[Notas]
Decimos “por lo general” porque puede que algunos milagros de la Biblia impliquen fenómenos naturales, como terremotos o desprendimientos de tierras. Con todo, todavía se les considera milagros por haber sucedido precisamente cuando se necesitaban y, por lo tanto, evidentemente por disposición divina. (Josué 3:15, 16; 6:20.)
El día judío empezaba alrededor de las seis de la tarde y continuaba hasta las seis de la siguiente tarde.
[Comentario de la página 81]
Los enemigos del cristianismo dijeron que los discípulos habían robado el cuerpo de Jesús. Si así hubiera sido, ¿por qué habrían estado dispuestos a morir por una fe basada en la resurrección de Jesús los cristianos?
[Recuadro de la página 85]
¿Por qué no hay milagros hoy?
A veces se pregunta: ‘¿Por qué no hay milagros hoy como los de la Biblia?’. La respuesta es que había cierto propósito para los milagros de aquel tiempo, pero hoy Dios espera que vivamos por fe. (Habacuc 2:2-4; Hebreos 10:37-39.)
En los días de Moisés hubo milagros que acreditaron a Moisés. Demostraron que Jehová lo utilizaba, y también que el pacto de la Ley era en verdad de origen divino, y que desde entonces los israelitas eran el pueblo escogido de Dios. (Éxodo 4:1-9, 30, 31; Deuteronomio 4:33, 34.)
En el primer siglo los milagros ayudaron a acreditar a Jesús y, después de él, a la congregación cristiana en sus comienzos. Ayudaron a demostrar que Jesús era el Mesías prometido, que después de su muerte la congregación cristiana había reemplazado al Israel carnal como el pueblo especial de Dios, y que por lo tanto la Ley de Moisés ya no tenía vigencia. (Hechos 19:11-20; Hebreos 2:3, 4.)
Al pasar los días de los apóstoles pasó el tiempo de los milagros. El apóstol Pablo explicó: “Sea que haya dones de profetizar, serán eliminados; sea que haya lenguas, cesarán; sea que haya conocimiento, será eliminado. Porque tenemos conocimiento parcial y profetizamos parcialmente; pero cuando llegue lo que es completo, lo que es parcial será eliminado”. (1 Corintios 13:8-10.)
Hoy tenemos la Biblia completa, con todas las revelaciones y el consejo de Dios. Tenemos el cumplimiento de la profecía y un entendimiento adelantado de los propósitos divinos. Por eso, no hay necesidad de milagros. No obstante, el mismo espíritu de Dios que hizo posibles los milagros todavía existe, y produce resultados que dan prueba igualmente convincente del funcionamiento del poder divino. Consideraremos más sobre esto en un capítulo futuro.
[Fotografía de la página 75]
Muchos ven en lo confiable de las leyes naturales —como el que el Sol salga cada mañana— prueba de que no puede haber milagros
[Fotografía de la página 77]
La creación de la Tierra como hogar de diversas formas de vida fue un ‘prodigio’ que sucedió una sola vez
[Fotografías de la página 78]
¿Cómo explicaría usted las maravillas de la ciencia moderna a alguien de dos siglos atrás?
jueves, 2 de junio de 2011
La conclusión de Lucas, el médico
22 Un hombre muy educado del primer siglo que dio consideración cuidadosa a las pruebas fue Lucas, un médico. (Colosenses 4:14.) Lucas escribió dos libros que ahora son parte de la Biblia: uno fue un Evangelio, o historia del ministerio de Jesús, y el otro, llamado los Hechos de Apóstoles, fue una historia de la propagación del cristianismo en los años posteriores a la muerte de Jesús.
23 En la introducción a su Evangelio Lucas alude a muchas pruebas que le estuvieron asequibles, pero que ya no lo están a nosotros. Habla de los documentos escritos que consultó acerca de la vida de Jesús. También indica que habló con testigos oculares de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Entonces dice: “He investigado todas las cosas desde el comienzo con exactitud”. (Lucas 1:1-3.) Es patente que la investigación de Lucas fue minuciosa. ¿Era buen historiador?
24 Muchos han atestiguado que lo era. Allá en 1913, en un discurso, sir William Ramsay comentó sobre la historicidad de las obras de Lucas. ¿A qué conclusión había llegado? “Lucas es un historiador de primera categoría; no solo porque se puede confiar en los hechos que expone, sino también porque tiene verdadero sentido histórico8.” Investigadores más recientes han llegado a la misma conclusión. The Living Word Commentary (Comentario sobre la Palabra viva), al introducir sus tomos sobre Lucas, dice: “Lucas fue tanto historiador (e historiador fiel) como teólogo”.
25 El Dr. David Gooding, ex profesor de griego del Antiguo Testamento en Irlanda del Norte, declara que Lucas fue “un historiador antiguo a la manera de los historiadores del Antiguo Testamento y a la manera de Tucídides [uno de los historiadores más estimados del mundo antiguo]. Como ellos, él habrá hecho grandes esfuerzos por investigar sus fuentes y escoger y ordenar su material. [...] Tucídides combinó este método con una pasión por la exactitud histórica: no hay razón para creer que Lucas hizo menos que eso”9.
26 ¿A qué conclusión llegó ese hombre tan capacitado, Lucas, tocante a por qué se encontró vacía la tumba de Jesús el 16 de Nisán? Tanto en su Evangelio como en el libro de Hechos, Lucas informa como realidad que Jesús fue levantado de entre los muertos. (Lucas 24:1-52; Hechos 1:3.) No tenía ninguna duda de ello. Puede que sus propias experiencias fortalecieran su fe en el milagro de la resurrección. Aunque parece que no fue testigo ocular de la resurrección, sí informa que fue testigo de milagros que hizo el apóstol Pablo. (Hechos 20:7-12; 28:8, 9.)
Vieron a Jesús resucitado
27 Tradicionalmente, dos de los Evangelios se atribuyen a hombres que conocieron a Jesús, lo vieron morir y afirmaron que hasta lo habían visto después de su resurrección. Estos son el apóstol Mateo, ex recaudador de impuestos, y Juan, el apóstol amado de Jesús. Otro escritor bíblico, el apóstol Pablo, también afirmó haber visto a Cristo resucitado. Además, Pablo enumera por nombre a otras personas que vieron a Jesús vivo después de su muerte, y dice que en cierta ocasión Jesús se apareció a “más de quinientos hermanos”. (1 Corintios 15:3-8.)
28 Pablo menciona entre los que fueron testigos oculares a Santiago, medio hermano carnal de Jesús, quien tiene que haber conocido a Jesús desde la infancia. También fue testigo ocular el apóstol Pedro; el historiador Lucas informa que Pedro dio un testimonio denodado sobre la resurrección de Jesús tan solo pocas semanas después de Su muerte. (Hechos 2:23, 24.) La tradición atribuye dos cartas de la Biblia a Pedro, y en la primera de estas él muestra que su fe en la resurrección de Jesús era todavía en él un impulso poderoso muchos años después de aquel acontecimiento. Escribió: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque, según su gran misericordia, nos dio un nuevo nacimiento a una esperanza viva mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”. (1 Pedro 1:3.)
29 Por consiguiente, tal como Lucas pudo hablar con personas que afirmaban haber visto a Jesús y hablado con él después de su muerte, nosotros podemos leer las palabras que algunas de ellas escribieron. Y podemos juzgar para nosotros mismos si a aquellas personas se las había engañado, si estaban tratando de engañarnos, o si en realidad habían visto al Cristo resucitado. Francamente, nadie pudiera haberlas engañado. Varias de ellas habían tenido amistad íntima con Jesús hasta Su muerte. Algunas habían sido testigos de su agonía mientras colgaba del madero de tormento. Vieron la sangre y el agua que fluyó de la herida de lanza que le infligió un soldado. El soldado supo, y ellos supieron, que indisputablemente Jesús había muerto. Después esas personas dicen que lo vieron vivo y hasta hablaron con él. No; nadie pudo haberlas engañado. Entonces, ¿estaban tratando de engañarnos al decir que Jesús había sido resucitado? (Juan 19:32-35; 21:4, 15-24.)
30 Para contestar eso, simplemente tenemos que preguntarnos: ¿Creían aquellas personas lo que decían? Sí; sin duda alguna. Para los cristianos, entre ellos los que afirmaban haber sido testigos oculares, la resurrección de Jesús era el fundamento mismo de lo que creían. El apóstol Pablo dijo: “Si Cristo no ha sido levantado, nuestra predicación ciertamente es en vano, y nuestra fe es en vano [...] Si Cristo no ha sido levantado, la fe de ustedes es inútil”. (1 Corintios 15:14, 17.) ¿Parecen esas las palabras de un hombre que miente cuando dice que ha visto a Cristo resucitado?
31 Considere lo que significaba ser cristiano en aquellos días. No se ganaba prestigio, poder ni riquezas. Todo lo contrario. Muchos cristianos primitivos “aceptaron gozosamente el saqueo de sus bienes” por retener su fe. (Hebreos 10:34.) El cristianismo exigía una vida de sacrificio y aguantar persecución, que en muchos casos terminaba en martirio mediante una muerte vergonzosa y dolorosa.
32 Algunos cristianos provenían de familias prósperas, como el apóstol Juan, cuyo padre evidentemente tenía un próspero negocio de pesca en Galilea. Muchos tenían buenas perspectivas, como Pablo, quien, cuando aceptó el cristianismo, había estudiado bajo el famoso rabino Gamaliel y empezaba a distinguirse a los ojos de los gobernantes judíos. (Hechos 9:1, 2; 22:3; Gálatas 1:14.) No obstante, todos volvieron la espalda a lo que este mundo les ofrecía a fin de esparcir un mensaje basado en que Jesús había sido resucitado de entre los muertos. (Colosenses 1:23, 28.) ¿Por qué hacer tales sacrificios para sufrir por una causa que supieran que estuviera basada en una mentira? La respuesta es que no habrían hecho eso. Estuvieron dispuestos a sufrir y morir por una causa que sabían que se fundaba en la verdad.
Sí hay milagros
33 Sí, la prueba procedente de los testimonios es absolutamente convincente. Jesús en realidad fue levantado de entre los muertos el 16 de Nisán de 33 E.C. Y puesto que esa resurrección sucedió, todos los demás milagros de la Biblia son posibles... milagros para los cuales también tenemos testimonio sólido, de testigos oculares. La misma Potencia que levantó a Jesús de entre los muertos también hizo posible que él resucitara al hijo de la viuda de Naín. También dio poder a Jesús para ejecutar milagros menores que ese, pero todavía maravillosos, de curación. Esa Potencia estuvo tras la alimentación milagrosa de la multitud, y también hizo posible que Jesús anduviera sobre el agua. (Lucas 7:11-15; Mateo 11:4-6; 14:14-21, 23-31.)
34 Como se ve, la mención de milagros no es razón para que dudemos de la veracidad de la Biblia. Más bien, los milagros que sucedieron en los tiempos bíblicos son prueba convincente de que la Biblia es realmente la Palabra de Dios. Pero algunos levantan contra la Biblia otra acusación. Muchos dicen que se contradice, y que por eso no puede ser la Palabra de Dios. ¿Dicen la verdad?
22 Un hombre muy educado del primer siglo que dio consideración cuidadosa a las pruebas fue Lucas, un médico. (Colosenses 4:14.) Lucas escribió dos libros que ahora son parte de la Biblia: uno fue un Evangelio, o historia del ministerio de Jesús, y el otro, llamado los Hechos de Apóstoles, fue una historia de la propagación del cristianismo en los años posteriores a la muerte de Jesús.
23 En la introducción a su Evangelio Lucas alude a muchas pruebas que le estuvieron asequibles, pero que ya no lo están a nosotros. Habla de los documentos escritos que consultó acerca de la vida de Jesús. También indica que habló con testigos oculares de la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Entonces dice: “He investigado todas las cosas desde el comienzo con exactitud”. (Lucas 1:1-3.) Es patente que la investigación de Lucas fue minuciosa. ¿Era buen historiador?
24 Muchos han atestiguado que lo era. Allá en 1913, en un discurso, sir William Ramsay comentó sobre la historicidad de las obras de Lucas. ¿A qué conclusión había llegado? “Lucas es un historiador de primera categoría; no solo porque se puede confiar en los hechos que expone, sino también porque tiene verdadero sentido histórico8.” Investigadores más recientes han llegado a la misma conclusión. The Living Word Commentary (Comentario sobre la Palabra viva), al introducir sus tomos sobre Lucas, dice: “Lucas fue tanto historiador (e historiador fiel) como teólogo”.
25 El Dr. David Gooding, ex profesor de griego del Antiguo Testamento en Irlanda del Norte, declara que Lucas fue “un historiador antiguo a la manera de los historiadores del Antiguo Testamento y a la manera de Tucídides [uno de los historiadores más estimados del mundo antiguo]. Como ellos, él habrá hecho grandes esfuerzos por investigar sus fuentes y escoger y ordenar su material. [...] Tucídides combinó este método con una pasión por la exactitud histórica: no hay razón para creer que Lucas hizo menos que eso”9.
26 ¿A qué conclusión llegó ese hombre tan capacitado, Lucas, tocante a por qué se encontró vacía la tumba de Jesús el 16 de Nisán? Tanto en su Evangelio como en el libro de Hechos, Lucas informa como realidad que Jesús fue levantado de entre los muertos. (Lucas 24:1-52; Hechos 1:3.) No tenía ninguna duda de ello. Puede que sus propias experiencias fortalecieran su fe en el milagro de la resurrección. Aunque parece que no fue testigo ocular de la resurrección, sí informa que fue testigo de milagros que hizo el apóstol Pablo. (Hechos 20:7-12; 28:8, 9.)
Vieron a Jesús resucitado
27 Tradicionalmente, dos de los Evangelios se atribuyen a hombres que conocieron a Jesús, lo vieron morir y afirmaron que hasta lo habían visto después de su resurrección. Estos son el apóstol Mateo, ex recaudador de impuestos, y Juan, el apóstol amado de Jesús. Otro escritor bíblico, el apóstol Pablo, también afirmó haber visto a Cristo resucitado. Además, Pablo enumera por nombre a otras personas que vieron a Jesús vivo después de su muerte, y dice que en cierta ocasión Jesús se apareció a “más de quinientos hermanos”. (1 Corintios 15:3-8.)
28 Pablo menciona entre los que fueron testigos oculares a Santiago, medio hermano carnal de Jesús, quien tiene que haber conocido a Jesús desde la infancia. También fue testigo ocular el apóstol Pedro; el historiador Lucas informa que Pedro dio un testimonio denodado sobre la resurrección de Jesús tan solo pocas semanas después de Su muerte. (Hechos 2:23, 24.) La tradición atribuye dos cartas de la Biblia a Pedro, y en la primera de estas él muestra que su fe en la resurrección de Jesús era todavía en él un impulso poderoso muchos años después de aquel acontecimiento. Escribió: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque, según su gran misericordia, nos dio un nuevo nacimiento a una esperanza viva mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”. (1 Pedro 1:3.)
29 Por consiguiente, tal como Lucas pudo hablar con personas que afirmaban haber visto a Jesús y hablado con él después de su muerte, nosotros podemos leer las palabras que algunas de ellas escribieron. Y podemos juzgar para nosotros mismos si a aquellas personas se las había engañado, si estaban tratando de engañarnos, o si en realidad habían visto al Cristo resucitado. Francamente, nadie pudiera haberlas engañado. Varias de ellas habían tenido amistad íntima con Jesús hasta Su muerte. Algunas habían sido testigos de su agonía mientras colgaba del madero de tormento. Vieron la sangre y el agua que fluyó de la herida de lanza que le infligió un soldado. El soldado supo, y ellos supieron, que indisputablemente Jesús había muerto. Después esas personas dicen que lo vieron vivo y hasta hablaron con él. No; nadie pudo haberlas engañado. Entonces, ¿estaban tratando de engañarnos al decir que Jesús había sido resucitado? (Juan 19:32-35; 21:4, 15-24.)
30 Para contestar eso, simplemente tenemos que preguntarnos: ¿Creían aquellas personas lo que decían? Sí; sin duda alguna. Para los cristianos, entre ellos los que afirmaban haber sido testigos oculares, la resurrección de Jesús era el fundamento mismo de lo que creían. El apóstol Pablo dijo: “Si Cristo no ha sido levantado, nuestra predicación ciertamente es en vano, y nuestra fe es en vano [...] Si Cristo no ha sido levantado, la fe de ustedes es inútil”. (1 Corintios 15:14, 17.) ¿Parecen esas las palabras de un hombre que miente cuando dice que ha visto a Cristo resucitado?
31 Considere lo que significaba ser cristiano en aquellos días. No se ganaba prestigio, poder ni riquezas. Todo lo contrario. Muchos cristianos primitivos “aceptaron gozosamente el saqueo de sus bienes” por retener su fe. (Hebreos 10:34.) El cristianismo exigía una vida de sacrificio y aguantar persecución, que en muchos casos terminaba en martirio mediante una muerte vergonzosa y dolorosa.
32 Algunos cristianos provenían de familias prósperas, como el apóstol Juan, cuyo padre evidentemente tenía un próspero negocio de pesca en Galilea. Muchos tenían buenas perspectivas, como Pablo, quien, cuando aceptó el cristianismo, había estudiado bajo el famoso rabino Gamaliel y empezaba a distinguirse a los ojos de los gobernantes judíos. (Hechos 9:1, 2; 22:3; Gálatas 1:14.) No obstante, todos volvieron la espalda a lo que este mundo les ofrecía a fin de esparcir un mensaje basado en que Jesús había sido resucitado de entre los muertos. (Colosenses 1:23, 28.) ¿Por qué hacer tales sacrificios para sufrir por una causa que supieran que estuviera basada en una mentira? La respuesta es que no habrían hecho eso. Estuvieron dispuestos a sufrir y morir por una causa que sabían que se fundaba en la verdad.
Sí hay milagros
33 Sí, la prueba procedente de los testimonios es absolutamente convincente. Jesús en realidad fue levantado de entre los muertos el 16 de Nisán de 33 E.C. Y puesto que esa resurrección sucedió, todos los demás milagros de la Biblia son posibles... milagros para los cuales también tenemos testimonio sólido, de testigos oculares. La misma Potencia que levantó a Jesús de entre los muertos también hizo posible que él resucitara al hijo de la viuda de Naín. También dio poder a Jesús para ejecutar milagros menores que ese, pero todavía maravillosos, de curación. Esa Potencia estuvo tras la alimentación milagrosa de la multitud, y también hizo posible que Jesús anduviera sobre el agua. (Lucas 7:11-15; Mateo 11:4-6; 14:14-21, 23-31.)
34 Como se ve, la mención de milagros no es razón para que dudemos de la veracidad de la Biblia. Más bien, los milagros que sucedieron en los tiempos bíblicos son prueba convincente de que la Biblia es realmente la Palabra de Dios. Pero algunos levantan contra la Biblia otra acusación. Muchos dicen que se contradice, y que por eso no puede ser la Palabra de Dios. ¿Dicen la verdad?
Capítulo 6 Los milagros... ¿fueron realidad?
‘Hoy día no suceden milagros’
11 La tercera objeción quedó resumida en los términos: “Esos prodigios nunca suceden en nuestros días”. Hume nunca había visto un milagro, así que se negaba a creer que pudiera haber milagros. Pero esa clase de razonamiento es inconsecuente. Cualquier persona pensadora tiene que admitir que antes de los días del filósofo escocés hubo “prodigios” que no se repitieron durante la vida de Hume. ¿Qué prodigios?
12 En primer lugar, la vida comenzó en la Tierra. Después, ciertas formas de vida fueron dotadas de sensibilidad. Con el tiempo apareció el hombre, dotado de sabiduría, imaginación, capacidad para amar y ejercicio de conciencia. Ningún científico puede explicar por las leyes naturales que funcionan hoy cómo sucedieron cosas tan extraordinarias. No obstante, tenemos evidencia viva de que sucedieron.
13 ¿Y qué hay de “prodigios” que han sucedido desde los días de David Hume? Suponga que pudiéramos viajar al pasado y hablarle a él acerca del mundo actual. Imagínese que usted tratara de explicarle que un hombre de negocios de Hamburgo puede hablar con otra persona a miles de kilómetros de distancia en Tokio sin siquiera levantar la voz; que un juego de fútbol en España puede verse por toda la Tierra mientras se efectúa; que naves mucho mayores que las embarcaciones de alta mar de los días de Hume pueden elevarse sobre la tierra y transportar a 500 personas por una distancia de miles de kilómetros en unas horas. ¿Puede usted imaginarse cómo reaccionaría? ‘¡Eso es imposible! ¡Esos prodigios nunca suceden en nuestros días!’
14 Pero esos ‘prodigios’ sí suceden en los días nuestros. ¿Por qué? Porque el hombre, usando principios científicos de los cuales Hume no tenía idea, ha aprendido a construir teléfonos, televisores y aviones. Por lo tanto, ¿es tan difícil creer que, de maneras que todavía no entendemos, a veces en el pasado Dios hizo cosas que para nosotros son milagrosas?
¿Cómo podemos saberlo?
15 Por supuesto, el decir que los milagros pudieran haber sucedido no significa que sucedieron. ¿Cómo podemos saber, en este siglo XX, si acaso allá en los tiempos bíblicos Dios efectuó o no verdaderos milagros mediante los siervos suyos en la Tierra? ¿Qué clase de prueba esperaría usted que los apoyara? Imagínese a un hombre de una tribu primitiva a quien se lleva de su hogar en la selva a visitar una ciudad grande. Cuando regresa, ¿cómo puede él describir a su pueblo las maravillas de la civilización? No puede explicar cómo funciona un automóvil ni por qué sale música de un radiorreceptor portátil. No puede construir una computadora u ordenador para probar que existe tal aparato. Lo único que puede hacer es contar lo que ha visto.
