Los defensores de la Biblia
11 Felizmente, muchas personas sinceras rehusaron obedecer aquellos edictos. Pero era peligroso negarse a obedecerlos. Algunos sufrieron muchísimo por el “delito” de poseer una Biblia. Considere, por ejemplo, el caso de un español llamado Julián Hernández. Según History of Christian Martyrdom, de Foxe, Julián (o Juliano) “se dispuso a transportar de Alemania a su propio país una gran cantidad de Biblias, escondidas en toneles y marcadas como vino del Rin”. Alguien lo delató, y la Inquisición católica romana lo arrestó. En cuanto a los que habían de recibir las Biblias, “a todos los torturaron indiscriminadamente, y luego se sentenció a varios castigos a la mayoría. A Juliano lo quemaron, a veinte de ellos los asaron, a varios los condenaron a cadena perpetua, a otros los azotaron públicamente y a muchos los condenaron a galeras”8.
12 ¡Qué horrible abuso del poder! ¡Es obvio que aquellas autoridades religiosas no representaban el cristianismo bíblico! La Biblia misma reveló a quién pertenecían cuando dijo: “Los hijos de Dios y los hijos del Diablo se hacen evidentes por este hecho: Todo el que no se ocupa en la justicia no se origina de Dios, tampoco el que no ama a su hermano. Porque este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio, que debemos tener amor unos para con otros; no como Caín, que se originó del inicuo y degolló a su hermano”. (1 Juan 3:10-12.)
13 ¡Pero es notable que hombres y mujeres se arriesgaran a recibir trato tan cruel sólo para poseer una Biblia! Y ejemplos como esos se han multiplicado muchísimas veces desde entonces hasta nuestros días. La profunda devoción que la Biblia ha inspirado en ciertas personas, de modo que estuvieran dispuestas a sufrir pacientemente y someterse sin quejas a una muerte terrible sin levantarse contra sus torturadores, es prueba contundente de que la Biblia es la Palabra de Dios. (1 Pedro 2:21.)
14 Con el tiempo, después de la rebelión protestante contra el poder católico romano en el siglo XVI, la misma Iglesia Católica Romana se vio obligada a producir traducciones de la Biblia en las lenguas comunes de Europa. Pero aun entonces la Biblia se asoció más con el protestantismo que con el catolicismo. Como escribió el sacerdote católico romano Edward J. Ciuba: “Hay que reconocer honradamente que una de las consecuencias más trágicas de la Reforma protestante fue que los fieles católicos descuidaron la Biblia. Aunque nunca fue olvidada por completo, para la mayoría de ellos la Biblia era un libro cerrado”9.
La alta crítica
15 Pero las iglesias protestantes no están sin culpa en lo que respecta a oponerse a la Biblia. Con el transcurso de los años ciertos eruditos protestantes lanzaron otra clase de ataque contra la Biblia: un ataque intelectual. Durante los siglos XVIII y XIX desarrollaron un método de estudiar la Biblia conocido como la alta crítica. Sus exponentes enseñaban que gran parte de la Biblia se componía de leyenda y mito. Algunos hasta dijeron que Jesús nunca había existido. En vez de decir que la Biblia era la Palabra de Dios, aquellos eruditos protestantes decían que era la palabra del hombre, y, además, una palabra muy confusa.
16 Aunque ya no se creen las más extremas de aquellas ideas, en algunos seminarios todavía se enseña la alta crítica, y no es raro oír a clérigos protestantes negar en público la veracidad de grandes porciones de la Biblia. Así, en un periódico australiano se citaron las palabras de un clérigo anglicano que dijo que gran parte del contenido de la Biblia “sencillamente es incorrecto. Parte de la historia es incorrecta. Es obvio que algunos de los detalles han sido falsificados”. Esa manera de pensar es el resultado de la alta crítica.
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