[Notas]
Decimos “por lo general” porque puede que algunos milagros de la Biblia impliquen fenómenos naturales, como terremotos o desprendimientos de tierras. Con todo, todavía se les considera milagros por haber sucedido precisamente cuando se necesitaban y, por lo tanto, evidentemente por disposición divina. (Josué 3:15, 16; 6:20.)
El día judío empezaba alrededor de las seis de la tarde y continuaba hasta las seis de la siguiente tarde.
[Comentario de la página 81]
Los enemigos del cristianismo dijeron que los discípulos habían robado el cuerpo de Jesús. Si así hubiera sido, ¿por qué habrían estado dispuestos a morir por una fe basada en la resurrección de Jesús los cristianos?
[Recuadro de la página 85]
¿Por qué no hay milagros hoy?
A veces se pregunta: ‘¿Por qué no hay milagros hoy como los de la Biblia?’. La respuesta es que había cierto propósito para los milagros de aquel tiempo, pero hoy Dios espera que vivamos por fe. (Habacuc 2:2-4; Hebreos 10:37-39.)
En los días de Moisés hubo milagros que acreditaron a Moisés. Demostraron que Jehová lo utilizaba, y también que el pacto de la Ley era en verdad de origen divino, y que desde entonces los israelitas eran el pueblo escogido de Dios. (Éxodo 4:1-9, 30, 31; Deuteronomio 4:33, 34.)
En el primer siglo los milagros ayudaron a acreditar a Jesús y, después de él, a la congregación cristiana en sus comienzos. Ayudaron a demostrar que Jesús era el Mesías prometido, que después de su muerte la congregación cristiana había reemplazado al Israel carnal como el pueblo especial de Dios, y que por lo tanto la Ley de Moisés ya no tenía vigencia. (Hechos 19:11-20; Hebreos 2:3, 4.)
Al pasar los días de los apóstoles pasó el tiempo de los milagros. El apóstol Pablo explicó: “Sea que haya dones de profetizar, serán eliminados; sea que haya lenguas, cesarán; sea que haya conocimiento, será eliminado. Porque tenemos conocimiento parcial y profetizamos parcialmente; pero cuando llegue lo que es completo, lo que es parcial será eliminado”. (1 Corintios 13:8-10.)
Hoy tenemos la Biblia completa, con todas las revelaciones y el consejo de Dios. Tenemos el cumplimiento de la profecía y un entendimiento adelantado de los propósitos divinos. Por eso, no hay necesidad de milagros. No obstante, el mismo espíritu de Dios que hizo posibles los milagros todavía existe, y produce resultados que dan prueba igualmente convincente del funcionamiento del poder divino. Consideraremos más sobre esto en un capítulo futuro.
[Fotografía de la página 75]
Muchos ven en lo confiable de las leyes naturales —como el que el Sol salga cada mañana— prueba de que no puede haber milagros
[Fotografía de la página 77]
La creación de la Tierra como hogar de diversas formas de vida fue un ‘prodigio’ que sucedió una sola vez
[Fotografías de la página 78]
¿Cómo explicaría usted las maravillas de la ciencia moderna a alguien de dos siglos atrás?
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