16 Nosotros estamos en la misma situación en que se hallarían los miembros de la tribu de aquel hombre. Si Dios realmente ha obrado milagros, solo podemos enterarnos de ellos por testigos oculares. Los testigos oculares no pueden explicar cómo sucedieron los milagros ni pueden duplicarlos. Solamente pueden decirnos lo que vieron. Es obvio que se puede engañar a testigos oculares. Ellos también pueden fácilmente exagerar y dar información errónea. Por eso, para creer su testimonio tenemos que saber que esos testigos oculares son veraces, de buena calidad, y que han demostrado que sus motivos son buenos.
El milagro mejor atestiguado
17 El milagro mejor atestiguado de la Biblia es la resurrección de Jesucristo; por eso, ¿por qué no usarlo como caso de prueba, por decirlo así? Primero, considere los datos que se informan: Jesús fue arrestado la noche del 14 de Nisán, un jueves por la noche, según contamos la semana en tiempos modernos. Compareció ante los líderes de los judíos, que lo acusaron de blasfemia y decidieron que tenía que morir. Los líderes judíos llevaron a Jesús ante el gobernador romano Poncio Pilato, quien cedió a la presión de aquellos hombres y lo entregó para que fuera ejecutado. El día siguiente, viernes —todavía 14 de Nisán en el calendario judío— Jesús fue fijado con clavos a un madero de tormento, y pocas horas después murió. (Marcos 14:43-65; 15:1-39.)
18 Después que un soldado romano punzó el costado de Jesús con una lanza para asegurarse de que en verdad estaba muerto, el cadáver de Jesús fue colocado en una tumba nueva. El día siguiente, 15 de Nisán (viernes/sábado), era día de descanso judío, o sábado. Pero la mañana del 16 de Nisán —domingo por la mañana— unos discípulos fueron a la tumba y la hallaron vacía. Pronto empezaron a circular informes de que se había visto vivo a Jesús. Aquellos relatos fueron recibidos al principio exactamente como serían recibidos hoy... con incredulidad. Ni siquiera los apóstoles creyeron. Pero cuando ellos mismos vieron vivo a Jesús, tuvieron que aceptar la realidad de que había sido levantado de entre los muertos. (Juan 19:31–20:29; Lucas 24:11.)
La tumba vacía
19 ¿Había sido resucitado Jesús, o es todo puro invento? Algo que la gente de entonces quizás habría preguntado es: ¿Está el cuerpo de Jesús todavía en la tumba? Los seguidores de Jesús habrían tenido que enfrentarse a un obstáculo enorme si sus adversarios hubieran podido señalar al cadáver todavía en el sepulcro como prueba de que Jesús no había sido resucitado. Sin embargo, no hay ningún registro de que hicieran eso. Más bien, según la Biblia ellos dieron dinero a los soldados asignados a vigilar la tumba y les dijeron: “Digan: ‘Sus discípulos vinieron de noche y lo hurtaron mientras nosotros dormíamos’”. (Mateo 28:11-13.) También tenemos prueba, aparte de lo que dice la Biblia, de que los líderes judíos hicieron eso.
20 Alrededor de un siglo después de la muerte de Jesús, Justino Mártir escribió una obra llamada Diálogo con Trifón. En ella dijo: “Ustedes [los judíos] han enviado por todo el mundo a hombres escogidos y ordenados para proclamar que una herejía impía y desaforada había procedido de cierto Jesús, un engañador galileo, a quien crucificamos, pero a quien por la noche sus discípulos robaron de la tumba donde había sido puesto”7.
21 Ahora bien, Trifón era judío, y el Diálogo con Trifón se escribió para defender el cristianismo contra el judaísmo. Por lo tanto, no sería probable que Justino Mártir hubiera dicho lo que dijo —que los judíos acusaban a los cristianos de haber robado el cuerpo de Jesús de la tumba— si los judíos no hubieran presentado tal acusación. De otro modo se habría expuesto a una acusación fácilmente verificable de haber mentido. Justino Mártir sólo habría dicho eso si en realidad los judíos hubieran enviado tales mensajeros. Y ellos habrían hecho eso únicamente si en realidad la tumba hubiera estado vacía el 16 de Nisán de 33 E.C. y ellos no hubieran podido señalar al cadáver de Jesús en la tumba como prueba de que no había sido resucitado. Por eso, puesto que la tumba estaba vacía, ¿qué había sucedido? ¿Sería verdad que los discípulos habían robado el cadáver, o había sido eliminado el cuerpo milagrosamente como prueba de que Jesús realmente había sido resucitado
11 La tercera objeción quedó resumida en los términos: “Esos prodigios nunca suceden en nuestros días”. Hume nunca había visto un milagro, así que se negaba a creer que pudiera haber milagros. Pero esa clase de razonamiento es inconsecuente. Cualquier persona pensadora tiene que admitir que antes de los días del filósofo escocés hubo “prodigios” que no se repitieron durante la vida de Hume. ¿Qué prodigios?
12 En primer lugar, la vida comenzó en la Tierra. Después, ciertas formas de vida fueron dotadas de sensibilidad. Con el tiempo apareció el hombre, dotado de sabiduría, imaginación, capacidad para amar y ejercicio de conciencia. Ningún científico puede explicar por las leyes naturales que funcionan hoy cómo sucedieron cosas tan extraordinarias. No obstante, tenemos evidencia viva de que sucedieron.
13 ¿Y qué hay de “prodigios” que han sucedido desde los días de David Hume? Suponga que pudiéramos viajar al pasado y hablarle a él acerca del mundo actual. Imagínese que usted tratara de explicarle que un hombre de negocios de Hamburgo puede hablar con otra persona a miles de kilómetros de distancia en Tokio sin siquiera levantar la voz; que un juego de fútbol en España puede verse por toda la Tierra mientras se efectúa; que naves mucho mayores que las embarcaciones de alta mar de los días de Hume pueden elevarse sobre la tierra y transportar a 500 personas por una distancia de miles de kilómetros en unas horas. ¿Puede usted imaginarse cómo reaccionaría? ‘¡Eso es imposible! ¡Esos prodigios nunca suceden en nuestros días!’
14 Pero esos ‘prodigios’ sí suceden en los días nuestros. ¿Por qué? Porque el hombre, usando principios científicos de los cuales Hume no tenía idea, ha aprendido a construir teléfonos, televisores y aviones. Por lo tanto, ¿es tan difícil creer que, de maneras que todavía no entendemos, a veces en el pasado Dios hizo cosas que para nosotros son milagrosas?
¿Cómo podemos saberlo?
15 Por supuesto, el decir que los milagros pudieran haber sucedido no significa que sucedieron. ¿Cómo podemos saber, en este siglo XX, si acaso allá en los tiempos bíblicos Dios efectuó o no verdaderos milagros mediante los siervos suyos en la Tierra? ¿Qué clase de prueba esperaría usted que los apoyara? Imagínese a un hombre de una tribu primitiva a quien se lleva de su hogar en la selva a visitar una ciudad grande. Cuando regresa, ¿cómo puede él describir a su pueblo las maravillas de la civilización? No puede explicar cómo funciona un automóvil ni por qué sale música de un radiorreceptor portátil. No puede construir una computadora u ordenador para probar que existe tal aparato. Lo único que puede hacer es contar lo que ha visto.
16 Nosotros estamos en la misma situación en que se hallarían los miembros de la tribu de aquel hombre. Si Dios realmente ha obrado milagros, solo podemos enterarnos de ellos por testigos oculares. Los testigos oculares no pueden explicar cómo sucedieron los milagros ni pueden duplicarlos. Solamente pueden decirnos lo que vieron. Es obvio que se puede engañar a testigos oculares. Ellos también pueden fácilmente exagerar y dar información errónea. Por eso, para creer su testimonio tenemos que saber que esos testigos oculares son veraces, de buena calidad, y que han demostrado que sus motivos son buenos.
El milagro mejor atestiguado
17 El milagro mejor atestiguado de la Biblia es la resurrección de Jesucristo; por eso, ¿por qué no usarlo como caso de prueba, por decirlo así? Primero, considere los datos que se informan: Jesús fue arrestado la noche del 14 de Nisán, un jueves por la noche, según contamos la semana en tiempos modernos. Compareció ante los líderes de los judíos, que lo acusaron de blasfemia y decidieron que tenía que morir. Los líderes judíos llevaron a Jesús ante el gobernador romano Poncio Pilato, quien cedió a la presión de aquellos hombres y lo entregó para que fuera ejecutado. El día siguiente, viernes —todavía 14 de Nisán en el calendario judío— Jesús fue fijado con clavos a un madero de tormento, y pocas horas después murió. (Marcos 14:43-65; 15:1-39.)
18 Después que un soldado romano punzó el costado de Jesús con una lanza para asegurarse de que en verdad estaba muerto, el cadáver de Jesús fue colocado en una tumba nueva. El día siguiente, 15 de Nisán (viernes/sábado), era día de descanso judío, o sábado. Pero la mañana del 16 de Nisán —domingo por la mañana— unos discípulos fueron a la tumba y la hallaron vacía. Pronto empezaron a circular informes de que se había visto vivo a Jesús. Aquellos relatos fueron recibidos al principio exactamente como serían recibidos hoy... con incredulidad. Ni siquiera los apóstoles creyeron. Pero cuando ellos mismos vieron vivo a Jesús, tuvieron que aceptar la realidad de que había sido levantado de entre los muertos. (Juan 19:31–20:29; Lucas 24:11.)
La tumba vacía
19 ¿Había sido resucitado Jesús, o es todo puro invento? Algo que la gente de entonces quizás habría preguntado es: ¿Está el cuerpo de Jesús todavía en la tumba? Los seguidores de Jesús habrían tenido que enfrentarse a un obstáculo enorme si sus adversarios hubieran podido señalar al cadáver todavía en el sepulcro como prueba de que Jesús no había sido resucitado. Sin embargo, no hay ningún registro de que hicieran eso. Más bien, según la Biblia ellos dieron dinero a los soldados asignados a vigilar la tumba y les dijeron: “Digan: ‘Sus discípulos vinieron de noche y lo hurtaron mientras nosotros dormíamos’”. (Mateo 28:11-13.) También tenemos prueba, aparte de lo que dice la Biblia, de que los líderes judíos hicieron eso.
20 Alrededor de un siglo después de la muerte de Jesús, Justino Mártir escribió una obra llamada Diálogo con Trifón. En ella dijo: “Ustedes [los judíos] han enviado por todo el mundo a hombres escogidos y ordenados para proclamar que una herejía impía y desaforada había procedido de cierto Jesús, un engañador galileo, a quien crucificamos, pero a quien por la noche sus discípulos robaron de la tumba donde había sido puesto”7.
21 Ahora bien, Trifón era judío, y el Diálogo con Trifón se escribió para defender el cristianismo contra el judaísmo. Por lo tanto, no sería probable que Justino Mártir hubiera dicho lo que dijo —que los judíos acusaban a los cristianos de haber robado el cuerpo de Jesús de la tumba— si los judíos no hubieran presentado tal acusación. De otro modo se habría expuesto a una acusación fácilmente verificable de haber mentido. Justino Mártir sólo habría dicho eso si en realidad los judíos hubieran enviado tales mensajeros. Y ellos habrían hecho eso únicamente si en realidad la tumba hubiera estado vacía el 16 de Nisán de 33 E.C. y ellos no hubieran podido señalar al cadáver de Jesús en la tumba como prueba de que no había sido resucitado. Por eso, puesto que la tumba estaba vacía, ¿qué había sucedido? ¿Sería verdad que los discípulos habían robado el cadáver, o había sido eliminado el cuerpo milagrosamente como prueba de que Jesús realmente había sido resucitado
Capítulo 6 Los milagros... ¿fueron realidad?
Cierto día del año 31 E.C. Jesús y sus discípulos iban hacia Naín, una ciudad en el norte de Palestina. Al acercarse a la puerta de la ciudad vieron venir un entierro. El muerto era un joven. Era el único hijo de una viuda, y ahora su madre había quedado completamente sola. Según el relato, Jesús “se enterneció por ella, y le dijo: ‘Deja de llorar’. En seguida se acercó y tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron, y él dijo: ‘Joven, yo te digo: ¡Levántate!’. Y el muerto se incorporó y comenzó a hablar”. (Lucas 7:11-15.)
ES UN relato conmovedor, pero ¿es cierto? A muchas personas se les hace difícil creer en la realidad de sucesos como ese. Sin embargo, los milagros son parte integrante del registro bíblico. Creer en la Biblia significa creer que hubo milagros. De hecho, toda la estructura de la verdad bíblica depende de un milagro muy importante: la resurrección de Jesucristo.
Por qué no creen algunos
2 ¿Cree usted en los milagros, u opina que en esta era científica es ilógico creer en ellos... es decir, en sucesos extraordinarios que son testimonio de intervención sobrehumana? Si no cree, no es el primero. Hace dos siglos el filósofo escocés David Hume tuvo la misma dificultad. Quizás las razones que usted tiene para no creer sean parecidas a las de él.
3 Hume presentaba tres puntos sobresalientes como objeción a la idea de que hubiera milagros1. En primer lugar, escribe: “El milagro es una violación de las leyes naturales”. Desde tiempo inmemorial el hombre ha confiado en las leyes de la naturaleza. Ha sabido que un objeto que uno mantiene suspendido cae si uno deja de sostenerlo, que el Sol sale cada mañana y se pone cada tarde, y así por el estilo. Por instinto, sabe que los sucesos siempre se repiten de esa forma familiar. Nunca sucede nada que no armonice con las leyes de la naturaleza. Hume pensaba que esta ‘prueba’ contra la posibilidad de que hubiera milagros ‘era tan completa como cualquier argumento que proviniera de la experiencia’.
4 El segundo argumento que presentó era que es fácil engañar a la gente. Algunos quieren creer en maravillas y milagros, especialmente con relación a lo religioso, y muchos supuestos milagros han sido engaños. Su tercer argumento era que por lo general los informes de milagros vienen de épocas caracterizadas por la ignorancia. Mientras más educada es la gente, menos milagros se informan. Como lo expresó Hume: “Esos prodigios nunca suceden en nuestros días”. Creía, por eso, que con aquello se probaba que nunca habían sucedido.
5 Hasta la fecha la mayoría de los argumentos contra los milagros siguen esos principios generales; consideremos, pues, las objeciones que presentó Hume, una por una.
¿Contra las leyes de la naturaleza?
6 ¿Qué se puede decir de la objeción de que los milagros son ‘violaciones de las leyes naturales’ y por lo tanto no pueden ser realidad? Por encima, eso pudiera parecer convincente; pero analice lo que en realidad se dice. Por lo general se define el milagro como un suceso que está fuera de las leyes normales de la naturaleza. Es un suceso tan inesperado que los espectadores quedan convencidos de que han presenciado una intervención sobrehumana. Por consiguiente, lo que la objeción en realidad significa es: ‘¡Los milagros son imposibles porque son milagrosos!’. ¿Por qué no considerar las pruebas antes de llegar a tal conclusión?
7 La verdad es que hoy día la gente educada propende menos que David Hume a insistir en que las leyes naturales conocidas aplican de igual manera en todo lugar y en toda ocasión. Hay científicos que tienden a considerar si en lugar de las tres dimensiones conocidas de largo, ancho y altura pudiera haber muchas más en el universo2. Teorizan sobre la existencia de agujeros negros, enormes estrellas que colapsan hasta alcanzar una densidad casi infinita. Se dice que en su vecindad la estructura del espacio está tan deformada que el tiempo mismo se detiene3. ¡Los científicos hasta han debatido sobre si, en ciertas circunstancias, el tiempo retrocedería en vez de adelantar4!
8 Stephen W. Hawking, prominente profesor de matemáticas de la Universidad de Cambridge, dijo al considerar el comienzo del universo: “En la teoría clásica de la relatividad general [...] el principio del universo tiene que ser una singularidad de densidad y curvatura del espacio-tiempo infinitas. En esas circunstancias dejarían de regir todas las leyes conocidas de la física”5. Como se ve, los científicos modernos no concuerdan en que jamás pueda suceder algo que sea contrario a las leyes normales de la naturaleza. En circunstancias excepcionales pueden suceder cosas extraordinarias. De seguro, si creemos en un Dios Todopoderoso deberíamos reconocer que él puede causar sucesos extraordinarios —milagrosos— cuando conviene a su propósito. (Éxodo 15:6-10; Isaías 40:13, 15.)
¿Qué hay de los milagros falsos?
9 Ninguna persona razonable negaría que hay milagros falsos. Por ejemplo, algunos practicantes de la curación por fe dicen que sanan milagrosamente a los enfermos. Cierto médico, William A. Nolan, investigó como proyecto especial suyo ese tipo de curaciones. Hizo un estudio de muchísimas supuestas curaciones por sanadores evangélicos de los Estados Unidos y por llamados cirujanos síquicos de Asia. ¿Cuál fue el resultado? Solo halló ejemplos de decepción y engaño6.
10 ¿Significan esos engaños que nunca ha habido milagros verdaderos? No necesariamente. A veces nos enteramos de que circulan billetes de banco falsificados, pero eso no significa que todo el dinero sea falso. Algunos enfermos ponen mucha fe en curanderos, médicos falsos, y les dan mucho dinero. Pero eso no significa que todos los médicos sean engañadores. Algunos pintores se han hecho falsificadores diestros de las pinturas de grandes maestros del pasado. Pero eso no significa que todas las pinturas sean falsas. El que algunos supuestos milagros sean obviamente falsos tampoco significa que jamás pueden suceder milagros verdaderos.
ES UN relato conmovedor, pero ¿es cierto? A muchas personas se les hace difícil creer en la realidad de sucesos como ese. Sin embargo, los milagros son parte integrante del registro bíblico. Creer en la Biblia significa creer que hubo milagros. De hecho, toda la estructura de la verdad bíblica depende de un milagro muy importante: la resurrección de Jesucristo.
Por qué no creen algunos
2 ¿Cree usted en los milagros, u opina que en esta era científica es ilógico creer en ellos... es decir, en sucesos extraordinarios que son testimonio de intervención sobrehumana? Si no cree, no es el primero. Hace dos siglos el filósofo escocés David Hume tuvo la misma dificultad. Quizás las razones que usted tiene para no creer sean parecidas a las de él.
3 Hume presentaba tres puntos sobresalientes como objeción a la idea de que hubiera milagros1. En primer lugar, escribe: “El milagro es una violación de las leyes naturales”. Desde tiempo inmemorial el hombre ha confiado en las leyes de la naturaleza. Ha sabido que un objeto que uno mantiene suspendido cae si uno deja de sostenerlo, que el Sol sale cada mañana y se pone cada tarde, y así por el estilo. Por instinto, sabe que los sucesos siempre se repiten de esa forma familiar. Nunca sucede nada que no armonice con las leyes de la naturaleza. Hume pensaba que esta ‘prueba’ contra la posibilidad de que hubiera milagros ‘era tan completa como cualquier argumento que proviniera de la experiencia’.
4 El segundo argumento que presentó era que es fácil engañar a la gente. Algunos quieren creer en maravillas y milagros, especialmente con relación a lo religioso, y muchos supuestos milagros han sido engaños. Su tercer argumento era que por lo general los informes de milagros vienen de épocas caracterizadas por la ignorancia. Mientras más educada es la gente, menos milagros se informan. Como lo expresó Hume: “Esos prodigios nunca suceden en nuestros días”. Creía, por eso, que con aquello se probaba que nunca habían sucedido.
5 Hasta la fecha la mayoría de los argumentos contra los milagros siguen esos principios generales; consideremos, pues, las objeciones que presentó Hume, una por una.
¿Contra las leyes de la naturaleza?
6 ¿Qué se puede decir de la objeción de que los milagros son ‘violaciones de las leyes naturales’ y por lo tanto no pueden ser realidad? Por encima, eso pudiera parecer convincente; pero analice lo que en realidad se dice. Por lo general se define el milagro como un suceso que está fuera de las leyes normales de la naturaleza. Es un suceso tan inesperado que los espectadores quedan convencidos de que han presenciado una intervención sobrehumana. Por consiguiente, lo que la objeción en realidad significa es: ‘¡Los milagros son imposibles porque son milagrosos!’. ¿Por qué no considerar las pruebas antes de llegar a tal conclusión?
7 La verdad es que hoy día la gente educada propende menos que David Hume a insistir en que las leyes naturales conocidas aplican de igual manera en todo lugar y en toda ocasión. Hay científicos que tienden a considerar si en lugar de las tres dimensiones conocidas de largo, ancho y altura pudiera haber muchas más en el universo2. Teorizan sobre la existencia de agujeros negros, enormes estrellas que colapsan hasta alcanzar una densidad casi infinita. Se dice que en su vecindad la estructura del espacio está tan deformada que el tiempo mismo se detiene3. ¡Los científicos hasta han debatido sobre si, en ciertas circunstancias, el tiempo retrocedería en vez de adelantar4!
8 Stephen W. Hawking, prominente profesor de matemáticas de la Universidad de Cambridge, dijo al considerar el comienzo del universo: “En la teoría clásica de la relatividad general [...] el principio del universo tiene que ser una singularidad de densidad y curvatura del espacio-tiempo infinitas. En esas circunstancias dejarían de regir todas las leyes conocidas de la física”5. Como se ve, los científicos modernos no concuerdan en que jamás pueda suceder algo que sea contrario a las leyes normales de la naturaleza. En circunstancias excepcionales pueden suceder cosas extraordinarias. De seguro, si creemos en un Dios Todopoderoso deberíamos reconocer que él puede causar sucesos extraordinarios —milagrosos— cuando conviene a su propósito. (Éxodo 15:6-10; Isaías 40:13, 15.)
¿Qué hay de los milagros falsos?
9 Ninguna persona razonable negaría que hay milagros falsos. Por ejemplo, algunos practicantes de la curación por fe dicen que sanan milagrosamente a los enfermos. Cierto médico, William A. Nolan, investigó como proyecto especial suyo ese tipo de curaciones. Hizo un estudio de muchísimas supuestas curaciones por sanadores evangélicos de los Estados Unidos y por llamados cirujanos síquicos de Asia. ¿Cuál fue el resultado? Solo halló ejemplos de decepción y engaño6.
