:4-6; 14:14-21, 23-31.)
34 Como se ve, la mención de milagros no es razón para que dudemos de la veracidad de la Biblia. Más bien, los milagros que sucedieron en los tiempos bíblicos son prueba convincente de que la Biblia es realmente la Palabra de Dios. Pero algunos levantan contra la Biblia otra acusación. Muchos dicen que se contradice, y que por eso no puede ser la Palabra de Dios. ¿Dicen la verdad?
22 Un hombre muy educado del primer siglo que dio consideración cuidadosa a las pruebas fue Lucas, un médico. (Colosenses 4:14.) Lucas escribió dos libros que ahora son parte de la Biblia: uno fue un Evangelio, o historia del ministerio de Jesús, y el otro, llamado los Hechos de Apóstoles, fue una historia de la propagación del cristianismo en los años posteriores a la muerte de Jesús.
23 En la introducción a su Evangelio Lucas alude a muchas pruebas que le estuvieron asequibles, pero que ya no lo están a nosotros. Habla de los documentos escritos que consultó acerca de la vida de Jesús. También indica que habló con testigos oculares de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Entonces dice: “He investigado todas las cosas desde el comienzo con exactitud”. (Lucas 1:1-3.) Es patente que la investigación de Lucas fue minuciosa. ¿Era buen historiador?
24 Muchos han atestiguado que lo era. Allá en 1913, en un discurso, sir William Ramsay comentó sobre la historicidad de las obras de Lucas. ¿A qué conclusión había llegado? “Lucas es un historiador de primera categoría; no solo porque se puede confiar en los hechos que expone, sino también porque tiene verdadero sentido histórico8.” Investigadores más recientes han llegado a la misma conclusión. The Living Word Commentary (Comentario sobre la Palabra viva), al introducir sus tomos sobre Lucas, dice: “Lucas fue tanto historiador (e historiador fiel) como teólogo”.
25 El Dr. David Gooding, ex profesor de griego del Antiguo Testamento en Irlanda del Norte, declara que Lucas fue “un historiador antiguo a la manera de los historiadores del Antiguo Testamento y a la manera de Tucídides [uno de los historiadores más estimados del mundo antiguo]. Como ellos, él habrá hecho grandes esfuerzos por investigar sus fuentes y escoger y ordenar su material. [...] Tucídides combinó este método con una pasión por la exactitud histórica: no hay razón para creer que Lucas hizo menos que eso”9.
26 ¿A qué conclusión llegó ese hombre tan capacitado, Lucas, tocante a por qué se encontró vacía la tumba de Jesús el 16 de Nisán? Tanto en su Evangelio como en el libro de Hechos, Lucas informa como realidad que Jesús fue levantado de entre los muertos. (Lucas 24:1-52; Hechos 1:3.) No tenía ninguna duda de ello. Puede que sus propias experiencias fortalecieran su fe en el milagro de la resurrección. Aunque parece que no fue testigo ocular de la resurrección, sí informa que fue testigo de milagros que hizo el apóstol Pablo. (Hechos 20:7-12; 28:8, 9.)
Vieron a Jesús resucitado
27 Tradicionalmente, dos de los Evangelios se atribuyen a hombres que conocieron a Jesús, lo vieron morir y afirmaron que hasta lo habían visto después de su resurrección. Estos son el apóstol Mateo, ex recaudador de impuestos, y Juan, el apóstol amado de Jesús. Otro escritor bíblico, el apóstol Pablo, también afirmó haber visto a Cristo resucitado. Además, Pablo enumera por nombre a otras personas que vieron a Jesús vivo después de su muerte, y dice que en cierta ocasión Jesús se apareció a “más de quinientos hermanos”. (1 Corintios 15:3-8.)
28 Pablo menciona entre los que fueron testigos oculares a Santiago, medio hermano carnal de Jesús, quien tiene que haber conocido a Jesús desde la infancia. También fue testigo ocular el apóstol Pedro; el historiador Lucas informa que Pedro dio un testimonio denodado sobre la resurrección de Jesús tan solo pocas semanas después de Su muerte. (Hechos 2:23, 24.) La tradición atribuye dos cartas de la Biblia a Pedro, y en la primera de estas él muestra que su fe en la resurrección de Jesús era todavía en él un impulso poderoso muchos años después de aquel acontecimiento. Escribió: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque, según su gran misericordia, nos dio un nuevo nacimiento a una esperanza viva mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”. (1 Pedro 1:3.)
29 Por consiguiente, tal como Lucas pudo hablar con personas que afirmaban haber visto a Jesús y hablado con él después de su muerte, nosotros podemos leer las palabras que algunas de ellas escribieron. Y podemos juzgar para nosotros mismos si a aquellas personas se las había engañado, si estaban tratando de engañarnos, o si en realidad habían visto al Cristo resucitado. Francamente, nadie pudiera haberlas engañado. Varias de ellas habían tenido amistad íntima con Jesús hasta Su muerte. Algunas habían sido testigos de su agonía mientras colgaba del madero de tormento. Vieron la sangre y el agua que fluyó de la herida de lanza que le infligió un soldado. El soldado supo, y ellos supieron, que indisputablemente Jesús había muerto. Después esas personas dicen que lo vieron vivo y hasta hablaron con él. No; nadie pudo haberlas engañado. Entonces, ¿estaban tratando de engañarnos al decir que Jesús había sido resucitado? (Juan 19:32-35; 21:4, 15-24.)
30 Para contestar eso, simplemente tenemos que preguntarnos: ¿Creían aquellas personas lo que decían? Sí; sin duda alguna. Para los cristianos, entre ellos los que afirmaban haber sido testigos oculares, la resurrección de Jesús era el fundamento mismo de lo que creían. El apóstol Pablo dijo: “Si Cristo no ha sido levantado, nuestra predicación ciertamente es en vano, y nuestra fe es en vano [...] Si Cristo no ha sido levantado, la fe de ustedes es inútil”. (1 Corintios 15:14, 17.) ¿Parecen esas las palabras de un hombre que miente cuando dice que ha visto a Cristo resucitado?
31 Considere lo que significaba ser cristiano en aquellos días. No se ganaba prestigio, poder ni riquezas. Todo lo contrario. Muchos cristianos primitivos “aceptaron gozosamente el saqueo de sus bienes” por retener su fe. (Hebreos 10:34.) El cristianismo exigía una vida de sacrificio y aguantar persecución, que en muchos casos terminaba en martirio mediante una muerte vergonzosa y dolorosa.
32 Algunos cristianos provenían de familias prósperas, como el apóstol Juan, cuyo padre evidentemente tenía un próspero negocio de pesca en Galilea. Muchos tenían buenas perspectivas, como Pablo, quien, cuando aceptó el cristianismo, había estudiado bajo el famoso rabino Gamaliel y empezaba a distinguirse a los ojos de los gobernantes judíos. (Hechos 9:1, 2; 22:3; Gálatas 1:14.) No obstante, todos volvieron la espalda a lo que este mundo les ofrecía a fin de esparcir un mensaje basado en que Jesús había sido resucitado de entre los muertos. (Colosenses 1:23, 28.) ¿Por qué hacer tales sacrificios para sufrir por una causa que supieran que estuviera basada en una mentira? La respuesta es que no habrían hecho eso. Estuvieron dispuestos a sufrir y morir por una causa que sabían que se fundaba en la verdad.
Sí hay milagros
33 Sí, la prueba procedente de los testimonios es absolutamente convincente. Jesús en realidad fue levantado de entre los muertos el 16 de Nisán de 33 E.C. Y puesto que esa resurrección sucedió, todos los demás milagros de la Biblia son posibles... milagros para los cuales también tenemos testimonio sólido, de testigos oculares. La misma Potencia que levantó a Jesús de entre los muertos también hizo posible que él resucitara al hijo de la viuda de Naín. También dio poder a Jesús para ejecutar milagros menores que ese, pero todavía maravillosos, de curación. Esa Potencia estuvo tras la alimentación milagrosa de la multitud, y también hizo posible que Jesús anduviera sobre el agua. (Lucas 7:11-15; Mateo 11:4-6; 14:14-21, 23-31.)
34 Como se ve, la mención de milagros no es razón para que dudemos de la veracidad de la Biblia. Más bien, los milagros que sucedieron en los tiempos bíblicos son prueba convincente de que la Biblia es realmente la Palabra de Dios. Pero algunos levantan contra la Biblia otra acusación. Muchos dicen que se contradice, y que por eso no puede ser la Palabra de Dios. ¿Dicen la verdad?
