jueves, 2 de junio de 2011

Capítulo 5 El “Nuevo Testamento”... ¿historia, o mito?

Las pruebas documentales
11 En realidad, fuera de las pruebas que contiene la Biblia misma, las pruebas documentales para sucesos de la vida de Jesús y sus apóstoles son muy limitadas. Por supuesto, eso sería de esperarse, ya que en el primer siglo los cristianos eran un grupo relativamente pequeño que no se inmiscuía en la política. Pero las pruebas que vienen de la historia seglar sí concuerdan con lo que leemos en la Biblia.
12 Por ejemplo, después de una tremenda derrota militar de Herodes Antipas, Josefo, historiador judío, escribió lo siguiente en 93 E.C.: “Para algunos judíos la destrucción del ejército de Herodes pareció ser venganza divina, y ciertamente una venganza justa, por el trato que dio a Juan, apodado el Bautista. Porque Herodes le había dado muerte aunque era un hombre bueno y había exhortado a los judíos a llevar vidas justas, a practicar la justicia con sus compañeros y piedad hacia Dios”10. Así Josefo confirma el relato bíblico de que Juan el Bautizante fue un hombre justo que predicó arrepentimiento y que fue ejecutado por Herodes. (Mateo 3:1-12; 14:11.)
13 Josefo también menciona a Santiago, el medio hermano de Jesús, quien, según nos dice la Biblia, al principio no siguió a Jesús, pero después fue anciano prominente en Jerusalén. (Juan 7:3-5; Gálatas 1:18, 19.) Josefo documenta el arresto de Santiago así: “[El sumo sacerdote Anano] convocó a los jueces del Sanedrín y trajo ante ellos a un hombre llamado Santiago, el hermano de Jesús a quien llamaban el Cristo, y a otros”11. Al escribir estas palabras, Josefo también confirma que “Jesús a quien llamaban el Cristo” era una persona real, histórica.
14 Otros escritores del pasado también mencionan cosas de que hablan las Escrituras Griegas. Por ejemplo, los Evangelios nos dicen que muchas personas respondieron a la predicación de Jesús en Palestina. Cuando Poncio Pilato lo sentenció a muerte, los seguidores de Jesús quedaron confundidos y desalentados. Poco después estos mismos discípulos obraron denodadamente y llenaron a Jerusalén del mensaje de que su Señor había sido resucitado. En pocos años el cristianismo se había extendido por todo el Imperio Romano. (Mateo 4:25; 26:31; 27:24-26; Hechos 2:23, 24, 36; 5:28; 17:6.)
15 Testimonio de que esto fue realidad viene del historiador romano Tácito, quien no era amigo del cristianismo. Él escribió poco después del año 100 E.C., y menciona la cruel persecución de los cristianos por Nerón, y añade: “Cristo, el fundador del nombre, había sufrido la pena de muerte en el reinado de Tiberio, sentenciado por el procurador Poncio Pilato, y la perniciosa superstición se detuvo momentáneamente, pero surgió de nuevo, no solamente en Judea, donde comenzó aquella enfermedad, sino en la capital misma [Roma]”12.
16 En Hechos 18:2 el escritor bíblico menciona que “[el emperador romano] Claudio había ordenado que todos los judíos se fueran de Roma”. Suetonio, historiador romano del siglo segundo, también menciona esta expulsión. En su obra Claudio deificado, el historiador dice: “Puesto que los judíos constantemente causaban disturbios por instigación de Cresto, él [Claudio] los expulsó de Roma”13. Si Cresto aquí se refiere a Jesucristo, y si en Roma los sucesos siguieron el modelo de lo que pasó en otras ciudades, entonces los alborotos no fueron realmente por instigación de Cristo (es decir, los seguidores de Cristo). Más bien, fueron la reacción violenta de los judíos a la fiel predicación de los cristianos.
17 Justino Mártir, quien escribió a mediados del siglo segundo, dijo lo siguiente respecto a la muerte de Jesús: “Por las Actas de Poncio Pilato puedes determinar que estas cosas sucedieron”14. Además, según Justino Mártir estos mismos registros mencionaban los milagros de Jesús, de los cuales dice: “De las Actas de Poncio Pilato puedes aprender que Él hizo esas cosas”15. Es verdad que estas “Actas” o registros oficiales ya no existen. Pero es patente que existían en el siglo segundo, y Justino Mártir instó con confianza a sus lectores a comprobar con ellas la veracidad de lo que decía.

Las pruebas arqueológicas
18 Los descubrimientos arqueológicos también han ilustrado o confirmado lo que leemos en las Escrituras Griegas. Por ejemplo, en 1961 se halló el nombre de Poncio Pilato en una inscripción descubierta en las ruinas de un teatro romano en Cesarea16. Hasta el momento de este descubrimiento solo había habido prueba limitada —aparte de la Biblia misma— de la existencia de este gobernante romano.
19 En el Evangelio de Lucas leemos que Juan el Bautizante empezó su ministerio “cuando [...] Lisanias era gobernante de distrito de Abilene”. (Lucas 3:1.) Algunos dudaban de esa declaración porque Josefo mencionaba a un Lisanias que había gobernado en Abilene y había muerto en 34 a.E.C., mucho tiempo antes del nacimiento de Juan. Sin embargo, unos arqueólogos han descubierto en Abilene una inscripción que menciona a otro Lisanias que fue tetrarca (gobernante de distrito) durante el reinado de Tiberio, quien era el césar de Roma cuando Juan empezó su ministerio17. Bien pudiera ser este el Lisanias a quien se refirió Lucas.
20 En Hechos leemos que Pablo y Bernabé fueron enviados a efectuar obra misional en Chipre y allí conocieron a un procónsul llamado Sergio Paulo, “varón inteligente”. (Hechos 13:7.) A mediados del siglo XIX, en unas excavaciones en Chipre se descubrió una inscripción de 55 E.C. que menciona a este mismo hombre. De esto el arqueólogo G. Ernest Wright dice: “Es la única referencia que tenemos a este procónsul fuera de la Biblia, y es interesante que Lucas nos dé correctamente su nombre y título”18.
21 Cuando Pablo estuvo en Atenas dijo que había observado un altar con la dedicación: “A un Dios Desconocido”. (Hechos 17:23.) En partes del territorio del Imperio Romano se han descubierto altares dedicados en latín a dioses anónimos. Se halló uno en Pérgamo, con la inscripción escrita en griego, como habría sucedido en Atenas.
22 Después, estando Pablo en Éfeso, se enfrentó a la violenta oposición de unos plateros, cuyos ingresos provenían de hacer templetes e imágenes de la diosa Ártemis. Se llamaba a Éfeso “la guardiana del templo de la gran Ártemis”. (Hechos 19:35.) En conformidad con esto, varias figurillas de Ártemis hechas de arcilla y mármol se han descubierto en el lugar donde estaba la antigua Éfeso. Durante el siglo pasado se desenterraron los restos de un templo enorme.

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