10 ¿Significan esos engaños que nunca ha habido milagros verdaderos? No necesariamente. A veces nos enteramos de que circulan billetes de banco falsificados, pero eso no significa que todo el dinero sea falso. Algunos enfermos ponen mucha fe en curanderos, médicos falsos, y les dan mucho dinero. Pero eso no significa que todos los médicos sean engañadores. Algunos pintores se han hecho falsificadores diestros de las pinturas de grandes maestros del pasado. Pero eso no significa que todas las pinturas sean falsas. El que algunos supuestos milagros sean obviamente falsos tampoco significa que jamás pueden suceder milagros verdaderos.
Capítulo 5 El “Nuevo Testamento”... ¿historia, o mito?-Notas
[Comentario de la página 66]
¿Por qué habría de decir la Biblia que la resurrección de Jesús fue descubierta primero por mujeres si aquello en realidad no hubiera pasado?
[Recuadro de la página 56]
Fracasa la crítica moderna
Como ejemplo de la naturaleza incierta del criticismo bíblico moderno, considere estas declaraciones por Raymond E. Brown sobre el Evangelio de Juan: “A finales del siglo pasado y durante los primeros años de este siglo la erudición pasó por un período de extremo escepticismo sobre este Evangelio. Asignó al Evangelio de Juan una fecha demasiado tardía, hasta de la segunda mitad del siglo segundo. Se creía que era producto del mundo helenista, totalmente sin valor histórico y con poca relación a la Palestina de Jesús de Nazaret [...]
“No hay opinión alguna de aquellas que no haya sido afectada por una serie de inesperados descubrimientos arqueológicos, documentales y textuales. Estos descubrimientos nos han llevado a combatir inteligentemente los puntos de vista críticos que casi se habían hecho ortodoxos, y a reconocer lo frágil que era la base sobre la cual se apoyaba el análisis tan escéptico de Juan. [...]
“El Evangelio se ha fechado de nuevo como del fin del primer siglo o hasta antes. [...] ¡Quizás lo más raro es que algunos eruditos hasta se atreven a sugerir una vez más que Juan el hijo de Zebedeo puede haber tenido algo que ver con el Evangelio!”3.
¿Por qué debería parecer extraño creer que Juan escribió el libro que tradicionalmente se le atribuye? Solo porque eso no cuadra con las ideas preconcebidas de los críticos.
[Recuadro de la página 70]
Simplemente otro ataque contra la Biblia
Timothy P. Weber escribe: “Los hallazgos de la alta crítica hicieron que muchos legos dudaran de que pudieran entender nada [de la Biblia]. [...] A. T. Pierson expresó la frustración de muchos evangélicos cuando dijo que ‘como el romanismo, [la alta crítica] casi le quita la Palabra de Dios a la gente común al suponer que solo los eruditos pueden interpretarla; mientras que Roma pone a un sacerdote entre el hombre y la Palabra, la crítica pone a un expositor educado entre el creyente y su Biblia’”23. Así se denuncia a la alta crítica moderna como simplemente otro ataque contra la Biblia.
[Fotografía de la página 62]
Parece que este altar de Pérgamo fue dedicado “a dioses desconocidos”
[Fotografía de la página 63]
Ruinas de lo que en un tiempo fue el magnífico templo de Ártemis, orgullo de los efesios
[Ilustración de la página 64]
La Biblia dice honradamente que Pedro negó conocer a Jesús
[Ilustración de la página 67]
La Biblia registra con franqueza que hubo un “agudo estallido de cólera” entre Pablo y Bernabé
[Ilustración de la página 68]
El cuadro consecuente que se da de Jesús en los cuatro Evangelios es prueba sólida de que son verídicos
[Ilustración de la página 69]
La mayoría de los críticos modernos dan por sentado que no hubo milagros
¿Por qué habría de decir la Biblia que la resurrección de Jesús fue descubierta primero por mujeres si aquello en realidad no hubiera pasado?
[Recuadro de la página 56]
Fracasa la crítica moderna
Como ejemplo de la naturaleza incierta del criticismo bíblico moderno, considere estas declaraciones por Raymond E. Brown sobre el Evangelio de Juan: “A finales del siglo pasado y durante los primeros años de este siglo la erudición pasó por un período de extremo escepticismo sobre este Evangelio. Asignó al Evangelio de Juan una fecha demasiado tardía, hasta de la segunda mitad del siglo segundo. Se creía que era producto del mundo helenista, totalmente sin valor histórico y con poca relación a la Palestina de Jesús de Nazaret [...]
“No hay opinión alguna de aquellas que no haya sido afectada por una serie de inesperados descubrimientos arqueológicos, documentales y textuales. Estos descubrimientos nos han llevado a combatir inteligentemente los puntos de vista críticos que casi se habían hecho ortodoxos, y a reconocer lo frágil que era la base sobre la cual se apoyaba el análisis tan escéptico de Juan. [...]
“El Evangelio se ha fechado de nuevo como del fin del primer siglo o hasta antes. [...] ¡Quizás lo más raro es que algunos eruditos hasta se atreven a sugerir una vez más que Juan el hijo de Zebedeo puede haber tenido algo que ver con el Evangelio!”3.
¿Por qué debería parecer extraño creer que Juan escribió el libro que tradicionalmente se le atribuye? Solo porque eso no cuadra con las ideas preconcebidas de los críticos.
[Recuadro de la página 70]
Simplemente otro ataque contra la Biblia
Timothy P. Weber escribe: “Los hallazgos de la alta crítica hicieron que muchos legos dudaran de que pudieran entender nada [de la Biblia]. [...] A. T. Pierson expresó la frustración de muchos evangélicos cuando dijo que ‘como el romanismo, [la alta crítica] casi le quita la Palabra de Dios a la gente común al suponer que solo los eruditos pueden interpretarla; mientras que Roma pone a un sacerdote entre el hombre y la Palabra, la crítica pone a un expositor educado entre el creyente y su Biblia’”23. Así se denuncia a la alta crítica moderna como simplemente otro ataque contra la Biblia.
[Fotografía de la página 62]
Parece que este altar de Pérgamo fue dedicado “a dioses desconocidos”
[Fotografía de la página 63]
Ruinas de lo que en un tiempo fue el magnífico templo de Ártemis, orgullo de los efesios
[Ilustración de la página 64]
La Biblia dice honradamente que Pedro negó conocer a Jesús
[Ilustración de la página 67]
La Biblia registra con franqueza que hubo un “agudo estallido de cólera” entre Pablo y Bernabé
[Ilustración de la página 68]
El cuadro consecuente que se da de Jesús en los cuatro Evangelios es prueba sólida de que son verídicos
[Ilustración de la página 69]
La mayoría de los críticos modernos dan por sentado que no hubo milagros
Capítulo 5 El “Nuevo Testamento”... ¿historia, o mito?
El sonido de la verdad
23 Por lo tanto, la historia y la arqueología ilustran, y hasta cierto grado confirman, los elementos históricos de las Escrituras Griegas. Sin embargo, de nuevo hay que decir que la prueba más firme de la veracidad de estos escritos está en los libros mismos. La lectura de ellos no deja la impresión de que sean mitos. Tienen el sonido de la verdad.
24 Para empezar, son muy francos. Piense en lo que se escribe sobre Pedro. Se detalla su embarazoso fracaso en cuanto a andar sobre el agua. Después Jesús dice a este apóstol tan respetado: “¡Ponte detrás de mí, Satanás!”. (Mateo 14:28-31; 16:23.) Además, Pedro, después de protestar vigorosamente que aunque los demás abandonen a Jesús él nunca lo haría, se queda dormido mientras se supone que vigile de noche, y luego niega tres veces al Señor. (Mateo 26:31-35, 37-45, 73-75.)
25 Pero no se exponen solo las debilidades de Pedro. En su franqueza, las Escrituras no ocultan la riña que hubo entre los apóstoles sobre quién era el mayor. (Mateo 18:1; Marcos 9:34; Lucas 22:24.) Tampoco omiten el hecho de que la madre de los apóstoles Santiago y Juan le pidió a Jesús que pusiera a sus hijos en los puestos más favorecidos de su Reino. (Mateo 20:20-23.) El “agudo estallido de cólera” entre Bernabé y Pablo también se documenta fielmente. (Hechos 15:36-39.)
26 Además debe notarse que el libro de Lucas nos dice que fueron “las mujeres, que habían venido con él desde Galilea”, quienes primero se enteraron de la resurrección de Jesús. Este es un detalle muy inusitado en la sociedad del primer siglo, dominada por los varones. De hecho, se escribe que lo que las mujeres decían les ‘pareció tonterías’ a los apóstoles. (Lucas 23:55–24:11.) Si la historia que aparece en las Escrituras Griegas no es verdadera, tiene que haber sido inventada. Pero ¿por qué inventaría nadie una historia que pintara de manera tan poco halagadora a personas tan respetadas? Estos detalles solo se habrían registrado si fueran verdad.
Jesús: persona de la vida real
27 Para muchos, el Jesús que describe la Biblia es imaginación idealista. Pero el historiador Michael Grant indica: “Si, como debemos, aplicamos al Nuevo Testamento el mismo criterio que debemos aplicar a otros escritos antiguos que contienen materia histórica, el rechazar la existencia de Jesús se nos haría tan imposible como rechazar un conjunto masivo de personajes paganos cuya historicidad nunca se pone en tela de juicio”19.
28 En la Biblia no solo se proyecta con claro tono de verdad la existencia de Jesús, sino también su personalidad. No es fácil inventar a un personaje extraordinario y luego presentar un cuadro consecuente de él por todo un libro. Es casi imposible que cuatro escritores diferentes escriban sobre el mismo personaje y pinten consecuentemente el mismo cuadro de él si esa persona nunca existió en realidad. El que sea obvio que el Jesús a quien describen los cuatro Evangelios es la misma persona convence de la veracidad de los Evangelios.
29 Michael Grant cita una pregunta muy apropiada: “¿Cómo se explica que, por toda tradición evangélica, sin excepción, se presente un cuadro notablemente perfilado de un joven atractivo que se mueve con libertad entre mujeres de toda clase, entre ellas algunas de reputación decididamente dudosa, sin que se vea en él sentimentalismo, anormalidad ni mojigatería, y, sin embargo, que mantenga en todo caso una sencilla integridad de carácter?”20. La única respuesta es que tal hombre realmente existió, y que obró tal como dice la Biblia.
Por qué no creen
30 Puesto que hay pruebas de peso para decir que las Escrituras Griegas son historia verdadera, ¿por qué dicen algunos que no lo son? ¿Qué hace que muchos, aunque digan que partes de ellas son genuinas, todavía rehúsen aceptar todo su contenido? La razón principal de eso es que la Biblia registra cosas que los intelectuales modernos no desean creer. Por ejemplo, dice que Jesús cumplió y pronunció profecías. También dice que ejecutó milagros y que después de su muerte fue resucitado.
31 En este siglo XX en que la gente es tan escéptica, tales sucesos son increíbles. Respecto a los milagros, el profesor Ezra P. Gould indica: “Hay un punto que algunos críticos creen que con justicia no pueden aceptar [...] el que sucedan milagros”21. Algunos aceptan que Jesús quizás haya efectuado curaciones, pero solo del tipo sicosomático, del ‘triunfo de la mente sobre la materia’. En cuanto a los otros milagros, la mayoría los explican como invenciones o como algo que en realidad pasó, pero que fue tergiversado por alguien.
32 Como ejemplo de esto, considere la ocasión en que Jesús alimentó a una muchedumbre de más de 5.000 personas con solo unos cuantos panes y dos pescados. (Mateo 14:14-22.) Heinrich Paulus, erudito del siglo XIX, sugirió que lo que en realidad pasó fue esto: Jesús y sus apóstoles se vieron rodeados de una enorme multitud que empezaba a tener hambre. Por eso, Jesús decidió dar un buen ejemplo para los ricos de la muchedumbre. Tomó el poco alimento que él y sus apóstoles tenían y lo compartió con la multitud. En poco tiempo otros que habían traído alimento siguieron su ejemplo y compartieron el suyo. Finalmente resultó que toda la multitud se alimentó22.
33 Pero si eso fue lo que en realidad sucedió, fue una prueba notable del poder de un buen ejemplo. ¿Por qué torcer tan interesante y significativo relato para que pareciera un milagro sobrenatural? Sí, todos esos esfuerzos por explicar los milagros como no milagrosos presentan más problemas de los que resuelven. Y todos se basan en una premisa falsa. Empiezan por suponer que los milagros son imposibles. Pero ¿por qué debería ser así?
34 Según las normas más razonables, tanto las Escrituras Hebreas como las Escrituras Griegas son historia verdadera, pero tanto unas como las otras contienen ejemplos de profecías y milagros. (Compárese con 2 Reyes 4:42-44.) ¿Qué hay si las profecías son genuinas? ¿Y qué si los milagros realmente acontecieron? Entonces Dios estuvo tras la escritura de la Biblia, y este libro es en realidad Su palabra, no la del hombre. En un capítulo posterior consideraremos la cuestión de las profecías, pero primero consideremos los milagros. ¿Es razonable creer, en este siglo XX, que en siglos anteriores hubo milagros?
23 Por lo tanto, la historia y la arqueología ilustran, y hasta cierto grado confirman, los elementos históricos de las Escrituras Griegas. Sin embargo, de nuevo hay que decir que la prueba más firme de la veracidad de estos escritos está en los libros mismos. La lectura de ellos no deja la impresión de que sean mitos. Tienen el sonido de la verdad.
24 Para empezar, son muy francos. Piense en lo que se escribe sobre Pedro. Se detalla su embarazoso fracaso en cuanto a andar sobre el agua. Después Jesús dice a este apóstol tan respetado: “¡Ponte detrás de mí, Satanás!”. (Mateo 14:28-31; 16:23.) Además, Pedro, después de protestar vigorosamente que aunque los demás abandonen a Jesús él nunca lo haría, se queda dormido mientras se supone que vigile de noche, y luego niega tres veces al Señor. (Mateo 26:31-35, 37-45, 73-75.)
25 Pero no se exponen solo las debilidades de Pedro. En su franqueza, las Escrituras no ocultan la riña que hubo entre los apóstoles sobre quién era el mayor. (Mateo 18:1; Marcos 9:34; Lucas 22:24.) Tampoco omiten el hecho de que la madre de los apóstoles Santiago y Juan le pidió a Jesús que pusiera a sus hijos en los puestos más favorecidos de su Reino. (Mateo 20:20-23.) El “agudo estallido de cólera” entre Bernabé y Pablo también se documenta fielmente. (Hechos 15:36-39.)
26 Además debe notarse que el libro de Lucas nos dice que fueron “las mujeres, que habían venido con él desde Galilea”, quienes primero se enteraron de la resurrección de Jesús. Este es un detalle muy inusitado en la sociedad del primer siglo, dominada por los varones. De hecho, se escribe que lo que las mujeres decían les ‘pareció tonterías’ a los apóstoles. (Lucas 23:55–24:11.) Si la historia que aparece en las Escrituras Griegas no es verdadera, tiene que haber sido inventada. Pero ¿por qué inventaría nadie una historia que pintara de manera tan poco halagadora a personas tan respetadas? Estos detalles solo se habrían registrado si fueran verdad.
Jesús: persona de la vida real
27 Para muchos, el Jesús que describe la Biblia es imaginación idealista. Pero el historiador Michael Grant indica: “Si, como debemos, aplicamos al Nuevo Testamento el mismo criterio que debemos aplicar a otros escritos antiguos que contienen materia histórica, el rechazar la existencia de Jesús se nos haría tan imposible como rechazar un conjunto masivo de personajes paganos cuya historicidad nunca se pone en tela de juicio”19.
28 En la Biblia no solo se proyecta con claro tono de verdad la existencia de Jesús, sino también su personalidad. No es fácil inventar a un personaje extraordinario y luego presentar un cuadro consecuente de él por todo un libro. Es casi imposible que cuatro escritores diferentes escriban sobre el mismo personaje y pinten consecuentemente el mismo cuadro de él si esa persona nunca existió en realidad. El que sea obvio que el Jesús a quien describen los cuatro Evangelios es la misma persona convence de la veracidad de los Evangelios.
29 Michael Grant cita una pregunta muy apropiada: “¿Cómo se explica que, por toda tradición evangélica, sin excepción, se presente un cuadro notablemente perfilado de un joven atractivo que se mueve con libertad entre mujeres de toda clase, entre ellas algunas de reputación decididamente dudosa, sin que se vea en él sentimentalismo, anormalidad ni mojigatería, y, sin embargo, que mantenga en todo caso una sencilla integridad de carácter?”20. La única respuesta es que tal hombre realmente existió, y que obró tal como dice la Biblia.
Por qué no creen
30 Puesto que hay pruebas de peso para decir que las Escrituras Griegas son historia verdadera, ¿por qué dicen algunos que no lo son? ¿Qué hace que muchos, aunque digan que partes de ellas son genuinas, todavía rehúsen aceptar todo su contenido? La razón principal de eso es que la Biblia registra cosas que los intelectuales modernos no desean creer. Por ejemplo, dice que Jesús cumplió y pronunció profecías. También dice que ejecutó milagros y que después de su muerte fue resucitado.
31 En este siglo XX en que la gente es tan escéptica, tales sucesos son increíbles. Respecto a los milagros, el profesor Ezra P. Gould indica: “Hay un punto que algunos críticos creen que con justicia no pueden aceptar [...] el que sucedan milagros”21. Algunos aceptan que Jesús quizás haya efectuado curaciones, pero solo del tipo sicosomático, del ‘triunfo de la mente sobre la materia’. En cuanto a los otros milagros, la mayoría los explican como invenciones o como algo que en realidad pasó, pero que fue tergiversado por alguien.
32 Como ejemplo de esto, considere la ocasión en que Jesús alimentó a una muchedumbre de más de 5.000 personas con solo unos cuantos panes y dos pescados. (Mateo 14:14-22.) Heinrich Paulus, erudito del siglo XIX, sugirió que lo que en realidad pasó fue esto: Jesús y sus apóstoles se vieron rodeados de una enorme multitud que empezaba a tener hambre. Por eso, Jesús decidió dar un buen ejemplo para los ricos de la muchedumbre. Tomó el poco alimento que él y sus apóstoles tenían y lo compartió con la multitud. En poco tiempo otros que habían traído alimento siguieron su ejemplo y compartieron el suyo. Finalmente resultó que toda la multitud se alimentó22.
33 Pero si eso fue lo que en realidad sucedió, fue una prueba notable del poder de un buen ejemplo. ¿Por qué torcer tan interesante y significativo relato para que pareciera un milagro sobrenatural? Sí, todos esos esfuerzos por explicar los milagros como no milagrosos presentan más problemas de los que resuelven. Y todos se basan en una premisa falsa. Empiezan por suponer que los milagros son imposibles. Pero ¿por qué debería ser así?
34 Según las normas más razonables, tanto las Escrituras Hebreas como las Escrituras Griegas son historia verdadera, pero tanto unas como las otras contienen ejemplos de profecías y milagros. (Compárese con 2 Reyes 4:42-44.) ¿Qué hay si las profecías son genuinas? ¿Y qué si los milagros realmente acontecieron? Entonces Dios estuvo tras la escritura de la Biblia, y este libro es en realidad Su palabra, no la del hombre. En un capítulo posterior consideraremos la cuestión de las profecías, pero primero consideremos los milagros. ¿Es razonable creer, en este siglo XX, que en siglos anteriores hubo milagros?
Capítulo 5 El “Nuevo Testamento”... ¿historia, o mito?
Las pruebas documentales
11 En realidad, fuera de las pruebas que contiene la Biblia misma, las pruebas documentales para sucesos de la vida de Jesús y sus apóstoles son muy limitadas. Por supuesto, eso sería de esperarse, ya que en el primer siglo los cristianos eran un grupo relativamente pequeño que no se inmiscuía en la política. Pero las pruebas que vienen de la historia seglar sí concuerdan con lo que leemos en la Biblia.
12 Por ejemplo, después de una tremenda derrota militar de Herodes Antipas, Josefo, historiador judío, escribió lo siguiente en 93 E.C.: “Para algunos judíos la destrucción del ejército de Herodes pareció ser venganza divina, y ciertamente una venganza justa, por el trato que dio a Juan, apodado el Bautista. Porque Herodes le había dado muerte aunque era un hombre bueno y había exhortado a los judíos a llevar vidas justas, a practicar la justicia con sus compañeros y piedad hacia Dios”10. Así Josefo confirma el relato bíblico de que Juan el Bautizante fue un hombre justo que predicó arrepentimiento y que fue ejecutado por Herodes. (Mateo 3:1-12; 14:11.)
13 Josefo también menciona a Santiago, el medio hermano de Jesús, quien, según nos dice la Biblia, al principio no siguió a Jesús, pero después fue anciano prominente en Jerusalén. (Juan 7:3-5; Gálatas 1:18, 19.) Josefo documenta el arresto de Santiago así: “[El sumo sacerdote Anano] convocó a los jueces del Sanedrín y trajo ante ellos a un hombre llamado Santiago, el hermano de Jesús a quien llamaban el Cristo, y a otros”11. Al escribir estas palabras, Josefo también confirma que “Jesús a quien llamaban el Cristo” era una persona real, histórica.
14 Otros escritores del pasado también mencionan cosas de que hablan las Escrituras Griegas. Por ejemplo, los Evangelios nos dicen que muchas personas respondieron a la predicación de Jesús en Palestina. Cuando Poncio Pilato lo sentenció a muerte, los seguidores de Jesús quedaron confundidos y desalentados. Poco después estos mismos discípulos obraron denodadamente y llenaron a Jerusalén del mensaje de que su Señor había sido resucitado. En pocos años el cristianismo se había extendido por todo el Imperio Romano. (Mateo 4:25; 26:31; 27:24-26; Hechos 2:23, 24, 36; 5:28; 17:6.)
15 Testimonio de que esto fue realidad viene del historiador romano Tácito, quien no era amigo del cristianismo. Él escribió poco después del año 100 E.C., y menciona la cruel persecución de los cristianos por Nerón, y añade: “Cristo, el fundador del nombre, había sufrido la pena de muerte en el reinado de Tiberio, sentenciado por el procurador Poncio Pilato, y la perniciosa superstición se detuvo momentáneamente, pero surgió de nuevo, no solamente en Judea, donde comenzó aquella enfermedad, sino en la capital misma [Roma]”12.