Capítulo 6 Los milagros... ¿fueron realidad?
‘Hoy día no suceden milagros’
11 La tercera objeción quedó resumida en los términos: “Esos prodigios nunca suceden en nuestros días”. Hume nunca había visto un milagro, así que se negaba a creer que pudiera haber milagros. Pero esa clase de razonamiento es inconsecuente. Cualquier persona pensadora tiene que admitir que antes de los días del filósofo escocés hubo “prodigios” que no se repitieron durante la vida de Hume. ¿Qué prodigios?
12 En primer lugar, la vida comenzó en la Tierra. Después, ciertas formas de vida fueron dotadas de sensibilidad. Con el tiempo apareció el hombre, dotado de sabiduría, imaginación, capacidad para amar y ejercicio de conciencia. Ningún científico puede explicar por las leyes naturales que funcionan hoy cómo sucedieron cosas tan extraordinarias. No obstante, tenemos evidencia viva de que sucedieron.
13 ¿Y qué hay de “prodigios” que han sucedido desde los días de David Hume? Suponga que pudiéramos viajar al pasado y hablarle a él acerca del mundo actual. Imagínese que usted tratara de explicarle que un hombre de negocios de Hamburgo puede hablar con otra persona a miles de kilómetros de distancia en Tokio sin siquiera levantar la voz; que un juego de fútbol en España puede verse por toda la Tierra mientras se efectúa; que naves mucho mayores que las embarcaciones de alta mar de los días de Hume pueden elevarse sobre la tierra y transportar a 500 personas por una distancia de miles de kilómetros en unas horas. ¿Puede usted imaginarse cómo reaccionaría? ‘¡Eso es imposible! ¡Esos prodigios nunca suceden en nuestros días!’
14 Pero esos ‘prodigios’ sí suceden en los días nuestros. ¿Por qué? Porque el hombre, usando principios científicos de los cuales Hume no tenía idea, ha aprendido a construir teléfonos, televisores y aviones. Por lo tanto, ¿es tan difícil creer que, de maneras que todavía no entendemos, a veces en el pasado Dios hizo cosas que para nosotros son milagrosas?
¿Cómo podemos saberlo?
15 Por supuesto, el decir que los milagros pudieran haber sucedido no significa que sucedieron. ¿Cómo podemos saber, en este siglo XX, si acaso allá en los tiempos bíblicos Dios efectuó o no verdaderos milagros mediante los siervos suyos en la Tierra? ¿Qué clase de prueba esperaría usted que los apoyara? Imagínese a un hombre de una tribu primitiva a quien se lleva de su hogar en la selva a visitar una ciudad grande. Cuando regresa, ¿cómo puede él describir a su pueblo las maravillas de la civilización? No puede explicar cómo funciona un automóvil ni por qué sale música de un radiorreceptor portátil. No puede construir una computadora u ordenador para probar que existe tal aparato. Lo único que puede hacer es contar lo que ha visto.
16 Nosotros estamos en la misma situación en que se hallarían los miembros de la tribu de aquel hombre. Si Dios realmente ha obrado milagros, solo podemos enterarnos de ellos por testigos oculares. Los testigos oculares no pueden explicar cómo sucedieron los milagros ni pueden duplicarlos. Solamente pueden decirnos lo que vieron. Es obvio que se puede engañar a testigos oculares. Ellos también pueden fácilmente exagerar y dar información errónea. Por eso, para creer su testimonio tenemos que saber que esos testigos oculares son veraces, de buena calidad, y que han demostrado que sus motivos son buenos.
El milagro mejor atestiguado
17 El milagro mejor atestiguado de la Biblia es la resurrección de Jesucristo; por eso, ¿por qué no usarlo como caso de prueba, por decirlo así? Primero, considere los datos que se informan: Jesús fue arrestado la noche del 14 de Nisán, un jueves por la noche, según contamos la semana en tiempos modernos. Compareció ante los líderes de los judíos, que lo acusaron de blasfemia y decidieron que tenía que morir. Los líderes judíos llevaron a Jesús ante el gobernador romano Poncio Pilato, quien cedió a la presión de aquellos hombres y lo entregó para que fuera ejecutado. El día siguiente, viernes —todavía 14 de Nisán en el calendario judío— Jesús fue fijado con clavos a un madero de tormento, y pocas horas después murió. (Marcos 14:43-65; 15:1-39.)
18 Después que un soldado romano punzó el costado de Jesús con una lanza para asegurarse de que en verdad estaba muerto, el cadáver de Jesús fue colocado en una tumba nueva. El día siguiente, 15 de Nisán (viernes/sábado), era día de descanso judío, o sábado. Pero la mañana del 16 de Nisán —domingo por la mañana— unos discípulos fueron a la tumba y la hallaron vacía. Pronto empezaron a circular informes de que se había visto vivo a Jesús. Aquellos relatos fueron recibidos al principio exactamente como serían recibidos hoy... con incredulidad. Ni siquiera los apóstoles creyeron. Pero cuando ellos mismos vieron vivo a Jesús, tuvieron que aceptar la realidad de que había sido levantado de entre los muertos. (Juan 19:31–20:29; Lucas 24:11.)
La tumba vacía
19 ¿Había sido resucitado Jesús, o es todo puro invento? Algo que la gente de entonces quizás habría preguntado es: ¿Está el cuerpo de Jesús todavía en la tumba? Los seguidores de Jesús habrían tenido que enfrentarse a un obstáculo enorme si sus adversarios hubieran podido señalar al cadáver todavía en el sepulcro como prueba de que Jesús no había sido resucitado. Sin embargo, no hay ningún registro de que hicieran eso. Más bien, según la Biblia ellos dieron dinero a los soldados asignados a vigilar la tumba y les dijeron: “Digan: ‘Sus discípulos vinieron de noche y lo hurtaron mientras nosotros dormíamos’”. (Mateo 28:11-13.) También tenemos prueba, aparte de lo que dice la Biblia, de que los líderes judíos hicieron eso.
20 Alrededor de un siglo después de la muerte de Jesús, Justino Mártir escribió una obra llamada Diálogo con Trifón. En ella dijo: “Ustedes [los judíos] han enviado por todo el mundo a hombres escogidos y ordenados para proclamar que una herejía impía y desaforada había procedido de cierto Jesús, un engañador galileo, a quien crucificamos, pero a quien por la noche sus discípulos robaron de la tumba donde había sido puesto”7.
21 Ahora bien, Trifón era judío, y el Diálogo con Trifón se escribió para defender el cristianismo contra el judaísmo. Por lo tanto, no sería probable que Justino Mártir hubiera dicho lo que dijo —que los judíos acusaban a los cristianos de haber robado el cuerpo de Jesús de la tumba— si los judíos no hubieran presentado tal acusación. De otro modo se habría expuesto a una acusación fácilmente verificable de haber mentido. Justino Mártir sólo habría dicho eso si en realidad los judíos hubieran enviado tales mensajeros. Y ellos habrían hecho eso únicamente si en realidad la tumba hubiera estado vacía el 16 de Nisán de 33 E.C. y ellos no hubieran podido señalar al cadáver de Jesús en la tumba como prueba de que no había sido resucitado. Por eso, puesto que la tumba estaba vacía, ¿qué había sucedido? ¿Sería verdad que los discípulos habían robado el cadáver, o había sido eliminado el cuerpo milagrosamente como prueba de que Jesús realmente había sido resucitado
11 La tercera objeción quedó resumida en los términos: “Esos prodigios nunca suceden en nuestros días”. Hume nunca había visto un milagro, así que se negaba a creer que pudiera haber milagros. Pero esa clase de razonamiento es inconsecuente. Cualquier persona pensadora tiene que admitir que antes de los días del filósofo escocés hubo “prodigios” que no se repitieron durante la vida de Hume. ¿Qué prodigios?
12 En primer lugar, la vida comenzó en la Tierra. Después, ciertas formas de vida fueron dotadas de sensibilidad. Con el tiempo apareció el hombre, dotado de sabiduría, imaginación, capacidad para amar y ejercicio de conciencia. Ningún científico puede explicar por las leyes naturales que funcionan hoy cómo sucedieron cosas tan extraordinarias. No obstante, tenemos evidencia viva de que sucedieron.
