La conclusión de Lucas, el médico
22 Un hombre muy educado del primer siglo que dio consideración cuidadosa a las pruebas fue Lucas, un médico. (Colosenses 4:14.) Lucas escribió dos libros que ahora son parte de la Biblia: uno fue un Evangelio, o historia del ministerio de Jesús, y el otro, llamado los Hechos de Apóstoles, fue una historia de la propagación del cristianismo en los años posteriores a la muerte de Jesús.
23 En la introducción a su Evangelio Lucas alude a muchas pruebas que le estuvieron asequibles, pero que ya no lo están a nosotros. Habla de los documentos escritos que consultó acerca de la vida de Jesús. También indica que habló con testigos oculares de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Entonces dice: “He investigado todas las cosas desde el comienzo con exactitud”. (Lucas 1:1-3.) Es patente que la investigación de Lucas fue minuciosa. ¿Era buen historiador?
24 Muchos han atestiguado que lo era. Allá en 1913, en un discurso, sir William Ramsay comentó sobre la historicidad de las obras de Lucas. ¿A qué conclusión había llegado? “Lucas es un historiador de primera categoría; no solo porque se puede confiar en los hechos que expone, sino también porque tiene verdadero sentido histórico8.” Investigadores más recientes han llegado a la misma conclusión. The Living Word Commentary (Comentario sobre la Palabra viva), al introducir sus tomos sobre Lucas, dice: “Lucas fue tanto historiador (e historiador fiel) como teólogo”.
25 El Dr. David Gooding, ex profesor de griego del Antiguo Testamento en Irlanda del Norte, declara que Lucas fue “un historiador antiguo a la manera de los historiadores del Antiguo Testamento y a la manera de Tucídides [uno de los historiadores más estimados del mundo antiguo]. Como ellos, él habrá hecho grandes esfuerzos por investigar sus fuentes y escoger y ordenar su material. [...] Tucídides combinó este método con una pasión por la exactitud histórica: no hay razón para creer que Lucas hizo menos que eso”9.
26 ¿A qué conclusión llegó ese hombre tan capacitado, Lucas, tocante a por qué se encontró vacía la tumba de Jesús el 16 de Nisán? Tanto en su Evangelio como en el libro de Hechos, Lucas informa como realidad que Jesús fue levantado de entre los muertos. (Lucas 24:1-52; Hechos 1:3.) No tenía ninguna duda de ello. Puede que sus propias experiencias fortalecieran su fe en el milagro de la resurrección. Aunque parece que no fue testigo ocular de la resurrección, sí informa que fue testigo de milagros que hizo el apóstol Pablo. (Hechos 20:7-12; 28:8, 9.)
Vieron a Jesús resucitado
27 Tradicionalmente, dos de los Evangelios se atribuyen a hombres que conocieron a Jesús, lo vieron morir y afirmaron que hasta lo habían visto después de su resurrección. Estos son el apóstol Mateo, ex recaudador de impuestos, y Juan, el apóstol amado de Jesús. Otro escritor bíblico, el apóstol Pablo, también afirmó haber visto a Cristo resucitado. Además, Pablo enumera por nombre a otras personas que vieron a Jesús vivo después de su muerte, y dice que en cierta ocasión Jesús se apareció a “más de quinientos hermanos”. (1 Corintios 15:3-8.)
28 Pablo menciona entre los que fueron testigos oculares a Santiago, medio hermano carnal de Jesús, quien tiene que haber conocido a Jesús desde la infancia. También fue testigo ocular el apóstol Pedro; el historiador Lucas informa que Pedro dio un testimonio denodado sobre la resurrección de Jesús tan solo pocas semanas después de Su muerte. (Hechos 2:23, 24.) La tradición atribuye dos cartas de la Biblia a Pedro, y en la primera de estas él muestra que su fe en la resurrección de Jesús era todavía en él un impulso poderoso muchos años después de aquel acontecimiento. Escribió: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque, según su gran misericordia, nos dio un nuevo nacimiento a una esperanza viva mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”. (1 Pedro 1:3.)