16 En Hechos 18:2 el escritor bíblico menciona que “[el emperador romano] Claudio había ordenado que todos los judíos se fueran de Roma”. Suetonio, historiador romano del siglo segundo, también menciona esta expulsión. En su obra Claudio deificado, el historiador dice: “Puesto que los judíos constantemente causaban disturbios por instigación de Cresto, él [Claudio] los expulsó de Roma”13. Si Cresto aquí se refiere a Jesucristo, y si en Roma los sucesos siguieron el modelo de lo que pasó en otras ciudades, entonces los alborotos no fueron realmente por instigación de Cristo (es decir, los seguidores de Cristo). Más bien, fueron la reacción violenta de los judíos a la fiel predicación de los cristianos.
17 Justino Mártir, quien escribió a mediados del siglo segundo, dijo lo siguiente respecto a la muerte de Jesús: “Por las Actas de Poncio Pilato puedes determinar que estas cosas sucedieron”14. Además, según Justino Mártir estos mismos registros mencionaban los milagros de Jesús, de los cuales dice: “De las Actas de Poncio Pilato puedes aprender que Él hizo esas cosas”15. Es verdad que estas “Actas” o registros oficiales ya no existen. Pero es patente que existían en el siglo segundo, y Justino Mártir instó con confianza a sus lectores a comprobar con ellas la veracidad de lo que decía.
Las pruebas arqueológicas
18 Los descubrimientos arqueológicos también han ilustrado o confirmado lo que leemos en las Escrituras Griegas. Por ejemplo, en 1961 se halló el nombre de Poncio Pilato en una inscripción descubierta en las ruinas de un teatro romano en Cesarea16. Hasta el momento de este descubrimiento solo había habido prueba limitada —aparte de la Biblia misma— de la existencia de este gobernante romano.
19 En el Evangelio de Lucas leemos que Juan el Bautizante empezó su ministerio “cuando [...] Lisanias era gobernante de distrito de Abilene”. (Lucas 3:1.) Algunos dudaban de esa declaración porque Josefo mencionaba a un Lisanias que había gobernado en Abilene y había muerto en 34 a.E.C., mucho tiempo antes del nacimiento de Juan. Sin embargo, unos arqueólogos han descubierto en Abilene una inscripción que menciona a otro Lisanias que fue tetrarca (gobernante de distrito) durante el reinado de Tiberio, quien era el césar de Roma cuando Juan empezó su ministerio17. Bien pudiera ser este el Lisanias a quien se refirió Lucas.
20 En Hechos leemos que Pablo y Bernabé fueron enviados a efectuar obra misional en Chipre y allí conocieron a un procónsul llamado Sergio Paulo, “varón inteligente”. (Hechos 13:7.) A mediados del siglo XIX, en unas excavaciones en Chipre se descubrió una inscripción de 55 E.C. que menciona a este mismo hombre. De esto el arqueólogo G. Ernest Wright dice: “Es la única referencia que tenemos a este procónsul fuera de la Biblia, y es interesante que Lucas nos dé correctamente su nombre y título”18.
21 Cuando Pablo estuvo en Atenas dijo que había observado un altar con la dedicación: “A un Dios Desconocido”. (Hechos 17:23.) En partes del territorio del Imperio Romano se han descubierto altares dedicados en latín a dioses anónimos. Se halló uno en Pérgamo, con la inscripción escrita en griego, como habría sucedido en Atenas.
22 Después, estando Pablo en Éfeso, se enfrentó a la violenta oposición de unos plateros, cuyos ingresos provenían de hacer templetes e imágenes de la diosa Ártemis. Se llamaba a Éfeso “la guardiana del templo de la gran Ártemis”. (Hechos 19:35.) En conformidad con esto, varias figurillas de Ártemis hechas de arcilla y mármol se han descubierto en el lugar donde estaba la antigua Éfeso. Durante el siglo pasado se desenterraron los restos de un templo enorme.
11 En realidad, fuera de las pruebas que contiene la Biblia misma, las pruebas documentales para sucesos de la vida de Jesús y sus apóstoles son muy limitadas. Por supuesto, eso sería de esperarse, ya que en el primer siglo los cristianos eran un grupo relativamente pequeño que no se inmiscuía en la política. Pero las pruebas que vienen de la historia seglar sí concuerdan con lo que leemos en la Biblia.
12 Por ejemplo, después de una tremenda derrota militar de Herodes Antipas, Josefo, historiador judío, escribió lo siguiente en 93 E.C.: “Para algunos judíos la destrucción del ejército de Herodes pareció ser venganza divina, y ciertamente una venganza justa, por el trato que dio a Juan, apodado el Bautista. Porque Herodes le había dado muerte aunque era un hombre bueno y había exhortado a los judíos a llevar vidas justas, a practicar la justicia con sus compañeros y piedad hacia Dios”10. Así Josefo confirma el relato bíblico de que Juan el Bautizante fue un hombre justo que predicó arrepentimiento y que fue ejecutado por Herodes. (Mateo 3:1-12; 14:11.)
13 Josefo también menciona a Santiago, el medio hermano de Jesús, quien, según nos dice la Biblia, al principio no siguió a Jesús, pero después fue anciano prominente en Jerusalén. (Juan 7:3-5; Gálatas 1:18, 19.) Josefo documenta el arresto de Santiago así: “[El sumo sacerdote Anano] convocó a los jueces del Sanedrín y trajo ante ellos a un hombre llamado Santiago, el hermano de Jesús a quien llamaban el Cristo, y a otros”11. Al escribir estas palabras, Josefo también confirma que “Jesús a quien llamaban el Cristo” era una persona real, histórica.
14 Otros escritores del pasado también mencionan cosas de que hablan las Escrituras Griegas. Por ejemplo, los Evangelios nos dicen que muchas personas respondieron a la predicación de Jesús en Palestina. Cuando Poncio Pilato lo sentenció a muerte, los seguidores de Jesús quedaron confundidos y desalentados. Poco después estos mismos discípulos obraron denodadamente y llenaron a Jerusalén del mensaje de que su Señor había sido resucitado. En pocos años el cristianismo se había extendido por todo el Imperio Romano. (Mateo 4:25; 26:31; 27:24-26; Hechos 2:23, 24, 36; 5:28; 17:6.)
15 Testimonio de que esto fue realidad viene del historiador romano Tácito, quien no era amigo del cristianismo. Él escribió poco después del año 100 E.C., y menciona la cruel persecución de los cristianos por Nerón, y añade: “Cristo, el fundador del nombre, había sufrido la pena de muerte en el reinado de Tiberio, sentenciado por el procurador Poncio Pilato, y la perniciosa superstición se detuvo momentáneamente, pero surgió de nuevo, no solamente en Judea, donde comenzó aquella enfermedad, sino en la capital misma [Roma]”12.
16 En Hechos 18:2 el escritor bíblico menciona que “[el emperador romano] Claudio había ordenado que todos los judíos se fueran de Roma”. Suetonio, historiador romano del siglo segundo, también menciona esta expulsión. En su obra Claudio deificado, el historiador dice: “Puesto que los judíos constantemente causaban disturbios por instigación de Cresto, él [Claudio] los expulsó de Roma”13. Si Cresto aquí se refiere a Jesucristo, y si en Roma los sucesos siguieron el modelo de lo que pasó en otras ciudades, entonces los alborotos no fueron realmente por instigación de Cristo (es decir, los seguidores de Cristo). Más bien, fueron la reacción violenta de los judíos a la fiel predicación de los cristianos.
17 Justino Mártir, quien escribió a mediados del siglo segundo, dijo lo siguiente respecto a la muerte de Jesús: “Por las Actas de Poncio Pilato puedes determinar que estas cosas sucedieron”14. Además, según Justino Mártir estos mismos registros mencionaban los milagros de Jesús, de los cuales dice: “De las Actas de Poncio Pilato puedes aprender que Él hizo esas cosas”15. Es verdad que estas “Actas” o registros oficiales ya no existen. Pero es patente que existían en el siglo segundo, y Justino Mártir instó con confianza a sus lectores a comprobar con ellas la veracidad de lo que decía.
Las pruebas arqueológicas
18 Los descubrimientos arqueológicos también han ilustrado o confirmado lo que leemos en las Escrituras Griegas. Por ejemplo, en 1961 se halló el nombre de Poncio Pilato en una inscripción descubierta en las ruinas de un teatro romano en Cesarea16. Hasta el momento de este descubrimiento solo había habido prueba limitada —aparte de la Biblia misma— de la existencia de este gobernante romano.
19 En el Evangelio de Lucas leemos que Juan el Bautizante empezó su ministerio “cuando [...] Lisanias era gobernante de distrito de Abilene”. (Lucas 3:1.) Algunos dudaban de esa declaración porque Josefo mencionaba a un Lisanias que había gobernado en Abilene y había muerto en 34 a.E.C., mucho tiempo antes del nacimiento de Juan. Sin embargo, unos arqueólogos han descubierto en Abilene una inscripción que menciona a otro Lisanias que fue tetrarca (gobernante de distrito) durante el reinado de Tiberio, quien era el césar de Roma cuando Juan empezó su ministerio17. Bien pudiera ser este el Lisanias a quien se refirió Lucas.
20 En Hechos leemos que Pablo y Bernabé fueron enviados a efectuar obra misional en Chipre y allí conocieron a un procónsul llamado Sergio Paulo, “varón inteligente”. (Hechos 13:7.) A mediados del siglo XIX, en unas excavaciones en Chipre se descubrió una inscripción de 55 E.C. que menciona a este mismo hombre. De esto el arqueólogo G. Ernest Wright dice: “Es la única referencia que tenemos a este procónsul fuera de la Biblia, y es interesante que Lucas nos dé correctamente su nombre y título”18.
21 Cuando Pablo estuvo en Atenas dijo que había observado un altar con la dedicación: “A un Dios Desconocido”. (Hechos 17:23.) En partes del territorio del Imperio Romano se han descubierto altares dedicados en latín a dioses anónimos. Se halló uno en Pérgamo, con la inscripción escrita en griego, como habría sucedido en Atenas.
22 Después, estando Pablo en Éfeso, se enfrentó a la violenta oposición de unos plateros, cuyos ingresos provenían de hacer templetes e imágenes de la diosa Ártemis. Se llamaba a Éfeso “la guardiana del templo de la gran Ártemis”. (Hechos 19:35.) En conformidad con esto, varias figurillas de Ártemis hechas de arcilla y mármol se han descubierto en el lugar donde estaba la antigua Éfeso. Durante el siglo pasado se desenterraron los restos de un templo enorme.
Capítulo 5 El “Nuevo Testamento”... ¿historia, o mito?
“Hoy se puede decir que en la historia de la literatura universal no hay libro mejor investigado que el Nuevo Testamento.” Eso dijo Hans Küng en su libro “On Being a Christian” (Sobre ser cristiano). Y tenía razón. Durante los pasados 300 años las Escrituras Griegas Cristianas han sido más que investigadas. Ninguna otra literatura ha sido tan minuciosamente analizada.
LAS conclusiones a que han llegado algunos investigadores han sido rarísimas. Allá en el siglo XIX, Ludwig Noack, de Alemania, llegó a la conclusión de que el Evangelio de Juan había sido escrito en 60 E.C. por el discípulo amado... ¡quien, según Noack, era Judas! El francés Joseph Ernest Renan sugirió que la resurrección de Lázaro pudo haber sido un engaño preparado por Lázaro mismo en apoyo de que Jesús hacía milagros, mientras que el teólogo Gustav Volkmar insistió en que el Jesús histórico nunca pudo haberse presentado como el Mesías1.
2 Por otra parte, ¡Bruno Bauer decidió que Jesús nunca había existido! “Sostuvo que las verdaderas fuerzas creativas del cristianismo primitivo fueron Filón, Séneca y los gnósticos. Al final declaró que nunca había habido un Jesús histórico [...] que la religión cristiana tuvo su génesis hacia fines del siglo segundo y vino de un judaísmo en el cual el estoicismo se había hecho dominante2.”
3 Hoy pocas personas tienen ideas tan extremas. Pero el que lee las obras de eruditos modernos descubre que muchos todavía creen que en las Escrituras Griegas Cristianas hay leyenda, mito y exageración. ¿Es cierto eso?
¿Cuándo se escribieron?
4 Toma tiempo el desarrollo de mitos y leyendas. Por eso es importante la pregunta: ¿Cuándo se escribieron estos libros? El historiador Michael Grant dice que se dio comienzo a los escritos históricos de las Escrituras Griegas Cristianas “treinta o cuarenta años después de la muerte de Jesús”4. Según el arqueólogo bíblico William Foxwell Albright, C. C. Torrey llegó a la conclusión de que “todos los Evangelios se habían escrito antes del año 70 d. de J.C., y en ellos no había nada que no pudiera haberse escrito dentro de veinte años desde la crucifixión”. La opinión del propio Albright era que se habían terminado de escribir “a más tardar alrededor del año 80 d. de J.C.”. Otros salen con cálculos ligeramente diferentes, pero la mayoría concuerda en que el “Nuevo Testamento” terminó de escribirse para el fin del primer siglo.
5 ¿Qué significa eso? Albright llega a esta conclusión: “Todo lo que podemos decir es que un período de entre 20 y 50 años es demasiado corto para permitir considerable corrupción del contenido esencial y hasta del fraseo específico de los dichos de Jesús”5. El profesor Gary Habermas añade: “Los Evangelios están bastante cerca del período sobre el cual informan, mientras que por lo general las historias antiguas describen sucesos que tuvieron lugar siglos antes. Sin embargo, los historiadores modernos logran deducir los sucesos de hasta esos períodos antiguos”6.
6 En otras palabras, las partes históricas de las Escrituras Griegas Cristianas merecen por lo menos tanto crédito como las historias seglares. Ciertamente no hubo mucho tiempo para que se desarrollaran mitos y leyendas de aceptación universal en las pocas décadas entre la escritura de lo sucedido en el cristianismo primitivo y los sucesos mismos.
Testimonio de testigos oculares
7 Hay confirmación especial de esto en el hecho de que muchos de los relatos mencionan el testimonio de testigos oculares. El escritor del Evangelio de Juan dijo: “Este es el discípulo [el discípulo a quien Jesús amaba] que da testimonio acerca de estas cosas”. (Juan 21:24.) El escritor del libro de Lucas dice: “Nos los entregaron los que desde el principio llegaron a ser testigos oculares y servidores del mensaje”. (Lucas 1:2.) El apóstol Pablo, refiriéndose a los que fueron testigos de la resurrección de Jesús, dijo: “La mayoría [de ellos] permanece hasta ahora, pero algunos se han dormido en la muerte”. (1 Corintios 15:6.)
8 Sobre esto el profesor F. F. Bruce observa, con perspicacia: “Jamás pudiera haber sido tan fácil como algunos escritores parecen pensar el inventar palabras y hechos de Jesús en aquellos primeros años, cuando tantos de Sus discípulos estaban vivos, personas que podían recordar lo que había sucedido y lo que no había sucedido. [...] Los discípulos no podrían arriesgarse a presentar inexactitudes (sin mencionar el alterar deliberadamente los hechos), que al momento serían denunciadas por personas que se regocijarían mucho al hacerlo. Por el contrario, un buen argumento a favor de la predicación original de los apóstoles es que ellos reconocían con confianza que los que les escuchaban conocían los sucesos; no solo decían: ‘Somos testigos de estas cosas’, sino también: ‘Como ustedes también lo saben’ (Hechos 2:22.)”7.
¿Se puede confiar en el texto?
9 ¿Sería posible que estos testimonios de testigos oculares se hubieran escrito con exactitud, pero después hubieran sido corrompidos? En otras palabras, ¿se introdujeron mitos y leyendas después de haberse completado la escritura original? Ya hemos visto que el texto de las Escrituras Griegas Cristianas está en mejor condición que toda otra literatura antigua. Kurt y Barbara Aland, doctos en el texto griego de la Biblia, alistan casi 5.000 manuscritos que han sobrevivido desde la antigüedad hasta nuestro día, algunos desde el siglo II E.C.8. El testimonio general de toda esta prueba es que el texto es esencialmente exacto. Además, hay muchas traducciones antiguas —la primera de alrededor del año 180 E.C.— que ayudan a comprobar la exactitud del texto9.
10 Por eso, viendo el asunto desde todo ángulo, podemos estar seguros de que en las Escrituras Griegas Cristianas no se infiltraron leyendas ni mitos después que los escritores originales terminaron su trabajo. El texto que tenemos es esencialmente el mismo que prepararon los escritores originales, y su exactitud está confirmada por el hecho de que los cristianos contemporáneos lo aceptaron. ¿Pudiéramos, entonces, comprobar la historicidad de la Biblia mediante compararla con otras historias antiguas? Hasta cierto grado, sí.
LAS conclusiones a que han llegado algunos investigadores han sido rarísimas. Allá en el siglo XIX, Ludwig Noack, de Alemania, llegó a la conclusión de que el Evangelio de Juan había sido escrito en 60 E.C. por el discípulo amado... ¡quien, según Noack, era Judas! El francés Joseph Ernest Renan sugirió que la resurrección de Lázaro pudo haber sido un engaño preparado por Lázaro mismo en apoyo de que Jesús hacía milagros, mientras que el teólogo Gustav Volkmar insistió en que el Jesús histórico nunca pudo haberse presentado como el Mesías1.
2 Por otra parte, ¡Bruno Bauer decidió que Jesús nunca había existido! “Sostuvo que las verdaderas fuerzas creativas del cristianismo primitivo fueron Filón, Séneca y los gnósticos. Al final declaró que nunca había habido un Jesús histórico [...] que la religión cristiana tuvo su génesis hacia fines del siglo segundo y vino de un judaísmo en el cual el estoicismo se había hecho dominante2.”
3 Hoy pocas personas tienen ideas tan extremas. Pero el que lee las obras de eruditos modernos descubre que muchos todavía creen que en las Escrituras Griegas Cristianas hay leyenda, mito y exageración. ¿Es cierto eso?
¿Cuándo se escribieron?
4 Toma tiempo el desarrollo de mitos y leyendas. Por eso es importante la pregunta: ¿Cuándo se escribieron estos libros? El historiador Michael Grant dice que se dio comienzo a los escritos históricos de las Escrituras Griegas Cristianas “treinta o cuarenta años después de la muerte de Jesús”4. Según el arqueólogo bíblico William Foxwell Albright, C. C. Torrey llegó a la conclusión de que “todos los Evangelios se habían escrito antes del año 70 d. de J.C., y en ellos no había nada que no pudiera haberse escrito dentro de veinte años desde la crucifixión”. La opinión del propio Albright era que se habían terminado de escribir “a más tardar alrededor del año 80 d. de J.C.”. Otros salen con cálculos ligeramente diferentes, pero la mayoría concuerda en que el “Nuevo Testamento” terminó de escribirse para el fin del primer siglo.
5 ¿Qué significa eso? Albright llega a esta conclusión: “Todo lo que podemos decir es que un período de entre 20 y 50 años es demasiado corto para permitir considerable corrupción del contenido esencial y hasta del fraseo específico de los dichos de Jesús”5. El profesor Gary Habermas añade: “Los Evangelios están bastante cerca del período sobre el cual informan, mientras que por lo general las historias antiguas describen sucesos que tuvieron lugar siglos antes. Sin embargo, los historiadores modernos logran deducir los sucesos de hasta esos períodos antiguos”6.
6 En otras palabras, las partes históricas de las Escrituras Griegas Cristianas merecen por lo menos tanto crédito como las historias seglares. Ciertamente no hubo mucho tiempo para que se desarrollaran mitos y leyendas de aceptación universal en las pocas décadas entre la escritura de lo sucedido en el cristianismo primitivo y los sucesos mismos.
Testimonio de testigos oculares
7 Hay confirmación especial de esto en el hecho de que muchos de los relatos mencionan el testimonio de testigos oculares. El escritor del Evangelio de Juan dijo: “Este es el discípulo [el discípulo a quien Jesús amaba] que da testimonio acerca de estas cosas”. (Juan 21:24.) El escritor del libro de Lucas dice: “Nos los entregaron los que desde el principio llegaron a ser testigos oculares y servidores del mensaje”. (Lucas 1:2.) El apóstol Pablo, refiriéndose a los que fueron testigos de la resurrección de Jesús, dijo: “La mayoría [de ellos] permanece hasta ahora, pero algunos se han dormido en la muerte”. (1 Corintios 15:6.)
8 Sobre esto el profesor F. F. Bruce observa, con perspicacia: “Jamás pudiera haber sido tan fácil como algunos escritores parecen pensar el inventar palabras y hechos de Jesús en aquellos primeros años, cuando tantos de Sus discípulos estaban vivos, personas que podían recordar lo que había sucedido y lo que no había sucedido. [...] Los discípulos no podrían arriesgarse a presentar inexactitudes (sin mencionar el alterar deliberadamente los hechos), que al momento serían denunciadas por personas que se regocijarían mucho al hacerlo. Por el contrario, un buen argumento a favor de la predicación original de los apóstoles es que ellos reconocían con confianza que los que les escuchaban conocían los sucesos; no solo decían: ‘Somos testigos de estas cosas’, sino también: ‘Como ustedes también lo saben’ (Hechos 2:22.)”7.
¿Se puede confiar en el texto?
9 ¿Sería posible que estos testimonios de testigos oculares se hubieran escrito con exactitud, pero después hubieran sido corrompidos? En otras palabras, ¿se introdujeron mitos y leyendas después de haberse completado la escritura original? Ya hemos visto que el texto de las Escrituras Griegas Cristianas está en mejor condición que toda otra literatura antigua. Kurt y Barbara Aland, doctos en el texto griego de la Biblia, alistan casi 5.000 manuscritos que han sobrevivido desde la antigüedad hasta nuestro día, algunos desde el siglo II E.C.8. El testimonio general de toda esta prueba es que el texto es esencialmente exacto. Además, hay muchas traducciones antiguas —la primera de alrededor del año 180 E.C.— que ayudan a comprobar la exactitud del texto9.