13 ¿Y qué hay de “prodigios” que han sucedido desde los días de David Hume? Suponga que pudiéramos viajar al pasado y hablarle a él acerca del mundo actual. Imagínese que usted tratara de explicarle que un hombre de negocios de Hamburgo puede hablar con otra persona a miles de kilómetros de distancia en Tokio sin siquiera levantar la voz; que un juego de fútbol en España puede verse por toda la Tierra mientras se efectúa; que naves mucho mayores que las embarcaciones de alta mar de los días de Hume pueden elevarse sobre la tierra y transportar a 500 personas por una distancia de miles de kilómetros en unas horas. ¿Puede usted imaginarse cómo reaccionaría? ‘¡Eso es imposible! ¡Esos prodigios nunca suceden en nuestros días!’
14 Pero esos ‘prodigios’ sí suceden en los días nuestros. ¿Por qué? Porque el hombre, usando principios científicos de los cuales Hume no tenía idea, ha aprendido a construir teléfonos, televisores y aviones. Por lo tanto, ¿es tan difícil creer que, de maneras que todavía no entendemos, a veces en el pasado Dios hizo cosas que para nosotros son milagrosas?
¿Cómo podemos saberlo?
15 Por supuesto, el decir que los milagros pudieran haber sucedido no significa que sucedieron. ¿Cómo podemos saber, en este siglo XX, si acaso allá en los tiempos bíblicos Dios efectuó o no verdaderos milagros mediante los siervos suyos en la Tierra? ¿Qué clase de prueba esperaría usted que los apoyara? Imagínese a un hombre de una tribu primitiva a quien se lleva de su hogar en la selva a visitar una ciudad grande. Cuando regresa, ¿cómo puede él describir a su pueblo las maravillas de la civilización? No puede explicar cómo funciona un automóvil ni por qué sale música de un radiorreceptor portátil. No puede construir una computadora u ordenador para probar que existe tal aparato. Lo único que puede hacer es contar lo que ha visto.
16 Nosotros estamos en la misma situación en que se hallarían los miembros de la tribu de aquel hombre. Si Dios realmente ha obrado milagros, solo podemos enterarnos de ellos por testigos oculares. Los testigos oculares no pueden explicar cómo sucedieron los milagros ni pueden duplicarlos. Solamente pueden decirnos lo que vieron. Es obvio que se puede engañar a testigos oculares. Ellos también pueden fácilmente exagerar y dar información errónea. Por eso, para creer su testimonio tenemos que saber que esos testigos oculares son veraces, de buena calidad, y que han demostrado que sus motivos son buenos.
El milagro mejor atestiguado
17 El milagro mejor atestiguado de la Biblia es la resurrección de Jesucristo; por eso, ¿por qué no usarlo como caso de prueba, por decirlo así? Primero, considere los datos que se informan: Jesús fue arrestado la noche del 14 de Nisán, un jueves por la noche, según contamos la semana en tiempos modernos. Compareció ante los líderes de los judíos, que lo acusaron de blasfemia y decidieron que tenía que morir. Los líderes judíos llevaron a Jesús ante el gobernador romano Poncio Pilato, quien cedió a la presión de aquellos hombres y lo entregó para que fuera ejecutado. El día siguiente, viernes —todavía 14 de Nisán en el calendario judío— Jesús fue fijado con clavos a un madero de tormento, y pocas horas después murió. (Marcos 14:43-65; 15:1-39.)
18 Después que un soldado romano punzó el costado de Jesús con una lanza para asegurarse de que en verdad estaba muerto, el cadáver de Jesús fue colocado en una tumba nueva. El día siguiente, 15 de Nisán (viernes/sábado), era día de descanso judío, o sábado. Pero la mañana del 16 de Nisán —domingo por la mañana— unos discípulos fueron a la tumba y la hallaron vacía. Pronto empezaron a circular informes de que se había visto vivo a Jesús. Aquellos relatos fueron recibidos al principio exactamente como serían recibidos hoy... con incredulidad. Ni siquiera los apóstoles creyeron. Pero cuando ellos mismos vieron vivo a Jesús, tuvieron que aceptar la realidad de que había sido levantado de entre los muertos. (Juan 19:31–20:29; Lucas 24:11.)
La tumba vacía
19 ¿Había sido resucitado Jesús, o es todo puro invento? Algo que la gente de entonces quizás habría preguntado es: ¿Está el cuerpo de Jesús todavía en la tumba? Los seguidores de Jesús habrían tenido que enfrentarse a un obstáculo enorme si sus adversarios hubieran podido señalar al cadáver todavía en el sepulcro como prueba de que Jesús no había sido resucitado. Sin embargo, no hay ningún registro de que hicieran eso. Más bien, según la Biblia ellos dieron dinero a los soldados asignados a vigilar la tumba y les dijeron: “Digan: ‘Sus discípulos vinieron de noche y lo hurtaron mientras nosotros dormíamos’”. (Mateo 28:11-13.) También tenemos prueba, aparte de lo que dice la Biblia, de que los líderes judíos hicieron eso.
20 Alrededor de un siglo después de la muerte de Jesús, Justino Mártir escribió una obra llamada Diálogo con Trifón. En ella dijo: “Ustedes [los judíos] han enviado por todo el mundo a hombres escogidos y ordenados para proclamar que una herejía impía y desaforada había procedido de cierto Jesús, un engañador galileo, a quien crucificamos, pero a quien por la noche sus discípulos robaron de la tumba donde había sido puesto”7.
21 Ahora bien, Trifón era judío, y el Diálogo con Trifón se escribió para defender el cristianismo contra el judaísmo. Por lo tanto, no sería probable que Justino Mártir hubiera dicho lo que dijo —que los judíos acusaban a los cristianos de haber robado el cuerpo de Jesús de la tumba— si los judíos no hubieran presentado tal acusación. De otro modo se habría expuesto a una acusación fácilmente verificable de haber mentido. Justino Mártir sólo habría dicho eso si en realidad los judíos hubieran enviado tales mensajeros. Y ellos habrían hecho eso únicamente si en realidad la tumba hubiera estado vacía el 16 de Nisán de 33 E.C. y ellos no hubieran podido señalar al cadáver de Jesús en la tumba como prueba de que no había sido resucitado. Por eso, puesto que la tumba estaba vacía, ¿qué había sucedido? ¿Sería verdad que los discípulos habían robado el cadáver, o había sido eliminado el cuerpo milagrosamente como prueba de que Jesús realmente había sido resucitado
Capítulo 6 Los milagros... ¿fueron realidad?
Cierto día del año 31 E.C. Jesús y sus discípulos iban hacia Naín, una ciudad en el norte de Palestina. Al acercarse a la puerta de la ciudad vieron venir un entierro. El muerto era un joven. Era el único hijo de una viuda, y ahora su madre había quedado completamente sola. Según el relato, Jesús “se enterneció por ella, y le dijo: ‘Deja de llorar’. En seguida se acercó y tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron, y él dijo: ‘Joven, yo te digo: ¡Levántate!’. Y el muerto se incorporó y comenzó a hablar”. (Lucas 7:11-15.)
ES UN relato conmovedor, pero ¿es cierto? A muchas personas se les hace difícil creer en la realidad de sucesos como ese. Sin embargo, los milagros son parte integrante del registro bíblico. Creer en la Biblia significa creer que hubo milagros. De hecho, toda la estructura de la verdad bíblica depende de un milagro muy importante: la resurrección de Jesucristo.
Por qué no creen algunos
2 ¿Cree usted en los milagros, u opina que en esta era científica es ilógico creer en ellos... es decir, en sucesos extraordinarios que son testimonio de intervención sobrehumana? Si no cree, no es el primero. Hace dos siglos el filósofo escocés David Hume tuvo la misma dificultad. Quizás las razones que usted tiene para no creer sean parecidas a las de él.
3 Hume presentaba tres puntos sobresalientes como objeción a la idea de que hubiera milagros1. En primer lugar, escribe: “El milagro es una violación de las leyes naturales”. Desde tiempo inmemorial el hombre ha confiado en las leyes de la naturaleza. Ha sabido que un objeto que uno mantiene suspendido cae si uno deja de sostenerlo, que el Sol sale cada mañana y se pone cada tarde, y así por el estilo. Por instinto, sabe que los sucesos siempre se repiten de esa forma familiar. Nunca sucede nada que no armonice con las leyes de la naturaleza. Hume pensaba que esta ‘prueba’ contra la posibilidad de que hubiera milagros ‘era tan completa como cualquier argumento que proviniera de la experiencia’.
