jueves, 2 de junio de 2011

Capítulo 5 El “Nuevo Testamento”... ¿historia, o mito?

El sonido de la verdad
23 Por lo tanto, la historia y la arqueología ilustran, y hasta cierto grado confirman, los elementos históricos de las Escrituras Griegas. Sin embargo, de nuevo hay que decir que la prueba más firme de la veracidad de estos escritos está en los libros mismos. La lectura de ellos no deja la impresión de que sean mitos. Tienen el sonido de la verdad.
24 Para empezar, son muy francos. Piense en lo que se escribe sobre Pedro. Se detalla su embarazoso fracaso en cuanto a andar sobre el agua. Después Jesús dice a este apóstol tan respetado: “¡Ponte detrás de mí, Satanás!”. (Mateo 14:28-31; 16:23.) Además, Pedro, después de protestar vigorosamente que aunque los demás abandonen a Jesús él nunca lo haría, se queda dormido mientras se supone que vigile de noche, y luego niega tres veces al Señor. (Mateo 26:31-35, 37-45, 73-75.)
25 Pero no se exponen solo las debilidades de Pedro. En su franqueza, las Escrituras no ocultan la riña que hubo entre los apóstoles sobre quién era el mayor. (Mateo 18:1; Marcos 9:34; Lucas 22:24.) Tampoco omiten el hecho de que la madre de los apóstoles Santiago y Juan le pidió a Jesús que pusiera a sus hijos en los puestos más favorecidos de su Reino. (Mateo 20:20-23.) El “agudo estallido de cólera” entre Bernabé y Pablo también se documenta fielmente. (Hechos 15:36-39.)
26 Además debe notarse que el libro de Lucas nos dice que fueron “las mujeres, que habían venido con él desde Galilea”, quienes primero se enteraron de la resurrección de Jesús. Este es un detalle muy inusitado en la sociedad del primer siglo, dominada por los varones. De hecho, se escribe que lo que las mujeres decían les ‘pareció tonterías’ a los apóstoles. (Lucas 23:55–24:11.) Si la historia que aparece en las Escrituras Griegas no es verdadera, tiene que haber sido inventada. Pero ¿por qué inventaría nadie una historia que pintara de manera tan poco halagadora a personas tan respetadas? Estos detalles solo se habrían registrado si fueran verdad.
Jesús: persona de la vida real
27 Para muchos, el Jesús que describe la Biblia es imaginación idealista. Pero el historiador Michael Grant indica: “Si, como debemos, aplicamos al Nuevo Testamento el mismo criterio que debemos aplicar a otros escritos antiguos que contienen materia histórica, el rechazar la existencia de Jesús se nos haría tan imposible como rechazar un conjunto masivo de personajes paganos cuya historicidad nunca se pone en tela de juicio”19.
28 En la Biblia no solo se proyecta con claro tono de verdad la existencia de Jesús, sino también su personalidad. No es fácil inventar a un personaje extraordinario y luego presentar un cuadro consecuente de él por todo un libro. Es casi imposible que cuatro escritores diferentes escriban sobre el mismo personaje y pinten consecuentemente el mismo cuadro de él si esa persona nunca existió en realidad. El que sea obvio que el Jesús a quien describen los cuatro Evangelios es la misma persona convence de la veracidad de los Evangelios.
29 Michael Grant cita una pregunta muy apropiada: “¿Cómo se explica que, por toda tradición evangélica, sin excepción, se presente un cuadro notablemente perfilado de un joven atractivo que se mueve con libertad entre mujeres de toda clase, entre ellas algunas de reputación decididamente dudosa, sin que se vea en él sentimentalismo, anormalidad ni mojigatería, y, sin embargo, que mantenga en todo caso una sencilla integridad de carácter?”20. La única respuesta es que tal hombre realmente existió, y que obró tal como dice la Biblia.

Por qué no creen
30 Puesto que hay pruebas de peso para decir que las Escrituras Griegas son historia verdadera, ¿por qué dicen algunos que no lo son? ¿Qué hace que muchos, aunque digan que partes de ellas son genuinas, todavía rehúsen aceptar todo su contenido? La razón principal de eso es que la Biblia registra cosas que los intelectuales modernos no desean creer. Por ejemplo, dice que Jesús cumplió y pronunció profecías. También dice que ejecutó milagros y que después de su muerte fue resucitado.
31 En este siglo XX en que la gente es tan escéptica, tales sucesos son increíbles. Respecto a los milagros, el profesor Ezra P. Gould indica: “Hay un punto que algunos críticos creen que con justicia no pueden aceptar [...] el que sucedan milagros”21. Algunos aceptan que Jesús quizás haya efectuado curaciones, pero solo del tipo sicosomático, del ‘triunfo de la mente sobre la materia’. En cuanto a los otros milagros, la mayoría los explican como invenciones o como algo que en realidad pasó, pero que fue tergiversado por alguien.
32 Como ejemplo de esto, considere la ocasión en que Jesús alimentó a una muchedumbre de más de 5.000 personas con solo unos cuantos panes y dos pescados. (Mateo 14:14-22.) Heinrich Paulus, erudito del siglo XIX, sugirió que lo que en realidad pasó fue esto: Jesús y sus apóstoles se vieron rodeados de una enorme multitud que empezaba a tener hambre. Por eso, Jesús decidió dar un buen ejemplo para los ricos de la muchedumbre. Tomó el poco alimento que él y sus apóstoles tenían y lo compartió con la multitud. En poco tiempo otros que habían traído alimento siguieron su ejemplo y compartieron el suyo. Finalmente resultó que toda la multitud se alimentó22.
33 Pero si eso fue lo que en realidad sucedió, fue una prueba notable del poder de un buen ejemplo. ¿Por qué torcer tan interesante y significativo relato para que pareciera un milagro sobrenatural? Sí, todos esos esfuerzos por explicar los milagros como no milagrosos presentan más problemas de los que resuelven. Y todos se basan en una premisa falsa. Empiezan por suponer que los milagros son imposibles. Pero ¿por qué debería ser así?
34 Según las normas más razonables, tanto las Escrituras Hebreas como las Escrituras Griegas son historia verdadera, pero tanto unas como las otras contienen ejemplos de profecías y milagros. (Compárese con 2 Reyes 4:42-44.) ¿Qué hay si las profecías son genuinas? ¿Y qué si los milagros realmente acontecieron? Entonces Dios estuvo tras la escritura de la Biblia, y este libro es en realidad Su palabra, no la del hombre. En un capítulo posterior consideraremos la cuestión de las profecías, pero primero consideremos los milagros. ¿Es razonable creer, en este siglo XX, que en siglos anteriores hubo milagros?

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