jueves, 2 de junio de 2011

Capítulo 6 Los milagros... ¿fueron realidad?

‘Hoy día no suceden milagros’
11 La tercera objeción quedó resumida en los términos: “Esos prodigios nunca suceden en nuestros días”. Hume nunca había visto un milagro, así que se negaba a creer que pudiera haber milagros. Pero esa clase de razonamiento es inconsecuente. Cualquier persona pensadora tiene que admitir que antes de los días del filósofo escocés hubo “prodigios” que no se repitieron durante la vida de Hume. ¿Qué prodigios?
12 En primer lugar, la vida comenzó en la Tierra. Después, ciertas formas de vida fueron dotadas de sensibilidad. Con el tiempo apareció el hombre, dotado de sabiduría, imaginación, capacidad para amar y ejercicio de conciencia. Ningún científico puede explicar por las leyes naturales que funcionan hoy cómo sucedieron cosas tan extraordinarias. No obstante, tenemos evidencia viva de que sucedieron.
13 ¿Y qué hay de “prodigios” que han sucedido desde los días de David Hume? Suponga que pudiéramos viajar al pasado y hablarle a él acerca del mundo actual. Imagínese que usted tratara de explicarle que un hombre de negocios de Hamburgo puede hablar con otra persona a miles de kilómetros de distancia en Tokio sin siquiera levantar la voz; que un juego de fútbol en España puede verse por toda la Tierra mientras se efectúa; que naves mucho mayores que las embarcaciones de alta mar de los días de Hume pueden elevarse sobre la tierra y transportar a 500 personas por una distancia de miles de kilómetros en unas horas. ¿Puede usted imaginarse cómo reaccionaría? ‘¡Eso es imposible! ¡Esos prodigios nunca suceden en nuestros días!’
14 Pero esos ‘prodigios’ sí suceden en los días nuestros. ¿Por qué? Porque el hombre, usando principios científicos de los cuales Hume no tenía idea, ha aprendido a construir teléfonos, televisores y aviones. Por lo tanto, ¿es tan difícil creer que, de maneras que todavía no entendemos, a veces en el pasado Dios hizo cosas que para nosotros son milagrosas?

¿Cómo podemos saberlo?
15 Por supuesto, el decir que los milagros pudieran haber sucedido no significa que sucedieron. ¿Cómo podemos saber, en este siglo XX, si acaso allá en los tiempos bíblicos Dios efectuó o no verdaderos milagros mediante los siervos suyos en la Tierra? ¿Qué clase de prueba esperaría usted que los apoyara? Imagínese a un hombre de una tribu primitiva a quien se lleva de su hogar en la selva a visitar una ciudad grande. Cuando regresa, ¿cómo puede él describir a su pueblo las maravillas de la civilización? No puede explicar cómo funciona un automóvil ni por qué sale música de un radiorreceptor portátil. No puede construir una computadora u ordenador para probar que existe tal aparato. Lo único que puede hacer es contar lo que ha visto.
16 Nosotros estamos en la misma situación en que se hallarían los miembros de la tribu de aquel hombre. Si Dios realmente ha obrado milagros, solo podemos enterarnos de ellos por testigos oculares. Los testigos oculares no pueden explicar cómo sucedieron los milagros ni pueden duplicarlos. Solamente pueden decirnos lo que vieron. Es obvio que se puede engañar a testigos oculares. Ellos también pueden fácilmente exagerar y dar información errónea. Por eso, para creer su testimonio tenemos que saber que esos testigos oculares son veraces, de buena calidad, y que han demostrado que sus motivos son buenos.

El milagro mejor atestiguado
17 El milagro mejor atestiguado de la Biblia es la resurrección de Jesucristo; por eso, ¿por qué no usarlo como caso de prueba, por decirlo así? Primero, considere los datos que se informan: Jesús fue arrestado la noche del 14 de Nisán, un jueves por la noche, según contamos la semana en tiempos modernos. Compareció ante los líderes de los judíos, que lo acusaron de blasfemia y decidieron que tenía que morir. Los líderes judíos llevaron a Jesús ante el gobernador romano Poncio Pilato, quien cedió a la presión de aquellos hombres y lo entregó para que fuera ejecutado. El día siguiente, viernes —todavía 14 de Nisán en el calendario judío— Jesús fue fijado con clavos a un madero de tormento, y pocas horas después murió. (Marcos 14:43-65; 15:1-39.)
18 Después que un soldado romano punzó el costado de Jesús con una lanza para asegurarse de que en verdad estaba muerto, el cadáver de Jesús fue colocado en una tumba nueva. El día siguiente, 15 de Nisán (viernes/sábado), era día de descanso judío, o sábado. Pero la mañana del 16 de Nisán —domingo por la mañana— unos discípulos fueron a la tumba y la hallaron vacía. Pronto empezaron a circular informes de que se había visto vivo a Jesús. Aquellos relatos fueron recibidos al principio exactamente como serían recibidos hoy... con incredulidad. Ni siquiera los apóstoles creyeron. Pero cuando ellos mismos vieron vivo a Jesús, tuvieron que aceptar la realidad de que había sido levantado de entre los muertos. (Juan 19:31–20:29; Lucas 24:11.)
La tumba vacía
19 ¿Había sido resucitado Jesús, o es todo puro invento? Algo que la gente de entonces quizás habría preguntado es: ¿Está el cuerpo de Jesús todavía en la tumba? Los seguidores de Jesús habrían tenido que enfrentarse a un obstáculo enorme si sus adversarios hubieran podido señalar al cadáver todavía en el sepulcro como prueba de que Jesús no había sido resucitado. Sin embargo, no hay ningún registro de que hicieran eso. Más bien, según la Biblia ellos dieron dinero a los soldados asignados a vigilar la tumba y les dijeron: “Digan: ‘Sus discípulos vinieron de noche y lo hurtaron mientras nosotros dormíamos’”. (Mateo 28:11-13.) También tenemos prueba, aparte de lo que dice la Biblia, de que los líderes judíos hicieron eso.
20 Alrededor de un siglo después de la muerte de Jesús, Justino Mártir escribió una obra llamada Diálogo con Trifón. En ella dijo: “Ustedes [los judíos] han enviado por todo el mundo a hombres escogidos y ordenados para proclamar que una herejía impía y desaforada había procedido de cierto Jesús, un engañador galileo, a quien crucificamos, pero a quien por la noche sus discípulos robaron de la tumba donde había sido puesto”7.
21 Ahora bien, Trifón era judío, y el Diálogo con Trifón se escribió para defender el cristianismo contra el judaísmo. Por lo tanto, no sería probable que Justino Mártir hubiera dicho lo que dijo —que los judíos acusaban a los cristianos de haber robado el cuerpo de Jesús de la tumba— si los judíos no hubieran presentado tal acusación. De otro modo se habría expuesto a una acusación fácilmente verificable de haber mentido. Justino Mártir sólo habría dicho eso si en realidad los judíos hubieran enviado tales mensajeros. Y ellos habrían hecho eso únicamente si en realidad la tumba hubiera estado vacía el 16 de Nisán de 33 E.C. y ellos no hubieran podido señalar al cadáver de Jesús en la tumba como prueba de que no había sido resucitado. Por eso, puesto que la tumba estaba vacía, ¿qué había sucedido? ¿Sería verdad que los discípulos habían robado el cadáver, o había sido eliminado el cuerpo milagrosamente como prueba de que Jesús realmente había sido resucitado

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