10 Por eso, viendo el asunto desde todo ángulo, podemos estar seguros de que en las Escrituras Griegas Cristianas no se infiltraron leyendas ni mitos después que los escritores originales terminaron su trabajo. El texto que tenemos es esencialmente el mismo que prepararon los escritores originales, y su exactitud está confirmada por el hecho de que los cristianos contemporáneos lo aceptaron. ¿Pudiéramos, entonces, comprobar la historicidad de la Biblia mediante compararla con otras historias antiguas? Hasta cierto grado, sí.
Capítulo 4 ¿Es creíble el “Antiguo Testamento”?-Notas
[Notas]
“Alta crítica” (o “el método histórico-crítico”) es una expresión que se usa para describir el estudio de la Biblia con el fin de averiguar detalles como quién escribió cada libro, de qué fuente vino la información y cuándo fue compuesto.
Por ejemplo, el poeta inglés John Milton escribió su elevado poema épico “Paraíso perdido” en un estilo muy diferente del que usó en su poema “L’Allegro”. Y el estilo de sus tratados políticos difirió del de estos dos poemas.
Hoy día la mayoría de los intelectuales tienden a ser racionalistas. Según el diccionario, el racionalismo es un “sistema filosófico, que funda sobre la sola razón las creencias religiosas”. Los racionalistas tratan de explicarlo todo en términos humanos más bien que tomar en cuenta la posibilidad de que Dios haya intervenido.
Es interesante que por la estatua de un gobernante antiguo hallada en el norte de Siria en los años setenta quedó claro que no era desconocido el que se llamara rey a un gobernante cuando en realidad tenía un título de menos categoría. La estatua era de un gobernante de Gozán y estaba inscrita en asirio y arameo. La inscripción asiria llamaba a aquel hombre gobernador de Gozán, pero la inscripción aramea paralela lo llamaba rey9. Por eso, no carecería de precedente el que en las inscripciones babilónicas oficiales se llamara príncipe heredero a Belsasar, mientras que en lo que Daniel escribió en arameo se le llamara rey.
[Comentario de la página 53]
A diferencia de las historias seglares antiguas, la Biblia contiene un registro franco de las flaquezas humanas de personajes respetados, como Moisés y David
[Recuadro de la página 44]
El valor de la arqueología
“La arqueología provee una muestra de instrumentos y vasijas, muros y edificios, armas y adornos de la antigüedad. La mayoría de estos pueden disponerse cronológicamente e identificarse de modo seguro con términos y contextos apropiados de la Biblia. En este sentido la Biblia ha conservado con exactitud por escrito su ambiente antiguo. Los detalles de las historias bíblicas no son fantasías de la imaginación de un escritor, sino reflejos auténticos del mundo donde se desarrollaron los sucesos que se relatan, tanto los seglares como los milagrosos.”—The Archaeological Encyclopedia of the Holy Land.
[Recuadro de la página 50]
Las limitaciones de la arqueología
“La arqueología ni prueba ni refuta la Biblia en términos concluyentes; más bien, tiene otras funciones, de considerable importancia. En cierto grado recobra el mundo material que se da por supuesto en la Biblia. Por ejemplo, el saber de qué material se construyó una casa, o la apariencia de un ‘lugar alto’, hace que comprendamos mucho mejor el texto. En segundo lugar, rellena el registro histórico. Por ejemplo, la Estela Moabita da el otro lado de la historia de 2 Reyes 3:4 y versículos siguientes [...] En tercer lugar, revela la vida y el pensar de los vecinos del Israel de la antigüedad... lo que en sí mismo es interesante e ilumina el mundo de ideas en el cual se desarrolló el pensamiento del Israel antiguo.”—Ebla—A Revelation in Archaeology (Ebla... una revelación arqueológica).
[Fotografía de la página 41]
Milton escribió en diferentes estilos, no en uno solo. ¿Creen los de la alta crítica que la obra de Milton sea de diferentes escritores?
[Fotografía de la página 45]
El “Relato en versículos de Nabonido” informa que Nabonido confió el reinado a su primogénito
[Fotografía de la página 46]
La Estela Moabita da la versión del rey Mesá del conflicto entre Moab e Israel
[Ilustración de las páginas 46 y 47]
Registros babilónicos oficiales apoyan el relato bíblico de la caída de Jerusalén
“Alta crítica” (o “el método histórico-crítico”) es una expresión que se usa para describir el estudio de la Biblia con el fin de averiguar detalles como quién escribió cada libro, de qué fuente vino la información y cuándo fue compuesto.
Por ejemplo, el poeta inglés John Milton escribió su elevado poema épico “Paraíso perdido” en un estilo muy diferente del que usó en su poema “L’Allegro”. Y el estilo de sus tratados políticos difirió del de estos dos poemas.
Hoy día la mayoría de los intelectuales tienden a ser racionalistas. Según el diccionario, el racionalismo es un “sistema filosófico, que funda sobre la sola razón las creencias religiosas”. Los racionalistas tratan de explicarlo todo en términos humanos más bien que tomar en cuenta la posibilidad de que Dios haya intervenido.
Es interesante que por la estatua de un gobernante antiguo hallada en el norte de Siria en los años setenta quedó claro que no era desconocido el que se llamara rey a un gobernante cuando en realidad tenía un título de menos categoría. La estatua era de un gobernante de Gozán y estaba inscrita en asirio y arameo. La inscripción asiria llamaba a aquel hombre gobernador de Gozán, pero la inscripción aramea paralela lo llamaba rey9. Por eso, no carecería de precedente el que en las inscripciones babilónicas oficiales se llamara príncipe heredero a Belsasar, mientras que en lo que Daniel escribió en arameo se le llamara rey.
[Comentario de la página 53]
A diferencia de las historias seglares antiguas, la Biblia contiene un registro franco de las flaquezas humanas de personajes respetados, como Moisés y David
[Recuadro de la página 44]
El valor de la arqueología
“La arqueología provee una muestra de instrumentos y vasijas, muros y edificios, armas y adornos de la antigüedad. La mayoría de estos pueden disponerse cronológicamente e identificarse de modo seguro con términos y contextos apropiados de la Biblia. En este sentido la Biblia ha conservado con exactitud por escrito su ambiente antiguo. Los detalles de las historias bíblicas no son fantasías de la imaginación de un escritor, sino reflejos auténticos del mundo donde se desarrollaron los sucesos que se relatan, tanto los seglares como los milagrosos.”—The Archaeological Encyclopedia of the Holy Land.
[Recuadro de la página 50]
Las limitaciones de la arqueología
“La arqueología ni prueba ni refuta la Biblia en términos concluyentes; más bien, tiene otras funciones, de considerable importancia. En cierto grado recobra el mundo material que se da por supuesto en la Biblia. Por ejemplo, el saber de qué material se construyó una casa, o la apariencia de un ‘lugar alto’, hace que comprendamos mucho mejor el texto. En segundo lugar, rellena el registro histórico. Por ejemplo, la Estela Moabita da el otro lado de la historia de 2 Reyes 3:4 y versículos siguientes [...] En tercer lugar, revela la vida y el pensar de los vecinos del Israel de la antigüedad... lo que en sí mismo es interesante e ilumina el mundo de ideas en el cual se desarrolló el pensamiento del Israel antiguo.”—Ebla—A Revelation in Archaeology (Ebla... una revelación arqueológica).
[Fotografía de la página 41]
Milton escribió en diferentes estilos, no en uno solo. ¿Creen los de la alta crítica que la obra de Milton sea de diferentes escritores?
[Fotografía de la página 45]
El “Relato en versículos de Nabonido” informa que Nabonido confió el reinado a su primogénito
[Fotografía de la página 46]
La Estela Moabita da la versión del rey Mesá del conflicto entre Moab e Israel
[Ilustración de las páginas 46 y 47]
Registros babilónicos oficiales apoyan el relato bíblico de la caída de Jerusalén
Capítulo 4 ¿Es creíble el “Antiguo Testamento”?
La caída de Jericó
24 ¿Significa esto que la arqueología concuerda con la Biblia en todo caso? No; hay desacuerdos. Uno de ellos es el de la dramática conquista de Jericó que describimos al principio de este capítulo. Según la Biblia, Jericó fue la primera ciudad que Josué conquistó cuando introdujo a los israelitas en la tierra de Canaán. La cronología bíblica indica que la ciudad cayó en la primera mitad del siglo XV a.E.C. Después de la conquista, Jericó fue quemada completamente y luego quedó deshabitada por centenares de años. (Josué 6:1-26; 1 Reyes 16:34.)
25 Antes de la II Guerra Mundial, el profesor John Garstang excavó donde se creía que había estado Jericó. Descubrió que la ciudad de aquel lugar era muy antigua y que había sido destruida y reedificada muchas veces. Garstang halló que durante una de aquellas destrucciones los muros habían caído como por un terremoto, y la ciudad había sido quemada completamente. Garstang supuso que esto había ocurrido alrededor de 1400 a.E.C., una fecha que no dista mucho de la fecha bíblica para la destrucción de Jericó por Josué15.
26 Después de la guerra, la arqueóloga Kathleen Kenyon hizo otras excavaciones en Jericó. Llegó a la conclusión de que los muros desplomados que Garstang había identificado eran centenares de años más antiguos de lo que él creía. Sí identificó una destrucción grande de Jericó en el siglo XVI a.E.C., pero dijo que no había ninguna ciudad en la ubicación de Jericó durante el siglo XV... cuando la Biblia dice que Josué había invadido el país. Pasó a informar posibles indicaciones de otra destrucción que pudiera haber sucedido en aquel lugar en 1325 a.E.C. y propuso: “Si la destrucción de Jericó se ha de relacionar con una invasión bajo Josué, la fecha que la arqueología propone es esta [última]”16.
27 ¿Significa esto que la Biblia esté equivocada? De ninguna manera. Tenemos que recordar que aunque la arqueología abre ante nosotros una ventana al pasado, el cristal de esa ventana no siempre permite ver con claridad. A veces es indudablemente opaco. Como señaló un comentador: “Desafortunadamente, la prueba arqueológica es fragmentaria, y por lo tanto limitada”17. Esto es especialmente cierto de los primeros períodos de la historia israelita, pues la prueba arqueológica de esos tiempos no es clara. De hecho, la prueba es hasta menos clara en Jericó, ya que ese lugar ha sido muy afectado por la erosión.
Las limitaciones de la arqueología
28 Los arqueólogos mismos reconocen que su ciencia tiene limitaciones. Por ejemplo, Yohanan Aharoni explica: “En lo que se refiere a interpretación histórica o histórico-geográfica, el arqueólogo sale del ámbito de las ciencias exactas y tiene que confiar en apreciaciones e hipótesis para llegar a un cuadro histórico amplio”18. En cuanto a las fechas asignadas a diversos descubrimientos, añade: “Siempre debemos recordar, por lo tanto, que no todas las fechas son absolutas, y que son sospechosas en diversos grados”, aunque cree que los arqueólogos de hoy día pueden confiar más en las fechas que asignan que los arqueólogos del pasado19.
29 The World of the Old Testament (El mundo del Antiguo Testamento) hace la pregunta: “¿Cuán objetivo o verdaderamente científico es el método arqueológico?”. Contesta: “Los arqueólogos son más objetivos cuando desentierran los hechos que cuando los interpretan. Pero sus presuposiciones humanas afectan también los métodos que usan al excavar. No pueden evitar la destrucción de sus pruebas mientras excavan en las capas de la tierra, y por eso nunca pueden someter a prueba su ‘experimento’ repitiéndolo. Esto hace que la arqueología sea singular entre las ciencias. Además, hace que el informar sobre asuntos arqueológicos exija mucho cuidado y esté lleno de escollos”20.
30 Se ve, pues, que la arqueología puede ser muy útil, pero que también es falible, como cualquier esfuerzo humano. Aunque consideramos con interés las teorías arqueológicas, nunca debemos verlas como verdad indiscutible. Si los arqueólogos interpretan sus hallazgos de modo que parezcan contradecir la Biblia, no se debe suponer automáticamente que la Biblia esté equivocada y que los arqueólogos tengan razón. Se ha sabido que las interpretaciones arqueológicas han cambiado.
31 Es interesante que en 1981 el profesor John J. Bimson reexaminó la destrucción de Jericó. Estudió cuidadosamente la destrucción por fuego de Jericó que, según Kathleen Kenyon, ocurrió a mediados del siglo XVI a.E.C. Según él, aquella destrucción no solo armonizaba con el relato bíblico de Josué sobre la destrucción de la ciudad; el cuadro arqueológico de Canaán en conjunto también encajaba perfectamente con la descripción bíblica de Canaán cuando los israelitas la invadieron. Por consiguiente, sugiere que la fecha arqueológica que se ha dado está equivocada, y propone que dicha destrucción realmente tuvo lugar a mediados del siglo XV a.E.C., durante la vida de Josué21.
La Biblia es historia genuina
32 Esto ilustra que muchas veces los arqueólogos difieren entre sí. Por eso, no sorprende que algunos no concuerden con la Biblia, pero otros sí. No obstante, entre los eruditos crece el respeto a la historicidad de la Biblia en general, si es que no en todo detalle. William Foxwell Albright representó la opinión de un grupo cuando escribió: “Generalmente se ha regresado a un aprecio de la exactitud de la historia religiosa de Israel, tanto en general como respecto a detalles de los hechos. [...] En resumen, de nuevo podemos ver que desde el principio hasta el fin la Biblia es un documento auténtico de historia religiosa”22.
33 En realidad la Biblia muestra en sí misma que es historia exacta. Los sucesos se enlazan con tiempos y fechas específicos, a diferencia de los sucesos de la mayoría de los mitos y leyendas antiguos. Muchos sucesos bíblicos tienen el apoyo de inscripciones que datan de los tiempos correspondientes. Cuando hay una diferencia entre la Biblia y alguna inscripción antigua, la discrepancia frecuentemente se puede atribuir a la aversión de los gobernantes de la antigüedad a llevar registro de sus propias derrotas, y a su deseo de exagerar sus éxitos.
34 En efecto, muchas de aquellas inscripciones antiguas tienen menos de historia que de propaganda oficial. En contraste, los escritores de la Biblia despliegan una franqueza excepcional. Se revela a personas prominentes de la antigüedad —como a Moisés y Aarón— con todas sus debilidades y virtudes. Hasta las flaquezas del gran rey David se revelan honradamente. Las faltas de la nación en conjunto se exponen vez tras vez. La franqueza que así se manifiesta sostiene la veracidad y fiabilidad de las Escrituras Hebreas y da peso a estas palabras de Jesús al orar a Dios: “Tu palabra es la verdad”. (Juan 17:17.)
35 Albright pasó a decir: “De todos modos, por su contenido la Biblia se eleva por encima de toda literatura religiosa anterior; y del mismo impresionante modo se eleva sobre toda literatura posterior por la sencillez directa de su mensaje y la universalidad de su atractivo para hombres de todos los países y épocas”23. Es este ‘mensaje elevado’, más bien que el testimonio de eruditos, lo que demuestra la inspiración de la Biblia, como veremos en capítulos posteriores. Pero señalemos aquí que los pensadores racionalistas modernos no han podido probar que las Escrituras Hebreas no sean historia verdadera, mientras que estos escritos mismos dan toda prueba de ser exactos. ¿Puede decirse lo mismo de las Escrituras Griegas Cristianas, el “Nuevo Testamento”? Eso lo consideraremos en el capítulo siguiente.
24 ¿Significa esto que la arqueología concuerda con la Biblia en todo caso? No; hay desacuerdos. Uno de ellos es el de la dramática conquista de Jericó que describimos al principio de este capítulo. Según la Biblia, Jericó fue la primera ciudad que Josué conquistó cuando introdujo a los israelitas en la tierra de Canaán. La cronología bíblica indica que la ciudad cayó en la primera mitad del siglo XV a.E.C. Después de la conquista, Jericó fue quemada completamente y luego quedó deshabitada por centenares de años. (Josué 6:1-26; 1 Reyes 16:34.)
25 Antes de la II Guerra Mundial, el profesor John Garstang excavó donde se creía que había estado Jericó. Descubrió que la ciudad de aquel lugar era muy antigua y que había sido destruida y reedificada muchas veces. Garstang halló que durante una de aquellas destrucciones los muros habían caído como por un terremoto, y la ciudad había sido quemada completamente. Garstang supuso que esto había ocurrido alrededor de 1400 a.E.C., una fecha que no dista mucho de la fecha bíblica para la destrucción de Jericó por Josué15.
26 Después de la guerra, la arqueóloga Kathleen Kenyon hizo otras excavaciones en Jericó. Llegó a la conclusión de que los muros desplomados que Garstang había identificado eran centenares de años más antiguos de lo que él creía. Sí identificó una destrucción grande de Jericó en el siglo XVI a.E.C., pero dijo que no había ninguna ciudad en la ubicación de Jericó durante el siglo XV... cuando la Biblia dice que Josué había invadido el país. Pasó a informar posibles indicaciones de otra destrucción que pudiera haber sucedido en aquel lugar en 1325 a.E.C. y propuso: “Si la destrucción de Jericó se ha de relacionar con una invasión bajo Josué, la fecha que la arqueología propone es esta [última]”16.
27 ¿Significa esto que la Biblia esté equivocada? De ninguna manera. Tenemos que recordar que aunque la arqueología abre ante nosotros una ventana al pasado, el cristal de esa ventana no siempre permite ver con claridad. A veces es indudablemente opaco. Como señaló un comentador: “Desafortunadamente, la prueba arqueológica es fragmentaria, y por lo tanto limitada”17. Esto es especialmente cierto de los primeros períodos de la historia israelita, pues la prueba arqueológica de esos tiempos no es clara. De hecho, la prueba es hasta menos clara en Jericó, ya que ese lugar ha sido muy afectado por la erosión.
Las limitaciones de la arqueología
28 Los arqueólogos mismos reconocen que su ciencia tiene limitaciones. Por ejemplo, Yohanan Aharoni explica: “En lo que se refiere a interpretación histórica o histórico-geográfica, el arqueólogo sale del ámbito de las ciencias exactas y tiene que confiar en apreciaciones e hipótesis para llegar a un cuadro histórico amplio”18. En cuanto a las fechas asignadas a diversos descubrimientos, añade: “Siempre debemos recordar, por lo tanto, que no todas las fechas son absolutas, y que son sospechosas en diversos grados”, aunque cree que los arqueólogos de hoy día pueden confiar más en las fechas que asignan que los arqueólogos del pasado19.
29 The World of the Old Testament (El mundo del Antiguo Testamento) hace la pregunta: “¿Cuán objetivo o verdaderamente científico es el método arqueológico?”. Contesta: “Los arqueólogos son más objetivos cuando desentierran los hechos que cuando los interpretan. Pero sus presuposiciones humanas afectan también los métodos que usan al excavar. No pueden evitar la destrucción de sus pruebas mientras excavan en las capas de la tierra, y por eso nunca pueden someter a prueba su ‘experimento’ repitiéndolo. Esto hace que la arqueología sea singular entre las ciencias. Además, hace que el informar sobre asuntos arqueológicos exija mucho cuidado y esté lleno de escollos”20.
30 Se ve, pues, que la arqueología puede ser muy útil, pero que también es falible, como cualquier esfuerzo humano. Aunque consideramos con interés las teorías arqueológicas, nunca debemos verlas como verdad indiscutible. Si los arqueólogos interpretan sus hallazgos de modo que parezcan contradecir la Biblia, no se debe suponer automáticamente que la Biblia esté equivocada y que los arqueólogos tengan razón. Se ha sabido que las interpretaciones arqueológicas han cambiado.
31 Es interesante que en 1981 el profesor John J. Bimson reexaminó la destrucción de Jericó. Estudió cuidadosamente la destrucción por fuego de Jericó que, según Kathleen Kenyon, ocurrió a mediados del siglo XVI a.E.C. Según él, aquella destrucción no solo armonizaba con el relato bíblico de Josué sobre la destrucción de la ciudad; el cuadro arqueológico de Canaán en conjunto también encajaba perfectamente con la descripción bíblica de Canaán cuando los israelitas la invadieron. Por consiguiente, sugiere que la fecha arqueológica que se ha dado está equivocada, y propone que dicha destrucción realmente tuvo lugar a mediados del siglo XV a.E.C., durante la vida de Josué21.
La Biblia es historia genuina
32 Esto ilustra que muchas veces los arqueólogos difieren entre sí. Por eso, no sorprende que algunos no concuerden con la Biblia, pero otros sí. No obstante, entre los eruditos crece el respeto a la historicidad de la Biblia en general, si es que no en todo detalle. William Foxwell Albright representó la opinión de un grupo cuando escribió: “Generalmente se ha regresado a un aprecio de la exactitud de la historia religiosa de Israel, tanto en general como respecto a detalles de los hechos. [...] En resumen, de nuevo podemos ver que desde el principio hasta el fin la Biblia es un documento auténtico de historia religiosa”22.
33 En realidad la Biblia muestra en sí misma que es historia exacta. Los sucesos se enlazan con tiempos y fechas específicos, a diferencia de los sucesos de la mayoría de los mitos y leyendas antiguos. Muchos sucesos bíblicos tienen el apoyo de inscripciones que datan de los tiempos correspondientes. Cuando hay una diferencia entre la Biblia y alguna inscripción antigua, la discrepancia frecuentemente se puede atribuir a la aversión de los gobernantes de la antigüedad a llevar registro de sus propias derrotas, y a su deseo de exagerar sus éxitos.
34 En efecto, muchas de aquellas inscripciones antiguas tienen menos de historia que de propaganda oficial. En contraste, los escritores de la Biblia despliegan una franqueza excepcional. Se revela a personas prominentes de la antigüedad —como a Moisés y Aarón— con todas sus debilidades y virtudes. Hasta las flaquezas del gran rey David se revelan honradamente. Las faltas de la nación en conjunto se exponen vez tras vez. La franqueza que así se manifiesta sostiene la veracidad y fiabilidad de las Escrituras Hebreas y da peso a estas palabras de Jesús al orar a Dios: “Tu palabra es la verdad”. (Juan 17:17.)