29 Por consiguiente, tal como Lucas pudo hablar con personas que afirmaban haber visto a Jesús y hablado con él después de su muerte, nosotros podemos leer las palabras que algunas de ellas escribieron. Y podemos juzgar para nosotros mismos si a aquellas personas se las había engañado, si estaban tratando de engañarnos, o si en realidad habían visto al Cristo resucitado. Francamente, nadie pudiera haberlas engañado. Varias de ellas habían tenido amistad íntima con Jesús hasta Su muerte. Algunas habían sido testigos de su agonía mientras colgaba del madero de tormento. Vieron la sangre y el agua que fluyó de la herida de lanza que le infligió un soldado. El soldado supo, y ellos supieron, que indisputablemente Jesús había muerto. Después esas personas dicen que lo vieron vivo y hasta hablaron con él. No; nadie pudo haberlas engañado. Entonces, ¿estaban tratando de engañarnos al decir que Jesús había sido resucitado? (Juan 19:32-35; 21:4, 15-24.)
30 Para contestar eso, simplemente tenemos que preguntarnos: ¿Creían aquellas personas lo que decían? Sí; sin duda alguna. Para los cristianos, entre ellos los que afirmaban haber sido testigos oculares, la resurrección de Jesús era el fundamento mismo de lo que creían. El apóstol Pablo dijo: “Si Cristo no ha sido levantado, nuestra predicación ciertamente es en vano, y nuestra fe es en vano [...] Si Cristo no ha sido levantado, la fe de ustedes es inútil”. (1 Corintios 15:14, 17.) ¿Parecen esas las palabras de un hombre que miente cuando dice que ha visto a Cristo resucitado?
31 Considere lo que significaba ser cristiano en aquellos días. No se ganaba prestigio, poder ni riquezas. Todo lo contrario. Muchos cristianos primitivos “aceptaron gozosamente el saqueo de sus bienes” por retener su fe. (Hebreos 10:34.) El cristianismo exigía una vida de sacrificio y aguantar persecución, que en muchos casos terminaba en martirio mediante una muerte vergonzosa y dolorosa.
32 Algunos cristianos provenían de familias prósperas, como el apóstol Juan, cuyo padre evidentemente tenía un próspero negocio de pesca en Galilea. Muchos tenían buenas perspectivas, como Pablo, quien, cuando aceptó el cristianismo, había estudiado bajo el famoso rabino Gamaliel y empezaba a distinguirse a los ojos de los gobernantes judíos. (Hechos 9:1, 2; 22:3; Gálatas 1:14.) No obstante, todos volvieron la espalda a lo que este mundo les ofrecía a fin de esparcir un mensaje basado en que Jesús había sido resucitado de entre los muertos. (Colosenses 1:23, 28.) ¿Por qué hacer tales sacrificios para sufrir por una causa que supieran que estuviera basada en una mentira? La respuesta es que no habrían hecho eso. Estuvieron dispuestos a sufrir y morir por una causa que sabían que se fundaba en la verdad.
Sí hay milagros
33 Sí, la prueba procedente de los testimonios es absolutamente convincente. Jesús en realidad fue levantado de entre los muertos el 16 de Nisán de 33 E.C. Y puesto que esa resurrección sucedió, todos los demás milagros de la Biblia son posibles... milagros para los cuales también tenemos testimonio sólido, de testigos oculares. La misma Potencia que levantó a Jesús de entre los muertos también hizo posible que él resucitara al hijo de la viuda de Naín. También dio poder a Jesús para ejecutar milagros menores que ese, pero todavía maravillosos, de curación. Esa Potencia estuvo tras la alimentación milagrosa de la multitud, y también hizo posible que Jesús anduviera sobre el agua. (Lucas 7:11-15; Mateo 11:4-6; 14:14-21, 23-31.)
34 Como se ve, la mención de milagros no es razón para que dudemos de la veracidad de la Biblia. Más bien, los milagros que sucedieron en los tiempos bíblicos son prueba convincente de que la Biblia es realmente la Palabra de Dios. Pero algunos levantan contra la Biblia otra acusación. Muchos dicen que se contradice, y que por eso no puede ser la Palabra de Dios. ¿Dicen la verdad?
No hay comentarios:
Publicar un comentario