4 El segundo argumento que presentó era que es fácil engañar a la gente. Algunos quieren creer en maravillas y milagros, especialmente con relación a lo religioso, y muchos supuestos milagros han sido engaños. Su tercer argumento era que por lo general los informes de milagros vienen de épocas caracterizadas por la ignorancia. Mientras más educada es la gente, menos milagros se informan. Como lo expresó Hume: “Esos prodigios nunca suceden en nuestros días”. Creía, por eso, que con aquello se probaba que nunca habían sucedido.
5 Hasta la fecha la mayoría de los argumentos contra los milagros siguen esos principios generales; consideremos, pues, las objeciones que presentó Hume, una por una.
¿Contra las leyes de la naturaleza?
6 ¿Qué se puede decir de la objeción de que los milagros son ‘violaciones de las leyes naturales’ y por lo tanto no pueden ser realidad? Por encima, eso pudiera parecer convincente; pero analice lo que en realidad se dice. Por lo general se define el milagro como un suceso que está fuera de las leyes normales de la naturaleza. Es un suceso tan inesperado que los espectadores quedan convencidos de que han presenciado una intervención sobrehumana. Por consiguiente, lo que la objeción en realidad significa es: ‘¡Los milagros son imposibles porque son milagrosos!’. ¿Por qué no considerar las pruebas antes de llegar a tal conclusión?
7 La verdad es que hoy día la gente educada propende menos que David Hume a insistir en que las leyes naturales conocidas aplican de igual manera en todo lugar y en toda ocasión. Hay científicos que tienden a considerar si en lugar de las tres dimensiones conocidas de largo, ancho y altura pudiera haber muchas más en el universo2. Teorizan sobre la existencia de agujeros negros, enormes estrellas que colapsan hasta alcanzar una densidad casi infinita. Se dice que en su vecindad la estructura del espacio está tan deformada que el tiempo mismo se detiene3. ¡Los científicos hasta han debatido sobre si, en ciertas circunstancias, el tiempo retrocedería en vez de adelantar4!
8 Stephen W. Hawking, prominente profesor de matemáticas de la Universidad de Cambridge, dijo al considerar el comienzo del universo: “En la teoría clásica de la relatividad general [...] el principio del universo tiene que ser una singularidad de densidad y curvatura del espacio-tiempo infinitas. En esas circunstancias dejarían de regir todas las leyes conocidas de la física”5. Como se ve, los científicos modernos no concuerdan en que jamás pueda suceder algo que sea contrario a las leyes normales de la naturaleza. En circunstancias excepcionales pueden suceder cosas extraordinarias. De seguro, si creemos en un Dios Todopoderoso deberíamos reconocer que él puede causar sucesos extraordinarios —milagrosos— cuando conviene a su propósito. (Éxodo 15:6-10; Isaías 40:13, 15.)
¿Qué hay de los milagros falsos?
9 Ninguna persona razonable negaría que hay milagros falsos. Por ejemplo, algunos practicantes de la curación por fe dicen que sanan milagrosamente a los enfermos. Cierto médico, William A. Nolan, investigó como proyecto especial suyo ese tipo de curaciones. Hizo un estudio de muchísimas supuestas curaciones por sanadores evangélicos de los Estados Unidos y por llamados cirujanos síquicos de Asia. ¿Cuál fue el resultado? Solo halló ejemplos de decepción y engaño6.
10 ¿Significan esos engaños que nunca ha habido milagros verdaderos? No necesariamente. A veces nos enteramos de que circulan billetes de banco falsificados, pero eso no significa que todo el dinero sea falso. Algunos enfermos ponen mucha fe en curanderos, médicos falsos, y les dan mucho dinero. Pero eso no significa que todos los médicos sean engañadores. Algunos pintores se han hecho falsificadores diestros de las pinturas de grandes maestros del pasado. Pero eso no significa que todas las pinturas sean falsas. El que algunos supuestos milagros sean obviamente falsos tampoco significa que jamás pueden suceder milagros verdaderos.
ES UN relato conmovedor, pero ¿es cierto? A muchas personas se les hace difícil creer en la realidad de sucesos como ese. Sin embargo, los milagros son parte integrante del registro bíblico. Creer en la Biblia significa creer que hubo milagros. De hecho, toda la estructura de la verdad bíblica depende de un milagro muy importante: la resurrección de Jesucristo.
Por qué no creen algunos
2 ¿Cree usted en los milagros, u opina que en esta era científica es ilógico creer en ellos... es decir, en sucesos extraordinarios que son testimonio de intervención sobrehumana? Si no cree, no es el primero. Hace dos siglos el filósofo escocés David Hume tuvo la misma dificultad. Quizás las razones que usted tiene para no creer sean parecidas a las de él.
3 Hume presentaba tres puntos sobresalientes como objeción a la idea de que hubiera milagros1. En primer lugar, escribe: “El milagro es una violación de las leyes naturales”. Desde tiempo inmemorial el hombre ha confiado en las leyes de la naturaleza. Ha sabido que un objeto que uno mantiene suspendido cae si uno deja de sostenerlo, que el Sol sale cada mañana y se pone cada tarde, y así por el estilo. Por instinto, sabe que los sucesos siempre se repiten de esa forma familiar. Nunca sucede nada que no armonice con las leyes de la naturaleza. Hume pensaba que esta ‘prueba’ contra la posibilidad de que hubiera milagros ‘era tan completa como cualquier argumento que proviniera de la experiencia’.
4 El segundo argumento que presentó era que es fácil engañar a la gente. Algunos quieren creer en maravillas y milagros, especialmente con relación a lo religioso, y muchos supuestos milagros han sido engaños. Su tercer argumento era que por lo general los informes de milagros vienen de épocas caracterizadas por la ignorancia. Mientras más educada es la gente, menos milagros se informan. Como lo expresó Hume: “Esos prodigios nunca suceden en nuestros días”. Creía, por eso, que con aquello se probaba que nunca habían sucedido.
5 Hasta la fecha la mayoría de los argumentos contra los milagros siguen esos principios generales; consideremos, pues, las objeciones que presentó Hume, una por una.
¿Contra las leyes de la naturaleza?
6 ¿Qué se puede decir de la objeción de que los milagros son ‘violaciones de las leyes naturales’ y por lo tanto no pueden ser realidad? Por encima, eso pudiera parecer convincente; pero analice lo que en realidad se dice. Por lo general se define el milagro como un suceso que está fuera de las leyes normales de la naturaleza. Es un suceso tan inesperado que los espectadores quedan convencidos de que han presenciado una intervención sobrehumana. Por consiguiente, lo que la objeción en realidad significa es: ‘¡Los milagros son imposibles porque son milagrosos!’. ¿Por qué no considerar las pruebas antes de llegar a tal conclusión?
7 La verdad es que hoy día la gente educada propende menos que David Hume a insistir en que las leyes naturales conocidas aplican de igual manera en todo lugar y en toda ocasión. Hay científicos que tienden a considerar si en lugar de las tres dimensiones conocidas de largo, ancho y altura pudiera haber muchas más en el universo2. Teorizan sobre la existencia de agujeros negros, enormes estrellas que colapsan hasta alcanzar una densidad casi infinita. Se dice que en su vecindad la estructura del espacio está tan deformada que el tiempo mismo se detiene3. ¡Los científicos hasta han debatido sobre si, en ciertas circunstancias, el tiempo retrocedería en vez de adelantar4!
8 Stephen W. Hawking, prominente profesor de matemáticas de la Universidad de Cambridge, dijo al considerar el comienzo del universo: “En la teoría clásica de la relatividad general [...] el principio del universo tiene que ser una singularidad de densidad y curvatura del espacio-tiempo infinitas. En esas circunstancias dejarían de regir todas las leyes conocidas de la física”5. Como se ve, los científicos modernos no concuerdan en que jamás pueda suceder algo que sea contrario a las leyes normales de la naturaleza. En circunstancias excepcionales pueden suceder cosas extraordinarias. De seguro, si creemos en un Dios Todopoderoso deberíamos reconocer que él puede causar sucesos extraordinarios —milagrosos— cuando conviene a su propósito. (Éxodo 15:6-10; Isaías 40:13, 15.)
¿Qué hay de los milagros falsos?