35 Albright pasó a decir: “De todos modos, por su contenido la Biblia se eleva por encima de toda literatura religiosa anterior; y del mismo impresionante modo se eleva sobre toda literatura posterior por la sencillez directa de su mensaje y la universalidad de su atractivo para hombres de todos los países y épocas”23. Es este ‘mensaje elevado’, más bien que el testimonio de eruditos, lo que demuestra la inspiración de la Biblia, como veremos en capítulos posteriores. Pero señalemos aquí que los pensadores racionalistas modernos no han podido probar que las Escrituras Hebreas no sean historia verdadera, mientras que estos escritos mismos dan toda prueba de ser exactos. ¿Puede decirse lo mismo de las Escrituras Griegas Cristianas, el “Nuevo Testamento”? Eso lo consideraremos en el capítulo siguiente.
Capítulo 4 ¿Es creíble el “Antiguo Testamento”?
¿Tiene apoyo arqueológico la Biblia?
15 Como campo de estudio la arqueología tiene un fundamento mucho más sólido que el de la alta crítica. De muchas maneras los arqueólogos que excavan entre los vestigios de civilizaciones pasadas han aumentado nuestro entendimiento de cómo era la vida en tiempos antiguos. Por eso no sorprende que muchas veces el registro arqueológico armonice con lo que leemos en la Biblia. A veces la arqueología hasta ha mostrado que la Biblia tiene razón y sus críticos no.
16 Por ejemplo, según el libro de Daniel, el último gobernante de Babilonia antes de su caída en manos de los persas se llamó Belsasar. (Daniel 5:1-30.) Puesto que fuera de la Biblia no había ninguna mención de Belsasar, se levantó la acusación de que la Biblia estaba equivocada y que aquel hombre nunca había existido. Pero durante el siglo XIX se descubrieron en unas ruinas del sur de Irak varios cilindros pequeños con inscripciones en grafía cuneiforme. Se halló que contenían una oración por la salud del hijo mayor de Nabonido, el rey de Babilonia.
¿Cómo se llamaba este hijo? Belsasar.
17 ¡Así que había existido un Belsasar! Pero ¿era rey cuando Babilonia cayó? La mayoría de los documentos que se hallaron más tarde lo llamaban el hijo del rey, el príncipe heredero. Pero un documento cuneiforme descrito como el “Relato en versículos de Nabonido” arrojó más luz sobre la verdadera posición que ocupaba Belsasar. Informó: “Él [Nabonido] confió el ‘Campamento’ a su (hijo) mayor, el primogénito, ordenó que estuvieran bajo su (mando) las tropas de todas partes del país. Lo cedió (todo), confió el reinado a él”8. De modo que a Belsasar se le encargó el reinado. ¡Para todos los fines, eso de seguro lo hacía rey! Esta relación entre Belsasar y su padre, Nabonido, explica por qué, durante aquel último banquete en Babilonia, Belsasar dijo que haría a Daniel el tercer gobernante del reino. (Daniel 5:16.) Puesto que Nabonido era el primer gobernante, Belsasar mismo era solo el segundo gobernante de Babilonia.
Otras pruebas en apoyo
18 Sí, muchos descubrimientos arqueológicos han demostrado la exactitud histórica de la Biblia. Por ejemplo, la Biblia informa que después que el rey Salomón hubo recibido de David su padre el reinado, Israel disfrutó de gran prosperidad. Leemos: “Judá e Israel eran muchos, como los granos de arena que están junto al mar por su multitud, y comían y bebían y se regocijaban”. (1 Reyes 4:20.) En apoyo de esta declaración, leemos: “La evidencia arqueológica revela que hubo una explosión demográfica en Judá durante el siglo X a. de J.C. y después, cuando la paz y prosperidad que trajo David hizo posible la edificación de muchos pueblos nuevos”10.
19 Algún tiempo después, de una sola nación se desarrollaron dos —Israel y Judá—, e Israel conquistó el vecino país de Moab. En la ocasión de una rebelión de Moab bajo el rey Mesá, Israel formó una alianza con Judá y el vecino reino de Edom para guerrear contra Moab. (2 Reyes 3:4-27.) Un hecho extraordinario es que en 1868, en Jordania, se descubrió una estela (una losa con inscripciones) que contenía en lenguaje moabita el propio relato de Mesá sobre aquel conflicto.
20 Después, en 740 a.E.C., Dios permitió que el rebelde reino norteño, Israel, fuera destruido por los asirios. (2 Reyes 17:6-18.) Sobre el relato bíblico de este suceso la arqueóloga Kathleen Kenyon dice: “Pudiera sospecharse que parte de esto es hipérbole”. Pero ¿es así? Ella añade: “La evidencia arqueológica de la caída del reino de Israel es casi más gráfica que la del registro bíblico. [...] El arrasamiento completo de los pueblos israelitas de Samaria y Hazor y la acompañante destrucción de Meguidó es la prueba arqueológica real de que el escritor [bíblico] no exageró”11.
21 La Biblia nos dice que, más tarde todavía, los babilonios sitiaron Jerusalén, donde reinaba Joaquín, y la derrotaron. Hay un relato de este suceso en la Crónica de Babilonia, una tablilla con escritura cuneiforme descubierta por los arqueólogos. En esa crónica leemos: “El rey de Akkad [Babilonia] [...] puso sitio a la ciudad de Judá (iahudu) y el rey tomó la ciudad el segundo día del mes de Addaru”12. Joaquín fue llevado a Babilonia y puesto en prisión. Pero la Biblia indica que algún tiempo después lo pusieron en libertad y recibió una porción designada de alimento. (2 Reyes 24:8-15; 25:27-30.) Hasta esto tiene el apoyo de documentos administrativos hallados en Babilonia, que indican las raciones que se dieron a “Yaukín, rey de Judá”13.
22 Respecto a la relación entre la arqueología y los relatos históricos de la Biblia, el profesor David Noel Freedman observó: “Sin embargo, en general la arqueología ha tendido a apoyar la validez histórica de la narración bíblica. El amplio esquema cronológico desde los patriarcas hasta los tiempos del N[uevo] T[estamento] está en correlación con los datos arqueológicos. [...] Descubrimientos futuros probablemente sostengan la actual postura moderada de que la tradición bíblica tiene raíces históricas y ha sido transmitida fielmente, aunque no sea historia en el sentido crítico o científico”.
23 Entonces, respecto a los esfuerzos de los representantes de la alta crítica por restar crédito a la Biblia, dice: “Las reconstrucciones de la historia bíblica que han intentado efectuar eruditos modernos —por ejemplo, el punto de vista de Wellhausen de que la edad patriarcal era un reflejo de la monarquía dividida; o el rechazamiento de la historicidad de Moisés y del éxodo y la consiguiente reorganización de la historia israelita por Noth y sus seguidores— no han sobrevivido a los hechos arqueológicos con tan buen éxito como la narración bíblica”14.
15 Como campo de estudio la arqueología tiene un fundamento mucho más sólido que el de la alta crítica. De muchas maneras los arqueólogos que excavan entre los vestigios de civilizaciones pasadas han aumentado nuestro entendimiento de cómo era la vida en tiempos antiguos. Por eso no sorprende que muchas veces el registro arqueológico armonice con lo que leemos en la Biblia. A veces la arqueología hasta ha mostrado que la Biblia tiene razón y sus críticos no.
16 Por ejemplo, según el libro de Daniel, el último gobernante de Babilonia antes de su caída en manos de los persas se llamó Belsasar. (Daniel 5:1-30.) Puesto que fuera de la Biblia no había ninguna mención de Belsasar, se levantó la acusación de que la Biblia estaba equivocada y que aquel hombre nunca había existido. Pero durante el siglo XIX se descubrieron en unas ruinas del sur de Irak varios cilindros pequeños con inscripciones en grafía cuneiforme. Se halló que contenían una oración por la salud del hijo mayor de Nabonido, el rey de Babilonia.
¿Cómo se llamaba este hijo? Belsasar.
17 ¡Así que había existido un Belsasar! Pero ¿era rey cuando Babilonia cayó? La mayoría de los documentos que se hallaron más tarde lo llamaban el hijo del rey, el príncipe heredero. Pero un documento cuneiforme descrito como el “Relato en versículos de Nabonido” arrojó más luz sobre la verdadera posición que ocupaba Belsasar. Informó: “Él [Nabonido] confió el ‘Campamento’ a su (hijo) mayor, el primogénito, ordenó que estuvieran bajo su (mando) las tropas de todas partes del país. Lo cedió (todo), confió el reinado a él”8. De modo que a Belsasar se le encargó el reinado. ¡Para todos los fines, eso de seguro lo hacía rey! Esta relación entre Belsasar y su padre, Nabonido, explica por qué, durante aquel último banquete en Babilonia, Belsasar dijo que haría a Daniel el tercer gobernante del reino. (Daniel 5:16.) Puesto que Nabonido era el primer gobernante, Belsasar mismo era solo el segundo gobernante de Babilonia.
Otras pruebas en apoyo
18 Sí, muchos descubrimientos arqueológicos han demostrado la exactitud histórica de la Biblia. Por ejemplo, la Biblia informa que después que el rey Salomón hubo recibido de David su padre el reinado, Israel disfrutó de gran prosperidad. Leemos: “Judá e Israel eran muchos, como los granos de arena que están junto al mar por su multitud, y comían y bebían y se regocijaban”. (1 Reyes 4:20.) En apoyo de esta declaración, leemos: “La evidencia arqueológica revela que hubo una explosión demográfica en Judá durante el siglo X a. de J.C. y después, cuando la paz y prosperidad que trajo David hizo posible la edificación de muchos pueblos nuevos”10.
19 Algún tiempo después, de una sola nación se desarrollaron dos —Israel y Judá—, e Israel conquistó el vecino país de Moab. En la ocasión de una rebelión de Moab bajo el rey Mesá, Israel formó una alianza con Judá y el vecino reino de Edom para guerrear contra Moab. (2 Reyes 3:4-27.) Un hecho extraordinario es que en 1868, en Jordania, se descubrió una estela (una losa con inscripciones) que contenía en lenguaje moabita el propio relato de Mesá sobre aquel conflicto.
20 Después, en 740 a.E.C., Dios permitió que el rebelde reino norteño, Israel, fuera destruido por los asirios. (2 Reyes 17:6-18.) Sobre el relato bíblico de este suceso la arqueóloga Kathleen Kenyon dice: “Pudiera sospecharse que parte de esto es hipérbole”. Pero ¿es así? Ella añade: “La evidencia arqueológica de la caída del reino de Israel es casi más gráfica que la del registro bíblico. [...] El arrasamiento completo de los pueblos israelitas de Samaria y Hazor y la acompañante destrucción de Meguidó es la prueba arqueológica real de que el escritor [bíblico] no exageró”11.
21 La Biblia nos dice que, más tarde todavía, los babilonios sitiaron Jerusalén, donde reinaba Joaquín, y la derrotaron. Hay un relato de este suceso en la Crónica de Babilonia, una tablilla con escritura cuneiforme descubierta por los arqueólogos. En esa crónica leemos: “El rey de Akkad [Babilonia] [...] puso sitio a la ciudad de Judá (iahudu) y el rey tomó la ciudad el segundo día del mes de Addaru”12. Joaquín fue llevado a Babilonia y puesto en prisión. Pero la Biblia indica que algún tiempo después lo pusieron en libertad y recibió una porción designada de alimento. (2 Reyes 24:8-15; 25:27-30.) Hasta esto tiene el apoyo de documentos administrativos hallados en Babilonia, que indican las raciones que se dieron a “Yaukín, rey de Judá”13.
22 Respecto a la relación entre la arqueología y los relatos históricos de la Biblia, el profesor David Noel Freedman observó: “Sin embargo, en general la arqueología ha tendido a apoyar la validez histórica de la narración bíblica. El amplio esquema cronológico desde los patriarcas hasta los tiempos del N[uevo] T[estamento] está en correlación con los datos arqueológicos. [...] Descubrimientos futuros probablemente sostengan la actual postura moderada de que la tradición bíblica tiene raíces históricas y ha sido transmitida fielmente, aunque no sea historia en el sentido crítico o científico”.
23 Entonces, respecto a los esfuerzos de los representantes de la alta crítica por restar crédito a la Biblia, dice: “Las reconstrucciones de la historia bíblica que han intentado efectuar eruditos modernos —por ejemplo, el punto de vista de Wellhausen de que la edad patriarcal era un reflejo de la monarquía dividida; o el rechazamiento de la historicidad de Moisés y del éxodo y la consiguiente reorganización de la historia israelita por Noth y sus seguidores— no han sobrevivido a los hechos arqueológicos con tan buen éxito como la narración bíblica”14.
miércoles, 1 de junio de 2011
Capítulo 4 ¿Es creíble el “Antiguo Testamento”?
En este capítulo y otros próximos consideraremos acusaciones que dirigen contra la Biblia críticos modernos. Algunos afirman que la Biblia se contradice y es “anticientífica”, y eso lo consideraremos más adelante. Pero, primero, considere la acusación común de que la Biblia es solo una colección de mitos y leyendas. ¿Tienen base sólida para tal crítica los adversarios de la Biblia? Para empezar, examinemos las Escrituras Hebreas, el llamado Antiguo Testamento.
UNA ciudad antigua está bajo sitio. Los que la sitian han cruzado como un enjambre el río Jordán y ahora acampan enfrente de los altos muros de la ciudad. Pero ¡qué extrañas tácticas de combate! Durante los últimos seis días, cada día el ejército invasor ha marchado alrededor de la ciudad en silencio, excepto por unos sacerdotes acompañantes que tocan unos cuernos. Ahora, en el séptimo día, el ejército marcha siete veces, en silencio, alrededor de la ciudad. De repente los sacerdotes tocan los cuernos con todas sus fuerzas. El ejército rompe su silencio con un vigoroso grito de guerra, y los elevados muros de la ciudad se desploman, levantando una nube de polvo; la ciudad queda indefensa. (Josué 6:1-21.)
2 Así describe el libro de Josué, el sexto libro de las Escrituras Hebreas, la caída de Jericó que tuvo lugar hace casi 3.500 años. Pero ¿realmente sucedió eso? Muchos representantes de la alta crítica responderían, muy seguros de sí mismos, que no. Ellos afirman que el libro de Josué —lo mismo que los cinco libros anteriores de la Biblia— se compone de leyendas que fueron escritas muchos siglos después del tiempo en que supuestamente tuvieron lugar los sucesos. Muchos arqueólogos también contestarían que no. Según ellos, pudiera ser que Jericó ni siquiera existiera cuando los israelitas entraron en la tierra de Canaán.
3 Esas son acusaciones graves. A medida que uno lee la Biblia, nota que sus enseñanzas están enlazadas sólidamente con la historia. Los mandatos de Dios se dan a un pueblo histórico, y él trata con hombres, mujeres, familias y naciones de la vida real. Los eruditos modernos que ponen en duda la historicidad de la Biblia ponen en duda también la importancia y la veracidad de su mensaje. Si la Biblia es realmente la Palabra de Dios, entonces la historia que contiene debe ser digna de confianza y no tener simplemente leyendas y mitos. ¿Tienen dichos críticos razones para desafiar la veracidad histórica de la Biblia?
La alta crítica... ¿cuán confiable?
4 La alta crítica de la Biblia empezó con ahínco durante los siglos XVIII y XIX. En la mitad posterior del siglo XIX el crítico alemán de la Biblia llamado Julius Wellhausen popularizó la teoría de que los primeros seis libros de la Biblia, entre ellos Josué, se habían escrito en el siglo V a.E.C.... unos mil años después de los sucesos descritos en ellos. No obstante, admitió que parte de su contenido se había escrito antes1. Esta teoría se imprimió en la undécima edición de la Encyclopædia Britannica, publicada en 1911, que explicó: “Génesis es una obra de un tiempo posterior al exilio, compuesta de una fuente sacerdotal de ese tiempo (P) y fuentes anteriores no sacerdotales que difieren notablemente de P en lenguaje, estilo y punto de vista religioso”.
5 De toda la historia registrada en la parte inicial de las Escrituras Hebreas, Wellhausen y sus seguidores decían que “no [era] historia literal, sino tradiciones populares del pasado”2. Para ellos, los primeros relatos eran solo un reflejo de la historia posterior de Israel. Por ejemplo, decían que en realidad no hubo enemistad entre Jacob y Esaú, sino que aquello reflejó la enemistad que en tiempos posteriores hubo entre las naciones de Israel y Edom.
6 Así pues, aquellos críticos creían que a Moisés nunca se le mandó hacer el arca del pacto, y en su opinión nunca había existido el tabernáculo, que fue el centro de la adoración israelita en el desierto. También creían que la autoridad del sacerdocio aarónico se estableció de lleno unos cuantos años antes de la destrucción de Jerusalén por los babilonios, lo que los críticos creían que había ocurrido a principios del siglo VI a.E.C.3.
7 ¿Qué “prueba” tenían para esas ideas? Los de la alta crítica alegan que pueden dividir el texto de los primeros libros de la Biblia en unos cuantos documentos diferentes. Uno de sus principios básicos es suponer que, por lo general, cualquier versículo bíblico que usa la palabra hebrea para Dios (’Elo‧hím) por sí sola provino de un escritor en particular, mientras que cualquier versículo que se refiera a Dios por su nombre, Jehová, tuvo que haberlo escrito otro... como si un solo escritor no pudiera haber usado ambos términos4.
8 El que un acontecimiento se haya registrado más de una vez en un libro se toma también como prueba de que hubo más de un escritor implicado, aunque en la literatura semítica antigua hay ejemplos semejantes de repetición. Además, se supone que cualquier cambio de estilo significa un cambio de escritor. Sin embargo, hasta los escritores de hoy día suelen emplear estilos diferentes en diversas etapas de sus carreras, o cuando tratan materia diferente.
9 ¿Hay prueba verdadera para esas teorías? De ninguna manera. Cierto comentarista señaló: “La crítica, hasta en su mejor expresión, es especulativa e implica tanteo, algo siempre susceptible a modificación o a ser refutado y reemplazado por otra idea. Es un ejercicio intelectual, sujeto a todas las dudas y suposiciones que son parte inseparable de tales ejercicios”5. Especialmente es “especulativa e implica tanteo”, en sumo grado, la alta crítica de la Biblia.
10 Gleason L. Archer, hijo, muestra otro fallo en el razonamiento de la alta crítica. Dice que la dificultad está en que “la escuela de Wellhausen empezó con la suposición pura (que difícilmente se han molestado en demostrar) de que la religión de Israel era solo de origen humano como cualquier otra, y que tenía que ser explicada como un simple producto de la evolución”6. En otras palabras, Wellhausen y sus seguidores comenzaron por suponer que la Biblia era solo palabra del hombre, y en eso basaron sus razonamientos.
11 Allá en 1909 la obra de consulta judía The Jewish Encyclopedia señaló otros dos puntos débiles de la teoría de Wellhausen: “Los argumentos por los cuales Wellhausen casi se ha ganado por completo a todo el cuerpo de críticos contemporáneos de la Biblia se fundan en dos suposiciones: en primer lugar, que el ritual se complica a medida que la religión se desarrolla; en segundo lugar, que las fuentes más antiguas necesariamente tratan las etapas más primitivas del desarrollo ritual. La primera suposición va contra la prueba procedente de culturas primitivas, y la última no tiene apoyo de la prueba que viene de códigos rituales como los de la India”.
12 ¿Hay alguna manera de someter a prueba la alta crítica para ver si sus teorías son correctas o no? The Jewish Encyclopedia pasó a decir: “Los puntos de vista de Wellhausen se basan casi exclusivamente en análisis literal, y tendrán que ser complementados por un examen desde el punto de vista de la arqueología institucional”. A medida que pasaron los años, ¿tendió la arqueología a confirmar las teorías de Wellhausen? The New Encyclopædia Britannica contesta: “La crítica arqueológica ha tendido a comprobar que los detalles históricos típicos de hasta los períodos más antiguos [de la historia bíblica] son confiables, y a desestimar la teoría de que los relatos del Pentateuco [los registros históricos de los primeros libros de la Biblia] son simplemente el reflejo de un período muy posterior”.
13 En vista del débil apoyo con que cuenta la alta crítica, ¿por qué es tan popular entre los intelectuales de hoy? Porque les dice lo que quieren oír. Cierto erudito del siglo XIX explicó: “Personalmente acogí mejor este libro de Wellhausen que casi todos los demás; pues me pareció que al fin el problema apremiante de la historia del Antiguo Testamento se había resuelto en conformidad con el principio de la evolución humana, que me veo obligado a aplicar a la historia de toda religión”7. Está claro que la alta crítica concordaba con sus prejuicios de evolucionista. Y en realidad ambas teorías tienen un propósito similar. Tal como si se acepta la evolución no hay que creer en la existencia de un Creador, así el aceptar la alta crítica de Wellhausen significa no tener que creer que la Biblia fue inspirada por Dios.
14 En este siglo XX de tendencia racionalista, el suponer que la Biblia no es palabra de Dios, sino del hombre, les parece plausible a los intelectuales. A ellos se les hace mucho más fácil creer que las profecías se escribieron después del tiempo de su cumplimiento que aceptarlas como genuinas. Prefieren explicar como mitos, leyendas o cuentos populares los relatos bíblicos de milagros, más bien que considerar la posibilidad de que realmente sucedieran. Pero ese punto de vista manifiesta prejuicio y no da razón sólida para rechazar la veracidad de la Biblia. La alta crítica tiene fallos serios, y su ataque contra la Biblia no ha podido demostrar que la Biblia no sea la Palabra de Dios.