9 Ninguna persona razonable negaría que hay milagros falsos. Por ejemplo, algunos practicantes de la curación por fe dicen que sanan milagrosamente a los enfermos. Cierto médico, William A. Nolan, investigó como proyecto especial suyo ese tipo de curaciones. Hizo un estudio de muchísimas supuestas curaciones por sanadores evangélicos de los Estados Unidos y por llamados cirujanos síquicos de Asia. ¿Cuál fue el resultado? Solo halló ejemplos de decepción y engaño6.
10 ¿Significan esos engaños que nunca ha habido milagros verdaderos? No necesariamente. A veces nos enteramos de que circulan billetes de banco falsificados, pero eso no significa que todo el dinero sea falso. Algunos enfermos ponen mucha fe en curanderos, médicos falsos, y les dan mucho dinero. Pero eso no significa que todos los médicos sean engañadores. Algunos pintores se han hecho falsificadores diestros de las pinturas de grandes maestros del pasado. Pero eso no significa que todas las pinturas sean falsas. El que algunos supuestos milagros sean obviamente falsos tampoco significa que jamás pueden suceder milagros verdaderos.
Capítulo 5 El “Nuevo Testamento”... ¿historia, o mito?-Notas
[Comentario de la página 66]
¿Por qué habría de decir la Biblia que la resurrección de Jesús fue descubierta primero por mujeres si aquello en realidad no hubiera pasado?
[Recuadro de la página 56]
Fracasa la crítica moderna
Como ejemplo de la naturaleza incierta del criticismo bíblico moderno, considere estas declaraciones por Raymond E. Brown sobre el Evangelio de Juan: “A finales del siglo pasado y durante los primeros años de este siglo la erudición pasó por un período de extremo escepticismo sobre este Evangelio. Asignó al Evangelio de Juan una fecha demasiado tardía, hasta de la segunda mitad del siglo segundo. Se creía que era producto del mundo helenista, totalmente sin valor histórico y con poca relación a la Palestina de Jesús de Nazaret [...]
“No hay opinión alguna de aquellas que no haya sido afectada por una serie de inesperados descubrimientos arqueológicos, documentales y textuales. Estos descubrimientos nos han llevado a combatir inteligentemente los puntos de vista críticos que casi se habían hecho ortodoxos, y a reconocer lo frágil que era la base sobre la cual se apoyaba el análisis tan escéptico de Juan. [...]
“El Evangelio se ha fechado de nuevo como del fin del primer siglo o hasta antes. [...] ¡Quizás lo más raro es que algunos eruditos hasta se atreven a sugerir una vez más que Juan el hijo de Zebedeo puede haber tenido algo que ver con el Evangelio!”3.
¿Por qué debería parecer extraño creer que Juan escribió el libro que tradicionalmente se le atribuye? Solo porque eso no cuadra con las ideas preconcebidas de los críticos.
[Recuadro de la página 70]
Simplemente otro ataque contra la Biblia
Timothy P. Weber escribe: “Los hallazgos de la alta crítica hicieron que muchos legos dudaran de que pudieran entender nada [de la Biblia]. [...] A. T. Pierson expresó la frustración de muchos evangélicos cuando dijo que ‘como el romanismo, [la alta crítica] casi le quita la Palabra de Dios a la gente común al suponer que solo los eruditos pueden interpretarla; mientras que Roma pone a un sacerdote entre el hombre y la Palabra, la crítica pone a un expositor educado entre el creyente y su Biblia’”23. Así se denuncia a la alta crítica moderna como simplemente otro ataque contra la Biblia.
[Fotografía de la página 62]
Parece que este altar de Pérgamo fue dedicado “a dioses desconocidos”
[Fotografía de la página 63]
Ruinas de lo que en un tiempo fue el magnífico templo de Ártemis, orgullo de los efesios
[Ilustración de la página 64]
La Biblia dice honradamente que Pedro negó conocer a Jesús
[Ilustración de la página 67]
La Biblia registra con franqueza que hubo un “agudo estallido de cólera” entre Pablo y Bernabé
[Ilustración de la página 68]
El cuadro consecuente que se da de Jesús en los cuatro Evangelios es prueba sólida de que son verídicos
[Ilustración de la página 69]
La mayoría de los críticos modernos dan por sentado que no hubo milagros
¿Por qué habría de decir la Biblia que la resurrección de Jesús fue descubierta primero por mujeres si aquello en realidad no hubiera pasado?
[Recuadro de la página 56]
Fracasa la crítica moderna
Como ejemplo de la naturaleza incierta del criticismo bíblico moderno, considere estas declaraciones por Raymond E. Brown sobre el Evangelio de Juan: “A finales del siglo pasado y durante los primeros años de este siglo la erudición pasó por un período de extremo escepticismo sobre este Evangelio. Asignó al Evangelio de Juan una fecha demasiado tardía, hasta de la segunda mitad del siglo segundo. Se creía que era producto del mundo helenista, totalmente sin valor histórico y con poca relación a la Palestina de Jesús de Nazaret [...]
“No hay opinión alguna de aquellas que no haya sido afectada por una serie de inesperados descubrimientos arqueológicos, documentales y textuales. Estos descubrimientos nos han llevado a combatir inteligentemente los puntos de vista críticos que casi se habían hecho ortodoxos, y a reconocer lo frágil que era la base sobre la cual se apoyaba el análisis tan escéptico de Juan. [...]
“El Evangelio se ha fechado de nuevo como del fin del primer siglo o hasta antes. [...] ¡Quizás lo más raro es que algunos eruditos hasta se atreven a sugerir una vez más que Juan el hijo de Zebedeo puede haber tenido algo que ver con el Evangelio!”3.
¿Por qué debería parecer extraño creer que Juan escribió el libro que tradicionalmente se le atribuye? Solo porque eso no cuadra con las ideas preconcebidas de los críticos.
[Recuadro de la página 70]
Simplemente otro ataque contra la Biblia
Timothy P. Weber escribe: “Los hallazgos de la alta crítica hicieron que muchos legos dudaran de que pudieran entender nada [de la Biblia]. [...] A. T. Pierson expresó la frustración de muchos evangélicos cuando dijo que ‘como el romanismo, [la alta crítica] casi le quita la Palabra de Dios a la gente común al suponer que solo los eruditos pueden interpretarla; mientras que Roma pone a un sacerdote entre el hombre y la Palabra, la crítica pone a un expositor educado entre el creyente y su Biblia’”23. Así se denuncia a la alta crítica moderna como simplemente otro ataque contra la Biblia.
[Fotografía de la página 62]
Parece que este altar de Pérgamo fue dedicado “a dioses desconocidos”
[Fotografía de la página 63]
Ruinas de lo que en un tiempo fue el magnífico templo de Ártemis, orgullo de los efesios
[Ilustración de la página 64]
La Biblia dice honradamente que Pedro negó conocer a Jesús
[Ilustración de la página 67]
La Biblia registra con franqueza que hubo un “agudo estallido de cólera” entre Pablo y Bernabé
[Ilustración de la página 68]
El cuadro consecuente que se da de Jesús en los cuatro Evangelios es prueba sólida de que son verídicos
[Ilustración de la página 69]
La mayoría de los críticos modernos dan por sentado que no hubo milagros
Capítulo 5 El “Nuevo Testamento”... ¿historia, o mito?
El sonido de la verdad
23 Por lo tanto, la historia y la arqueología ilustran, y hasta cierto grado confirman, los elementos históricos de las Escrituras Griegas. Sin embargo, de nuevo hay que decir que la prueba más firme de la veracidad de estos escritos está en los libros mismos. La lectura de ellos no deja la impresión de que sean mitos. Tienen el sonido de la verdad.
24 Para empezar, son muy francos. Piense en lo que se escribe sobre Pedro. Se detalla su embarazoso fracaso en cuanto a andar sobre el agua. Después Jesús dice a este apóstol tan respetado: “¡Ponte detrás de mí, Satanás!”. (Mateo 14:28-31; 16:23.) Además, Pedro, después de protestar vigorosamente que aunque los demás abandonen a Jesús él nunca lo haría, se queda dormido mientras se supone que vigile de noche, y luego niega tres veces al Señor. (Mateo 26:31-35, 37-45, 73-75.)
25 Pero no se exponen solo las debilidades de Pedro. En su franqueza, las Escrituras no ocultan la riña que hubo entre los apóstoles sobre quién era el mayor. (Mateo 18:1; Marcos 9:34; Lucas 22:24.) Tampoco omiten el hecho de que la madre de los apóstoles Santiago y Juan le pidió a Jesús que pusiera a sus hijos en los puestos más favorecidos de su Reino. (Mateo 20:20-23.) El “agudo estallido de cólera” entre Bernabé y Pablo también se documenta fielmente. (Hechos 15:36-39.)