UNA ciudad antigua está bajo sitio. Los que la sitian han cruzado como un enjambre el río Jordán y ahora acampan enfrente de los altos muros de la ciudad. Pero ¡qué extrañas tácticas de combate! Durante los últimos seis días, cada día el ejército invasor ha marchado alrededor de la ciudad en silencio, excepto por unos sacerdotes acompañantes que tocan unos cuernos. Ahora, en el séptimo día, el ejército marcha siete veces, en silencio, alrededor de la ciudad. De repente los sacerdotes tocan los cuernos con todas sus fuerzas. El ejército rompe su silencio con un vigoroso grito de guerra, y los elevados muros de la ciudad se desploman, levantando una nube de polvo; la ciudad queda indefensa. (Josué 6:1-21.)
2 Así describe el libro de Josué, el sexto libro de las Escrituras Hebreas, la caída de Jericó que tuvo lugar hace casi 3.500 años. Pero ¿realmente sucedió eso? Muchos representantes de la alta crítica responderían, muy seguros de sí mismos, que no. Ellos afirman que el libro de Josué —lo mismo que los cinco libros anteriores de la Biblia— se compone de leyendas que fueron escritas muchos siglos después del tiempo en que supuestamente tuvieron lugar los sucesos. Muchos arqueólogos también contestarían que no. Según ellos, pudiera ser que Jericó ni siquiera existiera cuando los israelitas entraron en la tierra de Canaán.
3 Esas son acusaciones graves. A medida que uno lee la Biblia, nota que sus enseñanzas están enlazadas sólidamente con la historia. Los mandatos de Dios se dan a un pueblo histórico, y él trata con hombres, mujeres, familias y naciones de la vida real. Los eruditos modernos que ponen en duda la historicidad de la Biblia ponen en duda también la importancia y la veracidad de su mensaje. Si la Biblia es realmente la Palabra de Dios, entonces la historia que contiene debe ser digna de confianza y no tener simplemente leyendas y mitos. ¿Tienen dichos críticos razones para desafiar la veracidad histórica de la Biblia?
La alta crítica... ¿cuán confiable?
4 La alta crítica de la Biblia empezó con ahínco durante los siglos XVIII y XIX. En la mitad posterior del siglo XIX el crítico alemán de la Biblia llamado Julius Wellhausen popularizó la teoría de que los primeros seis libros de la Biblia, entre ellos Josué, se habían escrito en el siglo V a.E.C.... unos mil años después de los sucesos descritos en ellos. No obstante, admitió que parte de su contenido se había escrito antes1. Esta teoría se imprimió en la undécima edición de la Encyclopædia Britannica, publicada en 1911, que explicó: “Génesis es una obra de un tiempo posterior al exilio, compuesta de una fuente sacerdotal de ese tiempo (P) y fuentes anteriores no sacerdotales que difieren notablemente de P en lenguaje, estilo y punto de vista religioso”.
5 De toda la historia registrada en la parte inicial de las Escrituras Hebreas, Wellhausen y sus seguidores decían que “no [era] historia literal, sino tradiciones populares del pasado”2. Para ellos, los primeros relatos eran solo un reflejo de la historia posterior de Israel. Por ejemplo, decían que en realidad no hubo enemistad entre Jacob y Esaú, sino que aquello reflejó la enemistad que en tiempos posteriores hubo entre las naciones de Israel y Edom.
6 Así pues, aquellos críticos creían que a Moisés nunca se le mandó hacer el arca del pacto, y en su opinión nunca había existido el tabernáculo, que fue el centro de la adoración israelita en el desierto. También creían que la autoridad del sacerdocio aarónico se estableció de lleno unos cuantos años antes de la destrucción de Jerusalén por los babilonios, lo que los críticos creían que había ocurrido a principios del siglo VI a.E.C.3.
7 ¿Qué “prueba” tenían para esas ideas? Los de la alta crítica alegan que pueden dividir el texto de los primeros libros de la Biblia en unos cuantos documentos diferentes. Uno de sus principios básicos es suponer que, por lo general, cualquier versículo bíblico que usa la palabra hebrea para Dios (’Elo‧hím) por sí sola provino de un escritor en particular, mientras que cualquier versículo que se refiera a Dios por su nombre, Jehová, tuvo que haberlo escrito otro... como si un solo escritor no pudiera haber usado ambos términos4.
8 El que un acontecimiento se haya registrado más de una vez en un libro se toma también como prueba de que hubo más de un escritor implicado, aunque en la literatura semítica antigua hay ejemplos semejantes de repetición. Además, se supone que cualquier cambio de estilo significa un cambio de escritor. Sin embargo, hasta los escritores de hoy día suelen emplear estilos diferentes en diversas etapas de sus carreras, o cuando tratan materia diferente.
9 ¿Hay prueba verdadera para esas teorías? De ninguna manera. Cierto comentarista señaló: “La crítica, hasta en su mejor expresión, es especulativa e implica tanteo, algo siempre susceptible a modificación o a ser refutado y reemplazado por otra idea. Es un ejercicio intelectual, sujeto a todas las dudas y suposiciones que son parte inseparable de tales ejercicios”5. Especialmente es “especulativa e implica tanteo”, en sumo grado, la alta crítica de la Biblia.
10 Gleason L. Archer, hijo, muestra otro fallo en el razonamiento de la alta crítica. Dice que la dificultad está en que “la escuela de Wellhausen empezó con la suposición pura (que difícilmente se han molestado en demostrar) de que la religión de Israel era solo de origen humano como cualquier otra, y que tenía que ser explicada como un simple producto de la evolución”6. En otras palabras, Wellhausen y sus seguidores comenzaron por suponer que la Biblia era solo palabra del hombre, y en eso basaron sus razonamientos.
11 Allá en 1909 la obra de consulta judía The Jewish Encyclopedia señaló otros dos puntos débiles de la teoría de Wellhausen: “Los argumentos por los cuales Wellhausen casi se ha ganado por completo a todo el cuerpo de críticos contemporáneos de la Biblia se fundan en dos suposiciones: en primer lugar, que el ritual se complica a medida que la religión se desarrolla; en segundo lugar, que las fuentes más antiguas necesariamente tratan las etapas más primitivas del desarrollo ritual. La primera suposición va contra la prueba procedente de culturas primitivas, y la última no tiene apoyo de la prueba que viene de códigos rituales como los de la India”.
12 ¿Hay alguna manera de someter a prueba la alta crítica para ver si sus teorías son correctas o no? The Jewish Encyclopedia pasó a decir: “Los puntos de vista de Wellhausen se basan casi exclusivamente en análisis literal, y tendrán que ser complementados por un examen desde el punto de vista de la arqueología institucional”. A medida que pasaron los años, ¿tendió la arqueología a confirmar las teorías de Wellhausen? The New Encyclopædia Britannica contesta: “La crítica arqueológica ha tendido a comprobar que los detalles históricos típicos de hasta los períodos más antiguos [de la historia bíblica] son confiables, y a desestimar la teoría de que los relatos del Pentateuco [los registros históricos de los primeros libros de la Biblia] son simplemente el reflejo de un período muy posterior”.
13 En vista del débil apoyo con que cuenta la alta crítica, ¿por qué es tan popular entre los intelectuales de hoy? Porque les dice lo que quieren oír. Cierto erudito del siglo XIX explicó: “Personalmente acogí mejor este libro de Wellhausen que casi todos los demás; pues me pareció que al fin el problema apremiante de la historia del Antiguo Testamento se había resuelto en conformidad con el principio de la evolución humana, que me veo obligado a aplicar a la historia de toda religión”7. Está claro que la alta crítica concordaba con sus prejuicios de evolucionista. Y en realidad ambas teorías tienen un propósito similar. Tal como si se acepta la evolución no hay que creer en la existencia de un Creador, así el aceptar la alta crítica de Wellhausen significa no tener que creer que la Biblia fue inspirada por Dios.
14 En este siglo XX de tendencia racionalista, el suponer que la Biblia no es palabra de Dios, sino del hombre, les parece plausible a los intelectuales. A ellos se les hace mucho más fácil creer que las profecías se escribieron después del tiempo de su cumplimiento que aceptarlas como genuinas. Prefieren explicar como mitos, leyendas o cuentos populares los relatos bíblicos de milagros, más bien que considerar la posibilidad de que realmente sucedieran. Pero ese punto de vista manifiesta prejuicio y no da razón sólida para rechazar la veracidad de la Biblia. La alta crítica tiene fallos serios, y su ataque contra la Biblia no ha podido demostrar que la Biblia no sea la Palabra de Dios.
Capítulo 3 La falsa amiga de la Biblia-[Notas]
[Nota]
Se hicieron algunas traducciones a lenguajes vernáculos. Pero con frecuencia se produjeron como obra laboriosa en manuscritos muy adornados y, por supuesto, fuera del alcance de la gente común2.
[Comentario de la página 34]
Las principales iglesias protestantes han participado en un gran ataque intelectual contra la Biblia
[Fotografía de la página 26]
La historia de la cristiandad empezó realmente cuando Constantino legalizó el “cristianismo” de sus días
[Fotografía de la página 29]
Los papas Gregorio VII e Inocencio III fueron prominentes en el esfuerzo de la Iglesia Católica por evitar que la Biblia fuera puesta en el lenguaje común de la gente
[Ilustración de la página 33]
La escandalosa conducta de la cristiandad ha hecho que muchos duden de que en realidad la Biblia sea la Palabra de Dios
[Fotografía de la página 35]
Estos soldados rusos se inclinan ante una imagen religiosa antes de ir a matar a otros “cristianos” durante la I Guerra Mundial
Se hicieron algunas traducciones a lenguajes vernáculos. Pero con frecuencia se produjeron como obra laboriosa en manuscritos muy adornados y, por supuesto, fuera del alcance de la gente común2.
[Comentario de la página 34]
Las principales iglesias protestantes han participado en un gran ataque intelectual contra la Biblia
[Fotografía de la página 26]
La historia de la cristiandad empezó realmente cuando Constantino legalizó el “cristianismo” de sus días
[Fotografía de la página 29]
Los papas Gregorio VII e Inocencio III fueron prominentes en el esfuerzo de la Iglesia Católica por evitar que la Biblia fuera puesta en el lenguaje común de la gente
[Ilustración de la página 33]
La escandalosa conducta de la cristiandad ha hecho que muchos duden de que en realidad la Biblia sea la Palabra de Dios
[Fotografía de la página 35]
Estos soldados rusos se inclinan ante una imagen religiosa antes de ir a matar a otros “cristianos” durante la I Guerra Mundial
Capítulo 3 La falsa amiga de la Biblia
“Se hablará injuriosamente”
17 Sin embargo, el mayor obstáculo a la aceptación de la Biblia como la Palabra de Dios puede haber sido la conducta de la cristiandad. Ese sistema afirma que sigue la Biblia. Sin embargo, su conducta ha causado gran oprobio tanto a la Biblia como al mismísimo nombre de cristiano. Como predijo el apóstol Pedro, ‘se ha hablado injuriosamente’ del camino de la verdad. (2 Pedro 2:2.)
18 Por ejemplo, mientras la iglesia proscribía la traducción de la Biblia, el papa apoyaba enormes proyectos militares contra los musulmanes del Oriente Medio. A estas empresas bélicas se las llamó “santas” Cruzadas, pero no tenían nada de santas. La primera —llamada “la Cruzada del pueblo”— fue una muestra de lo que después vendría. Antes de partir de Europa, un ejército ingobernable, agitado por predicadores fanáticos, se volvió contra los judíos de Alemania y fue exterminándolos en un pueblo tras otro. ¿Por qué? El historiador Hans Eberhard Mayer dice: “El argumento de que los judíos merecían castigo por ser enemigos de Cristo fue solo una débil excusa para ocultar el verdadero motivo: la codicia”10.
19 En muchos países europeos la rebelión protestante del siglo XVI desalojó del poder al catolicismo romano. Un resultado de esto fue la Guerra de los Treinta Años (1618-1648)... “una de las guerras más terribles de la historia europea”, según The Universal History of the World. ¿Cuál fue la causa básica de esta guerra? “El odio del católico al protestante y del protestante al católico”11.
20 Para ese tiempo la cristiandad había empezado a extenderse a más allá de Europa y a llevar la civilización “cristiana” a otras partes de la Tierra. Aquella expansión militar se caracterizó por la crueldad y la codicia. En las Américas, en poco tiempo los conquistadores españoles destruyeron las civilizaciones indígenas de aquellas tierras. Un libro de historia dice: “Por lo general los gobernadores españoles destruyeron la civilización nativa sin introducir la europea. El afán de conseguir oro fue lo que principalmente los llevó al Nuevo Mundo”12.
21 De Europa también salieron hacia otros continentes misioneros protestantes. Uno de los resultados de su obra fue la promoción del colonialismo. Un punto de vista común hoy sobre el esfuerzo misional protestante es este: “En muchos casos la empresa misional se ha usado como justificación y pretexto para dominar a la gente. Es bien conocida la relación entre las misiones, la tecnología y el imperialismo”13.
22 La estrecha asociación entre las religiones de la cristiandad y el Estado ha continuado hasta nuestro día. Las dos guerras mundiales se pelearon principalmente entre naciones “cristianas”. Clérigos de ambos lados del conflicto instaron a sus jóvenes a pelear y tratar de matar al enemigo... que con frecuencia era de la misma religión. Como se señaló en el libro If the Churches Want World Peace (Si las iglesias desean paz mundial): “Ciertamente no honra a [las iglesias] el que el sistema bélico de hoy se haya desarrollado y haya causado los mayores estragos entre estados que sostienen la causa del cristianismo”14.
La Palabra de Dios sobrevive
23 Relatamos esta larga y lamentable historia de la cristiandad para que resalten dos puntos. Primero: esos sucesos cumplen profecías bíblicas. Se predijo que muchos supuestos cristianos causarían oprobio a la Biblia y al nombre del cristianismo, y el que eso haya sucedido muestra que la Biblia es verídica. Con todo, no debemos olvidar que la conducta de la cristiandad no representa el cristianismo bíblico.
24 Jesús mismo explicó cómo reconocer a los verdaderos cristianos: “En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí”. (Juan 13:35.) Dijo además: “Ellos no son parte del mundo, así como yo no soy parte del mundo”. (Juan 17:16.) Está claro que en estos dos aspectos la cristiandad no representa el cristianismo bíblico. Alega que es amiga de la Biblia, pero ha sido una amiga falsa.
25 El segundo punto es este: puesto que es obvio que la cristiandad en conjunto ha obrado tan en contra de los intereses de la Biblia, ciertamente es notable que ese libro haya sobrevivido hasta hoy y que todavía ejerza buena influencia en la vida de muchas personas. La Biblia ha sobrevivido a enconados intentos por impedir su traducción, a ataques de eruditos modernistas y al comportamiento anticristiano de su falsa amiga, la cristiandad. ¿Por qué? Porque no hay ninguna otra obra escrita como la Biblia. La Biblia no puede morir. Es la Palabra de Dios, y ella misma nos dice: “La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece firme para siempre”. (Isaías 40:8, Versión Popular.)
17 Sin embargo, el mayor obstáculo a la aceptación de la Biblia como la Palabra de Dios puede haber sido la conducta de la cristiandad. Ese sistema afirma que sigue la Biblia. Sin embargo, su conducta ha causado gran oprobio tanto a la Biblia como al mismísimo nombre de cristiano. Como predijo el apóstol Pedro, ‘se ha hablado injuriosamente’ del camino de la verdad. (2 Pedro 2:2.)
18 Por ejemplo, mientras la iglesia proscribía la traducción de la Biblia, el papa apoyaba enormes proyectos militares contra los musulmanes del Oriente Medio. A estas empresas bélicas se las llamó “santas” Cruzadas, pero no tenían nada de santas. La primera —llamada “la Cruzada del pueblo”— fue una muestra de lo que después vendría. Antes de partir de Europa, un ejército ingobernable, agitado por predicadores fanáticos, se volvió contra los judíos de Alemania y fue exterminándolos en un pueblo tras otro. ¿Por qué? El historiador Hans Eberhard Mayer dice: “El argumento de que los judíos merecían castigo por ser enemigos de Cristo fue solo una débil excusa para ocultar el verdadero motivo: la codicia”10.
19 En muchos países europeos la rebelión protestante del siglo XVI desalojó del poder al catolicismo romano. Un resultado de esto fue la Guerra de los Treinta Años (1618-1648)... “una de las guerras más terribles de la historia europea”, según The Universal History of the World. ¿Cuál fue la causa básica de esta guerra? “El odio del católico al protestante y del protestante al católico”11.
20 Para ese tiempo la cristiandad había empezado a extenderse a más allá de Europa y a llevar la civilización “cristiana” a otras partes de la Tierra. Aquella expansión militar se caracterizó por la crueldad y la codicia. En las Américas, en poco tiempo los conquistadores españoles destruyeron las civilizaciones indígenas de aquellas tierras. Un libro de historia dice: “Por lo general los gobernadores españoles destruyeron la civilización nativa sin introducir la europea. El afán de conseguir oro fue lo que principalmente los llevó al Nuevo Mundo”12.
21 De Europa también salieron hacia otros continentes misioneros protestantes. Uno de los resultados de su obra fue la promoción del colonialismo. Un punto de vista común hoy sobre el esfuerzo misional protestante es este: “En muchos casos la empresa misional se ha usado como justificación y pretexto para dominar a la gente. Es bien conocida la relación entre las misiones, la tecnología y el imperialismo”13.
22 La estrecha asociación entre las religiones de la cristiandad y el Estado ha continuado hasta nuestro día. Las dos guerras mundiales se pelearon principalmente entre naciones “cristianas”. Clérigos de ambos lados del conflicto instaron a sus jóvenes a pelear y tratar de matar al enemigo... que con frecuencia era de la misma religión. Como se señaló en el libro If the Churches Want World Peace (Si las iglesias desean paz mundial): “Ciertamente no honra a [las iglesias] el que el sistema bélico de hoy se haya desarrollado y haya causado los mayores estragos entre estados que sostienen la causa del cristianismo”14.
La Palabra de Dios sobrevive
23 Relatamos esta larga y lamentable historia de la cristiandad para que resalten dos puntos. Primero: esos sucesos cumplen profecías bíblicas. Se predijo que muchos supuestos cristianos causarían oprobio a la Biblia y al nombre del cristianismo, y el que eso haya sucedido muestra que la Biblia es verídica. Con todo, no debemos olvidar que la conducta de la cristiandad no representa el cristianismo bíblico.
24 Jesús mismo explicó cómo reconocer a los verdaderos cristianos: “En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí”. (Juan 13:35.) Dijo además: “Ellos no son parte del mundo, así como yo no soy parte del mundo”. (Juan 17:16.) Está claro que en estos dos aspectos la cristiandad no representa el cristianismo bíblico. Alega que es amiga de la Biblia, pero ha sido una amiga falsa.
25 El segundo punto es este: puesto que es obvio que la cristiandad en conjunto ha obrado tan en contra de los intereses de la Biblia, ciertamente es notable que ese libro haya sobrevivido hasta hoy y que todavía ejerza buena influencia en la vida de muchas personas. La Biblia ha sobrevivido a enconados intentos por impedir su traducción, a ataques de eruditos modernistas y al comportamiento anticristiano de su falsa amiga, la cristiandad. ¿Por qué? Porque no hay ninguna otra obra escrita como la Biblia. La Biblia no puede morir. Es la Palabra de Dios, y ella misma nos dice: “La hierba se seca y la flor se marchita, pero la palabra de nuestro Dios permanece firme para siempre”. (Isaías 40:8, Versión Popular.)
Capítulo 3 La falsa amiga de la Biblia
Los defensores de la Biblia
11 Felizmente, muchas personas sinceras rehusaron obedecer aquellos edictos. Pero era peligroso negarse a obedecerlos. Algunos sufrieron muchísimo por el “delito” de poseer una Biblia. Considere, por ejemplo, el caso de un español llamado Julián Hernández. Según History of Christian Martyrdom, de Foxe, Julián (o Juliano) “se dispuso a transportar de Alemania a su propio país una gran cantidad de Biblias, escondidas en toneles y marcadas como vino del Rin”. Alguien lo delató, y la Inquisición católica romana lo arrestó. En cuanto a los que habían de recibir las Biblias, “a todos los torturaron indiscriminadamente, y luego se sentenció a varios castigos a la mayoría. A Juliano lo quemaron, a veinte de ellos los asaron, a varios los condenaron a cadena perpetua, a otros los azotaron públicamente y a muchos los condenaron a galeras”8.
12 ¡Qué horrible abuso del poder! ¡Es obvio que aquellas autoridades religiosas no representaban el cristianismo bíblico! La Biblia misma reveló a quién pertenecían cuando dijo: “Los hijos de Dios y los hijos del Diablo se hacen evidentes por este hecho: Todo el que no se ocupa en la justicia no se origina de Dios, tampoco el que no ama a su hermano. Porque este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio, que debemos tener amor unos para con otros; no como Caín, que se originó del inicuo y degolló a su hermano”. (1 Juan 3:10-12.)
13 ¡Pero es notable que hombres y mujeres se arriesgaran a recibir trato tan cruel sólo para poseer una Biblia! Y ejemplos como esos se han multiplicado muchísimas veces desde entonces hasta nuestros días. La profunda devoción que la Biblia ha inspirado en ciertas personas, de modo que estuvieran dispuestas a sufrir pacientemente y someterse sin quejas a una muerte terrible sin levantarse contra sus torturadores, es prueba contundente de que la Biblia es la Palabra de Dios. (1 Pedro 2:21.)
14 Con el tiempo, después de la rebelión protestante contra el poder católico romano en el siglo XVI, la misma Iglesia Católica Romana se vio obligada a producir traducciones de la Biblia en las lenguas comunes de Europa. Pero aun entonces la Biblia se asoció más con el protestantismo que con el catolicismo. Como escribió el sacerdote católico romano Edward J. Ciuba: “Hay que reconocer honradamente que una de las consecuencias más trágicas de la Reforma protestante fue que los fieles católicos descuidaron la Biblia. Aunque nunca fue olvidada por completo, para la mayoría de ellos la Biblia era un libro cerrado”9.