26 Además debe notarse que el libro de Lucas nos dice que fueron “las mujeres, que habían venido con él desde Galilea”, quienes primero se enteraron de la resurrección de Jesús. Este es un detalle muy inusitado en la sociedad del primer siglo, dominada por los varones. De hecho, se escribe que lo que las mujeres decían les ‘pareció tonterías’ a los apóstoles. (Lucas 23:55–24:11.) Si la historia que aparece en las Escrituras Griegas no es verdadera, tiene que haber sido inventada. Pero ¿por qué inventaría nadie una historia que pintara de manera tan poco halagadora a personas tan respetadas? Estos detalles solo se habrían registrado si fueran verdad.
Jesús: persona de la vida real
27 Para muchos, el Jesús que describe la Biblia es imaginación idealista. Pero el historiador Michael Grant indica: “Si, como debemos, aplicamos al Nuevo Testamento el mismo criterio que debemos aplicar a otros escritos antiguos que contienen materia histórica, el rechazar la existencia de Jesús se nos haría tan imposible como rechazar un conjunto masivo de personajes paganos cuya historicidad nunca se pone en tela de juicio”19.
28 En la Biblia no solo se proyecta con claro tono de verdad la existencia de Jesús, sino también su personalidad. No es fácil inventar a un personaje extraordinario y luego presentar un cuadro consecuente de él por todo un libro. Es casi imposible que cuatro escritores diferentes escriban sobre el mismo personaje y pinten consecuentemente el mismo cuadro de él si esa persona nunca existió en realidad. El que sea obvio que el Jesús a quien describen los cuatro Evangelios es la misma persona convence de la veracidad de los Evangelios.
29 Michael Grant cita una pregunta muy apropiada: “¿Cómo se explica que, por toda tradición evangélica, sin excepción, se presente un cuadro notablemente perfilado de un joven atractivo que se mueve con libertad entre mujeres de toda clase, entre ellas algunas de reputación decididamente dudosa, sin que se vea en él sentimentalismo, anormalidad ni mojigatería, y, sin embargo, que mantenga en todo caso una sencilla integridad de carácter?”20. La única respuesta es que tal hombre realmente existió, y que obró tal como dice la Biblia.
Por qué no creen
30 Puesto que hay pruebas de peso para decir que las Escrituras Griegas son historia verdadera, ¿por qué dicen algunos que no lo son? ¿Qué hace que muchos, aunque digan que partes de ellas son genuinas, todavía rehúsen aceptar todo su contenido? La razón principal de eso es que la Biblia registra cosas que los intelectuales modernos no desean creer. Por ejemplo, dice que Jesús cumplió y pronunció profecías. También dice que ejecutó milagros y que después de su muerte fue resucitado.
31 En este siglo XX en que la gente es tan escéptica, tales sucesos son increíbles. Respecto a los milagros, el profesor Ezra P. Gould indica: “Hay un punto que algunos críticos creen que con justicia no pueden aceptar [...] el que sucedan milagros”21. Algunos aceptan que Jesús quizás haya efectuado curaciones, pero solo del tipo sicosomático, del ‘triunfo de la mente sobre la materia’. En cuanto a los otros milagros, la mayoría los explican como invenciones o como algo que en realidad pasó, pero que fue tergiversado por alguien.
32 Como ejemplo de esto, considere la ocasión en que Jesús alimentó a una muchedumbre de más de 5.000 personas con solo unos cuantos panes y dos pescados. (Mateo 14:14-22.) Heinrich Paulus, erudito del siglo XIX, sugirió que lo que en realidad pasó fue esto: Jesús y sus apóstoles se vieron rodeados de una enorme multitud que empezaba a tener hambre. Por eso, Jesús decidió dar un buen ejemplo para los ricos de la muchedumbre. Tomó el poco alimento que él y sus apóstoles tenían y lo compartió con la multitud. En poco tiempo otros que habían traído alimento siguieron su ejemplo y compartieron el suyo. Finalmente resultó que toda la multitud se alimentó22.
33 Pero si eso fue lo que en realidad sucedió, fue una prueba notable del poder de un buen ejemplo. ¿Por qué torcer tan interesante y significativo relato para que pareciera un milagro sobrenatural? Sí, todos esos esfuerzos por explicar los milagros como no milagrosos presentan más problemas de los que resuelven. Y todos se basan en una premisa falsa. Empiezan por suponer que los milagros son imposibles. Pero ¿por qué debería ser así?
34 Según las normas más razonables, tanto las Escrituras Hebreas como las Escrituras Griegas son historia verdadera, pero tanto unas como las otras contienen ejemplos de profecías y milagros. (Compárese con 2 Reyes 4:42-44.) ¿Qué hay si las profecías son genuinas? ¿Y qué si los milagros realmente acontecieron? Entonces Dios estuvo tras la escritura de la Biblia, y este libro es en realidad Su palabra, no la del hombre. En un capítulo posterior consideraremos la cuestión de las profecías, pero primero consideremos los milagros. ¿Es razonable creer, en este siglo XX, que en siglos anteriores hubo milagros?
23 Por lo tanto, la historia y la arqueología ilustran, y hasta cierto grado confirman, los elementos históricos de las Escrituras Griegas. Sin embargo, de nuevo hay que decir que la prueba más firme de la veracidad de estos escritos está en los libros mismos. La lectura de ellos no deja la impresión de que sean mitos. Tienen el sonido de la verdad.
24 Para empezar, son muy francos. Piense en lo que se escribe sobre Pedro. Se detalla su embarazoso fracaso en cuanto a andar sobre el agua. Después Jesús dice a este apóstol tan respetado: “¡Ponte detrás de mí, Satanás!”. (Mateo 14:28-31; 16:23.) Además, Pedro, después de protestar vigorosamente que aunque los demás abandonen a Jesús él nunca lo haría, se queda dormido mientras se supone que vigile de noche, y luego niega tres veces al Señor. (Mateo 26:31-35, 37-45, 73-75.)
25 Pero no se exponen solo las debilidades de Pedro. En su franqueza, las Escrituras no ocultan la riña que hubo entre los apóstoles sobre quién era el mayor. (Mateo 18:1; Marcos 9:34; Lucas 22:24.) Tampoco omiten el hecho de que la madre de los apóstoles Santiago y Juan le pidió a Jesús que pusiera a sus hijos en los puestos más favorecidos de su Reino. (Mateo 20:20-23.) El “agudo estallido de cólera” entre Bernabé y Pablo también se documenta fielmente. (Hechos 15:36-39.)
26 Además debe notarse que el libro de Lucas nos dice que fueron “las mujeres, que habían venido con él desde Galilea”, quienes primero se enteraron de la resurrección de Jesús. Este es un detalle muy inusitado en la sociedad del primer siglo, dominada por los varones. De hecho, se escribe que lo que las mujeres decían les ‘pareció tonterías’ a los apóstoles. (Lucas 23:55–24:11.) Si la historia que aparece en las Escrituras Griegas no es verdadera, tiene que haber sido inventada. Pero ¿por qué inventaría nadie una historia que pintara de manera tan poco halagadora a personas tan respetadas? Estos detalles solo se habrían registrado si fueran verdad.
Jesús: persona de la vida real
27 Para muchos, el Jesús que describe la Biblia es imaginación idealista. Pero el historiador Michael Grant indica: “Si, como debemos, aplicamos al Nuevo Testamento el mismo criterio que debemos aplicar a otros escritos antiguos que contienen materia histórica, el rechazar la existencia de Jesús se nos haría tan imposible como rechazar un conjunto masivo de personajes paganos cuya historicidad nunca se pone en tela de juicio”19.
28 En la Biblia no solo se proyecta con claro tono de verdad la existencia de Jesús, sino también su personalidad. No es fácil inventar a un personaje extraordinario y luego presentar un cuadro consecuente de él por todo un libro. Es casi imposible que cuatro escritores diferentes escriban sobre el mismo personaje y pinten consecuentemente el mismo cuadro de él si esa persona nunca existió en realidad. El que sea obvio que el Jesús a quien describen los cuatro Evangelios es la misma persona convence de la veracidad de los Evangelios.
29 Michael Grant cita una pregunta muy apropiada: “¿Cómo se explica que, por toda tradición evangélica, sin excepción, se presente un cuadro notablemente perfilado de un joven atractivo que se mueve con libertad entre mujeres de toda clase, entre ellas algunas de reputación decididamente dudosa, sin que se vea en él sentimentalismo, anormalidad ni mojigatería, y, sin embargo, que mantenga en todo caso una sencilla integridad de carácter?”20. La única respuesta es que tal hombre realmente existió, y que obró tal como dice la Biblia.
Por qué no creen
30 Puesto que hay pruebas de peso para decir que las Escrituras Griegas son historia verdadera, ¿por qué dicen algunos que no lo son? ¿Qué hace que muchos, aunque digan que partes de ellas son genuinas, todavía rehúsen aceptar todo su contenido? La razón principal de eso es que la Biblia registra cosas que los intelectuales modernos no desean creer. Por ejemplo, dice que Jesús cumplió y pronunció profecías. También dice que ejecutó milagros y que después de su muerte fue resucitado.
31 En este siglo XX en que la gente es tan escéptica, tales sucesos son increíbles. Respecto a los milagros, el profesor Ezra P. Gould indica: “Hay un punto que algunos críticos creen que con justicia no pueden aceptar [...] el que sucedan milagros”21. Algunos aceptan que Jesús quizás haya efectuado curaciones, pero solo del tipo sicosomático, del ‘triunfo de la mente sobre la materia’. En cuanto a los otros milagros, la mayoría los explican como invenciones o como algo que en realidad pasó, pero que fue tergiversado por alguien.
32 Como ejemplo de esto, considere la ocasión en que Jesús alimentó a una muchedumbre de más de 5.000 personas con solo unos cuantos panes y dos pescados. (Mateo 14:14-22.) Heinrich Paulus, erudito del siglo XIX, sugirió que lo que en realidad pasó fue esto: Jesús y sus apóstoles se vieron rodeados de una enorme multitud que empezaba a tener hambre. Por eso, Jesús decidió dar un buen ejemplo para los ricos de la muchedumbre. Tomó el poco alimento que él y sus apóstoles tenían y lo compartió con la multitud. En poco tiempo otros que habían traído alimento siguieron su ejemplo y compartieron el suyo. Finalmente resultó que toda la multitud se alimentó22.
33 Pero si eso fue lo que en realidad sucedió, fue una prueba notable del poder de un buen ejemplo. ¿Por qué torcer tan interesante y significativo relato para que pareciera un milagro sobrenatural? Sí, todos esos esfuerzos por explicar los milagros como no milagrosos presentan más problemas de los que resuelven. Y todos se basan en una premisa falsa. Empiezan por suponer que los milagros son imposibles. Pero ¿por qué debería ser así?
34 Según las normas más razonables, tanto las Escrituras Hebreas como las Escrituras Griegas son historia verdadera, pero tanto unas como las otras contienen ejemplos de profecías y milagros. (Compárese con 2 Reyes 4:42-44.) ¿Qué hay si las profecías son genuinas? ¿Y qué si los milagros realmente acontecieron? Entonces Dios estuvo tras la escritura de la Biblia, y este libro es en realidad Su palabra, no la del hombre. En un capítulo posterior consideraremos la cuestión de las profecías, pero primero consideremos los milagros. ¿Es razonable creer, en este siglo XX, que en siglos anteriores hubo milagros?
Capítulo 5 El “Nuevo Testamento”... ¿historia, o mito?
Las pruebas documentales
11 En realidad, fuera de las pruebas que contiene la Biblia misma, las pruebas documentales para sucesos de la vida de Jesús y sus apóstoles son muy limitadas. Por supuesto, eso sería de esperarse, ya que en el primer siglo los cristianos eran un grupo relativamente pequeño que no se inmiscuía en la política. Pero las pruebas que vienen de la historia seglar sí concuerdan con lo que leemos en la Biblia.
12 Por ejemplo, después de una tremenda derrota militar de Herodes Antipas, Josefo, historiador judío, escribió lo siguiente en 93 E.C.: “Para algunos judíos la destrucción del ejército de Herodes pareció ser venganza divina, y ciertamente una venganza justa, por el trato que dio a Juan, apodado el Bautista. Porque Herodes le había dado muerte aunque era un hombre bueno y había exhortado a los judíos a llevar vidas justas, a practicar la justicia con sus compañeros y piedad hacia Dios”10. Así Josefo confirma el relato bíblico de que Juan el Bautizante fue un hombre justo que predicó arrepentimiento y que fue ejecutado por Herodes. (Mateo 3:1-12; 14:11.)
13 Josefo también menciona a Santiago, el medio hermano de Jesús, quien, según nos dice la Biblia, al principio no siguió a Jesús, pero después fue anciano prominente en Jerusalén. (Juan 7:3-5; Gálatas 1:18, 19.) Josefo documenta el arresto de Santiago así: “[El sumo sacerdote Anano] convocó a los jueces del Sanedrín y trajo ante ellos a un hombre llamado Santiago, el hermano de Jesús a quien llamaban el Cristo, y a otros”11. Al escribir estas palabras, Josefo también confirma que “Jesús a quien llamaban el Cristo” era una persona real, histórica.
14 Otros escritores del pasado también mencionan cosas de que hablan las Escrituras Griegas. Por ejemplo, los Evangelios nos dicen que muchas personas respondieron a la predicación de Jesús en Palestina. Cuando Poncio Pilato lo sentenció a muerte, los seguidores de Jesús quedaron confundidos y desalentados. Poco después estos mismos discípulos obraron denodadamente y llenaron a Jerusalén del mensaje de que su Señor había sido resucitado. En pocos años el cristianismo se había extendido por todo el Imperio Romano. (Mateo 4:25; 26:31; 27:24-26; Hechos 2:23, 24, 36; 5:28; 17:6.)
15 Testimonio de que esto fue realidad viene del historiador romano Tácito, quien no era amigo del cristianismo. Él escribió poco después del año 100 E.C., y menciona la cruel persecución de los cristianos por Nerón, y añade: “Cristo, el fundador del nombre, había sufrido la pena de muerte en el reinado de Tiberio, sentenciado por el procurador Poncio Pilato, y la perniciosa superstición se detuvo momentáneamente, pero surgió de nuevo, no solamente en Judea, donde comenzó aquella enfermedad, sino en la capital misma [Roma]”12.
16 En Hechos 18:2 el escritor bíblico menciona que “[el emperador romano] Claudio había ordenado que todos los judíos se fueran de Roma”. Suetonio, historiador romano del siglo segundo, también menciona esta expulsión. En su obra Claudio deificado, el historiador dice: “Puesto que los judíos constantemente causaban disturbios por instigación de Cresto, él [Claudio] los expulsó de Roma”13. Si Cresto aquí se refiere a Jesucristo, y si en Roma los sucesos siguieron el modelo de lo que pasó en otras ciudades, entonces los alborotos no fueron realmente por instigación de Cristo (es decir, los seguidores de Cristo). Más bien, fueron la reacción violenta de los judíos a la fiel predicación de los cristianos.
17 Justino Mártir, quien escribió a mediados del siglo segundo, dijo lo siguiente respecto a la muerte de Jesús: “Por las Actas de Poncio Pilato puedes determinar que estas cosas sucedieron”14. Además, según Justino Mártir estos mismos registros mencionaban los milagros de Jesús, de los cuales dice: “De las Actas de Poncio Pilato puedes aprender que Él hizo esas cosas”15. Es verdad que estas “Actas” o registros oficiales ya no existen. Pero es patente que existían en el siglo segundo, y Justino Mártir instó con confianza a sus lectores a comprobar con ellas la veracidad de lo que decía.
Las pruebas arqueológicas
18 Los descubrimientos arqueológicos también han ilustrado o confirmado lo que leemos en las Escrituras Griegas. Por ejemplo, en 1961 se halló el nombre de Poncio Pilato en una inscripción descubierta en las ruinas de un teatro romano en Cesarea16. Hasta el momento de este descubrimiento solo había habido prueba limitada —aparte de la Biblia misma— de la existencia de este gobernante romano.
19 En el Evangelio de Lucas leemos que Juan el Bautizante empezó su ministerio “cuando [...] Lisanias era gobernante de distrito de Abilene”. (Lucas 3:1.) Algunos dudaban de esa declaración porque Josefo mencionaba a un Lisanias que había gobernado en Abilene y había muerto en 34 a.E.C., mucho tiempo antes del nacimiento de Juan. Sin embargo, unos arqueólogos han descubierto en Abilene una inscripción que menciona a otro Lisanias que fue tetrarca (gobernante de distrito) durante el reinado de Tiberio, quien era el césar de Roma cuando Juan empezó su ministerio17. Bien pudiera ser este el Lisanias a quien se refirió Lucas.