La alta crítica
15 Pero las iglesias protestantes no están sin culpa en lo que respecta a oponerse a la Biblia. Con el transcurso de los años ciertos eruditos protestantes lanzaron otra clase de ataque contra la Biblia: un ataque intelectual. Durante los siglos XVIII y XIX desarrollaron un método de estudiar la Biblia conocido como la alta crítica. Sus exponentes enseñaban que gran parte de la Biblia se componía de leyenda y mito. Algunos hasta dijeron que Jesús nunca había existido. En vez de decir que la Biblia era la Palabra de Dios, aquellos eruditos protestantes decían que era la palabra del hombre, y, además, una palabra muy confusa.
16 Aunque ya no se creen las más extremas de aquellas ideas, en algunos seminarios todavía se enseña la alta crítica, y no es raro oír a clérigos protestantes negar en público la veracidad de grandes porciones de la Biblia. Así, en un periódico australiano se citaron las palabras de un clérigo anglicano que dijo que gran parte del contenido de la Biblia “sencillamente es incorrecto. Parte de la historia es incorrecta. Es obvio que algunos de los detalles han sido falsificados”. Esa manera de pensar es el resultado de la alta crítica.
11 Felizmente, muchas personas sinceras rehusaron obedecer aquellos edictos. Pero era peligroso negarse a obedecerlos. Algunos sufrieron muchísimo por el “delito” de poseer una Biblia. Considere, por ejemplo, el caso de un español llamado Julián Hernández. Según History of Christian Martyrdom, de Foxe, Julián (o Juliano) “se dispuso a transportar de Alemania a su propio país una gran cantidad de Biblias, escondidas en toneles y marcadas como vino del Rin”. Alguien lo delató, y la Inquisición católica romana lo arrestó. En cuanto a los que habían de recibir las Biblias, “a todos los torturaron indiscriminadamente, y luego se sentenció a varios castigos a la mayoría. A Juliano lo quemaron, a veinte de ellos los asaron, a varios los condenaron a cadena perpetua, a otros los azotaron públicamente y a muchos los condenaron a galeras”8.
12 ¡Qué horrible abuso del poder! ¡Es obvio que aquellas autoridades religiosas no representaban el cristianismo bíblico! La Biblia misma reveló a quién pertenecían cuando dijo: “Los hijos de Dios y los hijos del Diablo se hacen evidentes por este hecho: Todo el que no se ocupa en la justicia no se origina de Dios, tampoco el que no ama a su hermano. Porque este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio, que debemos tener amor unos para con otros; no como Caín, que se originó del inicuo y degolló a su hermano”. (1 Juan 3:10-12.)
13 ¡Pero es notable que hombres y mujeres se arriesgaran a recibir trato tan cruel sólo para poseer una Biblia! Y ejemplos como esos se han multiplicado muchísimas veces desde entonces hasta nuestros días. La profunda devoción que la Biblia ha inspirado en ciertas personas, de modo que estuvieran dispuestas a sufrir pacientemente y someterse sin quejas a una muerte terrible sin levantarse contra sus torturadores, es prueba contundente de que la Biblia es la Palabra de Dios. (1 Pedro 2:21.)
14 Con el tiempo, después de la rebelión protestante contra el poder católico romano en el siglo XVI, la misma Iglesia Católica Romana se vio obligada a producir traducciones de la Biblia en las lenguas comunes de Europa. Pero aun entonces la Biblia se asoció más con el protestantismo que con el catolicismo. Como escribió el sacerdote católico romano Edward J. Ciuba: “Hay que reconocer honradamente que una de las consecuencias más trágicas de la Reforma protestante fue que los fieles católicos descuidaron la Biblia. Aunque nunca fue olvidada por completo, para la mayoría de ellos la Biblia era un libro cerrado”9.
La alta crítica
15 Pero las iglesias protestantes no están sin culpa en lo que respecta a oponerse a la Biblia. Con el transcurso de los años ciertos eruditos protestantes lanzaron otra clase de ataque contra la Biblia: un ataque intelectual. Durante los siglos XVIII y XIX desarrollaron un método de estudiar la Biblia conocido como la alta crítica. Sus exponentes enseñaban que gran parte de la Biblia se componía de leyenda y mito. Algunos hasta dijeron que Jesús nunca había existido. En vez de decir que la Biblia era la Palabra de Dios, aquellos eruditos protestantes decían que era la palabra del hombre, y, además, una palabra muy confusa.
16 Aunque ya no se creen las más extremas de aquellas ideas, en algunos seminarios todavía se enseña la alta crítica, y no es raro oír a clérigos protestantes negar en público la veracidad de grandes porciones de la Biblia. Así, en un periódico australiano se citaron las palabras de un clérigo anglicano que dijo que gran parte del contenido de la Biblia “sencillamente es incorrecto. Parte de la historia es incorrecta. Es obvio que algunos de los detalles han sido falsificados”. Esa manera de pensar es el resultado de la alta crítica.
Capítulo 3 La falsa amiga de la Biblia
En este capítulo se considera la razón principal por la cual muchas personas de países no cristianos rehúsan aceptar la Biblia como la Palabra de Dios. Históricamente, la cristiandad ha alegado que cree en la Biblia y es su guardiana. Pero las organizaciones religiosas de la cristiandad han estado implicadas en algunos de los sucesos más espantosos de la historia, desde las Cruzadas y los pogromos de la Edad Media hasta el exterminio de millones de personas por los nazis en nuestros tiempos. Pero ¿es buena razón para rechazar la Biblia la conducta de la cristiandad? En realidad la cristiandad ha sido una falsa amiga de la Biblia. La lucha de la Biblia por sobrevivir no concluyó al surgir la cristiandad en el siglo IV E.C.
PARA el fin del primer siglo se habían escrito todos los libros de la Biblia. Desde entonces los cristianos llevaron la delantera en copiar y distribuir la Biblia ya completa. Al mismo tiempo, empezaron a traducirla en los idiomas más comunes de su día. Sin embargo, mientras la congregación cristiana efectuaba esta admirable obra, se iba formando algo que sería una verdadera amenaza para la supervivencia de la Biblia.
2 La Biblia misma había predicho que algo así ocurriría. En cierta ocasión Jesús dio una parábola acerca de un hombre que sembró en su campo semillas de trigo de buena calidad. Pero “mientras los hombres dormían”, un enemigo sembró semillas de mala hierba. Las dos clases de semillas brotaron, y por algún tiempo la mala hierba ocultó de la vista el trigo. Mediante esta parábola Jesús mostró que el fruto de su obra sería verdaderos cristianos, pero que después de su muerte se infiltrarían falsos cristianos en la congregación. Con el tiempo sería difícil distinguir entre los verdaderos cristianos y los falsos. (Mateo 13:24-30, 36-43.)
3 El apóstol Pedro advirtió claramente sobre el efecto que tendrían en lo que la gente pensaría del cristianismo y la Biblia esos “cristianos” asemejados a mala hierba. Dijo: “También habrá falsos maestros entre ustedes. Estos mismísimos introducirán calladamente sectas destructivas y repudiarán hasta al dueño que los compró, trayendo sobre sí mismos destrucción acelerada. Además, muchos seguirán los actos de conducta relajada de ellos y por causa de estos se hablará injuriosamente del camino de la verdad”. (2 Pedro 2:1, 2.)
4 Las profecías de Jesús y Pedro empezaron a cumplirse aun en el primer siglo. Hombres ambiciosos se introdujeron en la congregación cristiana y sembraron discordia. (2 Timoteo 2:16-18; 2 Pedro 2:21, 22; 3 Juan 9, 10.) Durante los dos siglos siguientes la pureza de la verdad bíblica fue corrompida por la filosofía griega, y muchos cometieron el error de aceptar doctrinas paganas como verdad bíblica.
5 En el siglo cuarto, Constantino el emperador romano hizo del “cristianismo” la religión oficial del Imperio Romano. Pero el “cristianismo” que él conocía distaba mucho de ser la religión que Jesús había predicado. En aquel tiempo florecía la “mala hierba”, tal como lo había predicho Jesús. No obstante, podemos estar seguros de que durante todo aquel tiempo había personas que representaban el cristianismo verdadero y se esforzaban por seguir la Biblia como la Palabra inspirada de Dios. (Mateo 28:19, 20.)
Oposición a la traducción de la Biblia
6 Fue en los días de Constantino cuando empezó a formarse la cristiandad como la conocemos hoy. Desde entonces la forma degenerada de cristianismo que se había arraigado dejó de ser sencillamente una organización religiosa. Formó parte del Estado, y los líderes religiosos desempeñaron un papel importante en la política. Con el tiempo la iglesia apóstata usó su poder político en completa oposición al cristianismo bíblico, y el resultado fue otra peligrosa amenaza para la Biblia. ¿Cómo?
7 Cuando el latín cesó de ser la lengua de uso cotidiano, se necesitaron nuevas traducciones de la Biblia. Pero la Iglesia Católica ya no favorecía esto. En 1079, Vratislav, quien más tarde llegó a ser rey de Bohemia, pidió permiso al papa Gregorio VII para traducir la Biblia al idioma de sus súbditos. El papa le negó el permiso. Declaró: “Para los que suelen reflexionar sobre ello queda claro que no ha sido sin razón que al Dios Todopoderoso le ha agradado que en ciertos lugares la Santa Escritura sea un secreto, no sea que, por ser obvia a todos los hombres, quizás la estimen poco y le falten al respeto; o pudiera ser que los de conocimiento mediocre la entendieran mal, lo cual llevaría al error”1.
8 El papa quería que la Biblia permaneciera en latín, entonces una lengua muerta. Su contenido permanecería “secreto”; la Biblia no se traduciría en los idiomas de la gente común. La Vulgata latina de Jerónimo, que se había preparado en el siglo V con el propósito de que todos tuvieran acceso a la Biblia, ahora se convirtió en un medio de mantenerla oculta.
9 Al adelantar la Edad Media la Iglesia se hizo cada vez más resuelta en su postura contra las Biblias en el lenguaje de la gente. En 1199 el papa Inocencio III escribió una carta tan severa al arzobispo de Metz, Alemania, que este quemó todas las Biblias que halló en alemán3. En 1229 el sínodo de Tolosa, Francia, decretó que “los legos” no podían poseer libros de la Biblia en la lengua común4. En 1233 un sínodo provincial de Tarragona, España, ordenó que se entregaran todos los libros del “Antiguo o el Nuevo Testamento” para ser quemados5. En 1407 el sínodo clerical convocado en Oxford, Inglaterra, por el arzobispo Thomas Arundel prohibió expresamente que la Biblia se tradujera al inglés o a cualquier otra lengua moderna6. En 1431, también en Inglaterra, el obispo Stafford, de Wells, vedó la traducción de la Biblia al inglés, o poseerla en ese idioma7.
10 Aquellas autoridades religiosas no trataban de destruir la Biblia. Querían fosilizarla, mantenerla en un idioma que solo unas cuantas personas pudieran leer. Así esperaban evitar lo que llamaban herejía, pero que en realidad equivalía a un desafío a su autoridad. Si hubieran tenido éxito, la Biblia se habría convertido sencillamente en un objeto de curiosidad intelectual que tuviera poca influencia, o ninguna, en la vida de la gente común.
PARA el fin del primer siglo se habían escrito todos los libros de la Biblia. Desde entonces los cristianos llevaron la delantera en copiar y distribuir la Biblia ya completa. Al mismo tiempo, empezaron a traducirla en los idiomas más comunes de su día. Sin embargo, mientras la congregación cristiana efectuaba esta admirable obra, se iba formando algo que sería una verdadera amenaza para la supervivencia de la Biblia.
2 La Biblia misma había predicho que algo así ocurriría. En cierta ocasión Jesús dio una parábola acerca de un hombre que sembró en su campo semillas de trigo de buena calidad. Pero “mientras los hombres dormían”, un enemigo sembró semillas de mala hierba. Las dos clases de semillas brotaron, y por algún tiempo la mala hierba ocultó de la vista el trigo. Mediante esta parábola Jesús mostró que el fruto de su obra sería verdaderos cristianos, pero que después de su muerte se infiltrarían falsos cristianos en la congregación. Con el tiempo sería difícil distinguir entre los verdaderos cristianos y los falsos. (Mateo 13:24-30, 36-43.)
3 El apóstol Pedro advirtió claramente sobre el efecto que tendrían en lo que la gente pensaría del cristianismo y la Biblia esos “cristianos” asemejados a mala hierba. Dijo: “También habrá falsos maestros entre ustedes. Estos mismísimos introducirán calladamente sectas destructivas y repudiarán hasta al dueño que los compró, trayendo sobre sí mismos destrucción acelerada. Además, muchos seguirán los actos de conducta relajada de ellos y por causa de estos se hablará injuriosamente del camino de la verdad”. (2 Pedro 2:1, 2.)
4 Las profecías de Jesús y Pedro empezaron a cumplirse aun en el primer siglo. Hombres ambiciosos se introdujeron en la congregación cristiana y sembraron discordia. (2 Timoteo 2:16-18; 2 Pedro 2:21, 22; 3 Juan 9, 10.) Durante los dos siglos siguientes la pureza de la verdad bíblica fue corrompida por la filosofía griega, y muchos cometieron el error de aceptar doctrinas paganas como verdad bíblica.
5 En el siglo cuarto, Constantino el emperador romano hizo del “cristianismo” la religión oficial del Imperio Romano. Pero el “cristianismo” que él conocía distaba mucho de ser la religión que Jesús había predicado. En aquel tiempo florecía la “mala hierba”, tal como lo había predicho Jesús. No obstante, podemos estar seguros de que durante todo aquel tiempo había personas que representaban el cristianismo verdadero y se esforzaban por seguir la Biblia como la Palabra inspirada de Dios. (Mateo 28:19, 20.)
Oposición a la traducción de la Biblia
6 Fue en los días de Constantino cuando empezó a formarse la cristiandad como la conocemos hoy. Desde entonces la forma degenerada de cristianismo que se había arraigado dejó de ser sencillamente una organización religiosa. Formó parte del Estado, y los líderes religiosos desempeñaron un papel importante en la política. Con el tiempo la iglesia apóstata usó su poder político en completa oposición al cristianismo bíblico, y el resultado fue otra peligrosa amenaza para la Biblia. ¿Cómo?
7 Cuando el latín cesó de ser la lengua de uso cotidiano, se necesitaron nuevas traducciones de la Biblia. Pero la Iglesia Católica ya no favorecía esto. En 1079, Vratislav, quien más tarde llegó a ser rey de Bohemia, pidió permiso al papa Gregorio VII para traducir la Biblia al idioma de sus súbditos. El papa le negó el permiso. Declaró: “Para los que suelen reflexionar sobre ello queda claro que no ha sido sin razón que al Dios Todopoderoso le ha agradado que en ciertos lugares la Santa Escritura sea un secreto, no sea que, por ser obvia a todos los hombres, quizás la estimen poco y le falten al respeto; o pudiera ser que los de conocimiento mediocre la entendieran mal, lo cual llevaría al error”1.
8 El papa quería que la Biblia permaneciera en latín, entonces una lengua muerta. Su contenido permanecería “secreto”; la Biblia no se traduciría en los idiomas de la gente común. La Vulgata latina de Jerónimo, que se había preparado en el siglo V con el propósito de que todos tuvieran acceso a la Biblia, ahora se convirtió en un medio de mantenerla oculta.
9 Al adelantar la Edad Media la Iglesia se hizo cada vez más resuelta en su postura contra las Biblias en el lenguaje de la gente. En 1199 el papa Inocencio III escribió una carta tan severa al arzobispo de Metz, Alemania, que este quemó todas las Biblias que halló en alemán3. En 1229 el sínodo de Tolosa, Francia, decretó que “los legos” no podían poseer libros de la Biblia en la lengua común4. En 1233 un sínodo provincial de Tarragona, España, ordenó que se entregaran todos los libros del “Antiguo o el Nuevo Testamento” para ser quemados5. En 1407 el sínodo clerical convocado en Oxford, Inglaterra, por el arzobispo Thomas Arundel prohibió expresamente que la Biblia se tradujera al inglés o a cualquier otra lengua moderna6. En 1431, también en Inglaterra, el obispo Stafford, de Wells, vedó la traducción de la Biblia al inglés, o poseerla en ese idioma7.
10 Aquellas autoridades religiosas no trataban de destruir la Biblia. Querían fosilizarla, mantenerla en un idioma que solo unas cuantas personas pudieran leer. Así esperaban evitar lo que llamaban herejía, pero que en realidad equivalía a un desafío a su autoridad. Si hubieran tenido éxito, la Biblia se habría convertido sencillamente en un objeto de curiosidad intelectual que tuviera poca influencia, o ninguna, en la vida de la gente común.
Capítulo 2 La lucha de la Biblia por vivir-[Notas]
[Recuadro de la página 19]
El bien establecido texto de la Biblia
Para saber lo bien establecido que está el texto de la Biblia, basta compararlo con otro conjunto de escritos de la antigüedad: la literatura clásica de Grecia y Roma. En realidad la mayor parte de esa literatura se escribió después de haberse completado las Escrituras Hebreas. No hay registro de intentos de genocidio contra los griegos ni los romanos, y sus escritos no se conservaron frente a persecución. Sin embargo, note estos comentarios del profesor F. F. Bruce:
“Para la Guerra de las Galias de César (obra compuesta entre 58 y 50 a.C.) hay varios mss. existentes, pero solo 9 ó 10 son buenos, y el más antiguo es de unos 900 años después de los días de César.
“De los 142 libros escritos por Livio sobre la historia romana (59 a.C.-17 d.C.), solo se conservan 35; los conocemos por no más de 20 mss. de alguna importancia, solo uno de los cuales —y ese con fragmentos de los libros III-VI— se remonta al siglo IV.
“De los 14 libros de las Historias de Tácito (c. 100 d.C.) solo sobreviven cuatro y medio; de los 16 libros de los Anales, sobreviven 10 libros completos y 2 en parte. El texto de las porciones existentes de sus dos grandes obras históricas depende enteramente de dos mss., uno del siglo IX y otro del siglo XI. [...]
“Conocemos la Historia de Tucídides (c. 460-400 a.C.) por ocho mss., de los cuales el más antiguo data de c. 900 d.C., y unos cuantos fragmentos de papiro, de más o menos el principio de la era cristiana.
“Lo mismo es cierto de la Historia de Heródoto (c. de 488-428 a.C.). Sin embargo, ningún humanista prestaría atención al argumento de que la autenticidad de Heródoto o Tucídides está en duda porque los mss. más antiguos de sus obras que podemos usar fueron escritos más de 1.300 años después de los originales” (The Books and the Parchments, [Los libros y los pergaminos], página 180).
Compare esto con el hecho de que hay miles de manuscritos de diversas partes de la Biblia. Y algunos manuscritos de las Escrituras Griegas Cristianas datan de menos de cien años desde el tiempo de su escritura original.
[Fotografía de la página 13]
Los hebreos eran una nación pequeña, siempre amenazada por naciones más fuertes. En esta escultura antigua se ve a hebreos llevados al cautiverio por los asirios
[Fotografía de la página 14]
Las Escrituras se copiaban a mano antes de la invención de la imprenta
[Fotografía de la página 16]
Nerón hizo que el ser cristiano fuera un delito castigable con pena de muerte
[Fotografía de la página 21]
Por el rollo de Isaías hallado en la vecindad del mar Muerto se probó que ese libro había permanecido inalterado por unos 1.000 años
[Fotografía de la página 23]
El emperador Diocleciano no pudo destruir la Biblia
El bien establecido texto de la Biblia
Para saber lo bien establecido que está el texto de la Biblia, basta compararlo con otro conjunto de escritos de la antigüedad: la literatura clásica de Grecia y Roma. En realidad la mayor parte de esa literatura se escribió después de haberse completado las Escrituras Hebreas. No hay registro de intentos de genocidio contra los griegos ni los romanos, y sus escritos no se conservaron frente a persecución. Sin embargo, note estos comentarios del profesor F. F. Bruce:
“Para la Guerra de las Galias de César (obra compuesta entre 58 y 50 a.C.) hay varios mss. existentes, pero solo 9 ó 10 son buenos, y el más antiguo es de unos 900 años después de los días de César.
“De los 142 libros escritos por Livio sobre la historia romana (59 a.C.-17 d.C.), solo se conservan 35; los conocemos por no más de 20 mss. de alguna importancia, solo uno de los cuales —y ese con fragmentos de los libros III-VI— se remonta al siglo IV.
“De los 14 libros de las Historias de Tácito (c. 100 d.C.) solo sobreviven cuatro y medio; de los 16 libros de los Anales, sobreviven 10 libros completos y 2 en parte. El texto de las porciones existentes de sus dos grandes obras históricas depende enteramente de dos mss., uno del siglo IX y otro del siglo XI. [...]
“Conocemos la Historia de Tucídides (c. 460-400 a.C.) por ocho mss., de los cuales el más antiguo data de c. 900 d.C., y unos cuantos fragmentos de papiro, de más o menos el principio de la era cristiana.
“Lo mismo es cierto de la Historia de Heródoto (c. de 488-428 a.C.). Sin embargo, ningún humanista prestaría atención al argumento de que la autenticidad de Heródoto o Tucídides está en duda porque los mss. más antiguos de sus obras que podemos usar fueron escritos más de 1.300 años después de los originales” (The Books and the Parchments, [Los libros y los pergaminos], página 180).
Compare esto con el hecho de que hay miles de manuscritos de diversas partes de la Biblia. Y algunos manuscritos de las Escrituras Griegas Cristianas datan de menos de cien años desde el tiempo de su escritura original.
[Fotografía de la página 13]
Los hebreos eran una nación pequeña, siempre amenazada por naciones más fuertes. En esta escultura antigua se ve a hebreos llevados al cautiverio por los asirios
[Fotografía de la página 14]
Las Escrituras se copiaban a mano antes de la invención de la imprenta
[Fotografía de la página 16]
Nerón hizo que el ser cristiano fuera un delito castigable con pena de muerte
[Fotografía de la página 21]
Por el rollo de Isaías hallado en la vecindad del mar Muerto se probó que ese libro había permanecido inalterado por unos 1.000 años
[Fotografía de la página 23]
El emperador Diocleciano no pudo destruir la Biblia
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