20 En Hechos leemos que Pablo y Bernabé fueron enviados a efectuar obra misional en Chipre y allí conocieron a un procónsul llamado Sergio Paulo, “varón inteligente”. (Hechos 13:7.) A mediados del siglo XIX, en unas excavaciones en Chipre se descubrió una inscripción de 55 E.C. que menciona a este mismo hombre. De esto el arqueólogo G. Ernest Wright dice: “Es la única referencia que tenemos a este procónsul fuera de la Biblia, y es interesante que Lucas nos dé correctamente su nombre y título”18.
21 Cuando Pablo estuvo en Atenas dijo que había observado un altar con la dedicación: “A un Dios Desconocido”. (Hechos 17:23.) En partes del territorio del Imperio Romano se han descubierto altares dedicados en latín a dioses anónimos. Se halló uno en Pérgamo, con la inscripción escrita en griego, como habría sucedido en Atenas.
22 Después, estando Pablo en Éfeso, se enfrentó a la violenta oposición de unos plateros, cuyos ingresos provenían de hacer templetes e imágenes de la diosa Ártemis. Se llamaba a Éfeso “la guardiana del templo de la gran Ártemis”. (Hechos 19:35.) En conformidad con esto, varias figurillas de Ártemis hechas de arcilla y mármol se han descubierto en el lugar donde estaba la antigua Éfeso. Durante el siglo pasado se desenterraron los restos de un templo enorme.
11 En realidad, fuera de las pruebas que contiene la Biblia misma, las pruebas documentales para sucesos de la vida de Jesús y sus apóstoles son muy limitadas. Por supuesto, eso sería de esperarse, ya que en el primer siglo los cristianos eran un grupo relativamente pequeño que no se inmiscuía en la política. Pero las pruebas que vienen de la historia seglar sí concuerdan con lo que leemos en la Biblia.
12 Por ejemplo, después de una tremenda derrota militar de Herodes Antipas, Josefo, historiador judío, escribió lo siguiente en 93 E.C.: “Para algunos judíos la destrucción del ejército de Herodes pareció ser venganza divina, y ciertamente una venganza justa, por el trato que dio a Juan, apodado el Bautista. Porque Herodes le había dado muerte aunque era un hombre bueno y había exhortado a los judíos a llevar vidas justas, a practicar la justicia con sus compañeros y piedad hacia Dios”10. Así Josefo confirma el relato bíblico de que Juan el Bautizante fue un hombre justo que predicó arrepentimiento y que fue ejecutado por Herodes. (Mateo 3:1-12; 14:11.)
13 Josefo también menciona a Santiago, el medio hermano de Jesús, quien, según nos dice la Biblia, al principio no siguió a Jesús, pero después fue anciano prominente en Jerusalén. (Juan 7:3-5; Gálatas 1:18, 19.) Josefo documenta el arresto de Santiago así: “[El sumo sacerdote Anano] convocó a los jueces del Sanedrín y trajo ante ellos a un hombre llamado Santiago, el hermano de Jesús a quien llamaban el Cristo, y a otros”11. Al escribir estas palabras, Josefo también confirma que “Jesús a quien llamaban el Cristo” era una persona real, histórica.
14 Otros escritores del pasado también mencionan cosas de que hablan las Escrituras Griegas. Por ejemplo, los Evangelios nos dicen que muchas personas respondieron a la predicación de Jesús en Palestina. Cuando Poncio Pilato lo sentenció a muerte, los seguidores de Jesús quedaron confundidos y desalentados. Poco después estos mismos discípulos obraron denodadamente y llenaron a Jerusalén del mensaje de que su Señor había sido resucitado. En pocos años el cristianismo se había extendido por todo el Imperio Romano. (Mateo 4:25; 26:31; 27:24-26; Hechos 2:23, 24, 36; 5:28; 17:6.)
15 Testimonio de que esto fue realidad viene del historiador romano Tácito, quien no era amigo del cristianismo. Él escribió poco después del año 100 E.C., y menciona la cruel persecución de los cristianos por Nerón, y añade: “Cristo, el fundador del nombre, había sufrido la pena de muerte en el reinado de Tiberio, sentenciado por el procurador Poncio Pilato, y la perniciosa superstición se detuvo momentáneamente, pero surgió de nuevo, no solamente en Judea, donde comenzó aquella enfermedad, sino en la capital misma [Roma]”12.
16 En Hechos 18:2 el escritor bíblico menciona que “[el emperador romano] Claudio había ordenado que todos los judíos se fueran de Roma”. Suetonio, historiador romano del siglo segundo, también menciona esta expulsión. En su obra Claudio deificado, el historiador dice: “Puesto que los judíos constantemente causaban disturbios por instigación de Cresto, él [Claudio] los expulsó de Roma”13. Si Cresto aquí se refiere a Jesucristo, y si en Roma los sucesos siguieron el modelo de lo que pasó en otras ciudades, entonces los alborotos no fueron realmente por instigación de Cristo (es decir, los seguidores de Cristo). Más bien, fueron la reacción violenta de los judíos a la fiel predicación de los cristianos.
17 Justino Mártir, quien escribió a mediados del siglo segundo, dijo lo siguiente respecto a la muerte de Jesús: “Por las Actas de Poncio Pilato puedes determinar que estas cosas sucedieron”14. Además, según Justino Mártir estos mismos registros mencionaban los milagros de Jesús, de los cuales dice: “De las Actas de Poncio Pilato puedes aprender que Él hizo esas cosas”15. Es verdad que estas “Actas” o registros oficiales ya no existen. Pero es patente que existían en el siglo segundo, y Justino Mártir instó con confianza a sus lectores a comprobar con ellas la veracidad de lo que decía.
Las pruebas arqueológicas
18 Los descubrimientos arqueológicos también han ilustrado o confirmado lo que leemos en las Escrituras Griegas. Por ejemplo, en 1961 se halló el nombre de Poncio Pilato en una inscripción descubierta en las ruinas de un teatro romano en Cesarea16. Hasta el momento de este descubrimiento solo había habido prueba limitada —aparte de la Biblia misma— de la existencia de este gobernante romano.
19 En el Evangelio de Lucas leemos que Juan el Bautizante empezó su ministerio “cuando [...] Lisanias era gobernante de distrito de Abilene”. (Lucas 3:1.) Algunos dudaban de esa declaración porque Josefo mencionaba a un Lisanias que había gobernado en Abilene y había muerto en 34 a.E.C., mucho tiempo antes del nacimiento de Juan. Sin embargo, unos arqueólogos han descubierto en Abilene una inscripción que menciona a otro Lisanias que fue tetrarca (gobernante de distrito) durante el reinado de Tiberio, quien era el césar de Roma cuando Juan empezó su ministerio17. Bien pudiera ser este el Lisanias a quien se refirió Lucas.
20 En Hechos leemos que Pablo y Bernabé fueron enviados a efectuar obra misional en Chipre y allí conocieron a un procónsul llamado Sergio Paulo, “varón inteligente”. (Hechos 13:7.) A mediados del siglo XIX, en unas excavaciones en Chipre se descubrió una inscripción de 55 E.C. que menciona a este mismo hombre. De esto el arqueólogo G. Ernest Wright dice: “Es la única referencia que tenemos a este procónsul fuera de la Biblia, y es interesante que Lucas nos dé correctamente su nombre y título”18.
21 Cuando Pablo estuvo en Atenas dijo que había observado un altar con la dedicación: “A un Dios Desconocido”. (Hechos 17:23.) En partes del territorio del Imperio Romano se han descubierto altares dedicados en latín a dioses anónimos. Se halló uno en Pérgamo, con la inscripción escrita en griego, como habría sucedido en Atenas.
22 Después, estando Pablo en Éfeso, se enfrentó a la violenta oposición de unos plateros, cuyos ingresos provenían de hacer templetes e imágenes de la diosa Ártemis. Se llamaba a Éfeso “la guardiana del templo de la gran Ártemis”. (Hechos 19:35.) En conformidad con esto, varias figurillas de Ártemis hechas de arcilla y mármol se han descubierto en el lugar donde estaba la antigua Éfeso. Durante el siglo pasado se desenterraron los restos de un templo enorme.
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